Capítulo 21La ganancia de uno es daño del otro
Demades el ateniense condenó a un hombre de su ciudad que tenía por oficio vender los artículos necesarios para los entierros, bajo el pretexto de que pedía demasiada ganancia por ellos, y de que esa ganancia no podía obtenerla sino con la muerte de mucha gente. Este juicio parece estar mal fundado; puesto que no se obtiene ganancia alguna sino en detrimento de otro, y en ese caso habría que condenar toda clase de lucro. El comerciante sólo hace buenos negocios gracias al libertinaje de la juventud; el labrador gracias a la carestía del trigo; el arquitecto gracias a la ruina de las casas; los oficiales de la Justicia gracias a los pleitos y querellas de los hombres; el honor mismo y la práctica de los ministros de la religión se derivan de nuestra muerte y de nuestros vicios. Ningún médico se alegra de la salud ni siquiera de sus amigos, dice el antiguo cómico griego; ni soldado alguno de la paz de su ciudad: y así con todo lo demás. Y lo que es peor, si cada uno se sondea por dentro, descubrirá que nuestros deseos interiores en su mayor parte nacen y se alimentan a costa de los demás. Considerando esto, me ha venido a la imaginación que la naturaleza no se desmiente en ello de su régimen general: pues los físicos sostienen que el nacimiento, la nutrición y el aumento de cada cosa es la alteración y corrupción de otra.
Pues todo lo que cambia saliendo de sus límites, es al instante la muerte de aquello que antes fue.
Puedes enlazarlo, citarlo e imprimirlo para clase. Uso en clase y licencia →
