Capítulo 44Cómo a fray Corrado se apareció la Madre de Cristo, y san Juan Evangelista; y le dijeron, cuál de ellos soportó más dolor de la Pasión de Cristo
Al tiempo que moraban juntos en la Custodia de Ancona, en el convento de Forano, fray Corrado y fray Pedro arriba mencionado, que eran dos estrellas lucientes en la Provincia de la Marca, y dos hombres celestiales: porque entre ellos había tanto amor y tanta caridad que un mismo corazón y una misma alma parecía, se obligaron juntos en ellos dos a este pacto: que toda consolación, que la misericordia de Dios les hiciese, ellos se la debían revelar mutuamente el uno al otro en caridad. Firmado este pacto entre ellos, sucedió que un día estando fray Pedro en oración, y pensando devotísimamente en la Pasión de Cristo, y cómo la Madre de Cristo beatísima, y Juan Evangelista dilectísimo discípulo, y san Francisco estaban pintados al pie de la Cruz, por dolor mental crucificados con Cristo, le vino el deseo de saber, cuál de aquellos tres había tenido mayor dolor de la Pasión de Cristo, o la Madre, que lo había engendrado; o el Discípulo, que había dormido sobre su pecho; o san Francisco, que estaba con Cristo crucificado: y estando en este devoto pensamiento, se le apareció la Virgen María con san Juan Evangelista, y con san Francisco, vestidos de nobilísimos vestidos de gloria beata; pero ya san Francisco parecía vestido con más bella vestidura que san Juan.
Y estando Pedro todo espantado de esta visión, san Juan lo confortó, y le dijo: No temas, carísimo fraile, porque hemos venido a consolarte de tu duda. Sabe pues, que la Madre de Cristo y yo, sobre toda criatura nos dolimos de la Pasión de Cristo; pero después de nosotros, san Francisco tuvo mayor dolor que ningún otro: y por eso lo ves en tanta gloria. Y fray Pedro le preguntó: Santísimo Apóstol de Cristo, ¿por qué parece el vestido de san Francisco más bello que el tuyo? Responde san Juan: La causa es esta; porque, cuando él estaba en el mundo, él llevó encima vestidos más viles que yo. Y dichas estas palabras; san Juan dio a fray Pedro un vestido glorioso, que llevaba en la mano, y le dijo: Toma este vestido, que he traído para dártelo; y queriendo san Juan vestirlo de aquel vestido, y fray Pedro estupefacto cayó en tierra, y comenzó a gritar: fray Corrado, fray Corrado carísimo, socórreme pronto, ven a ver cosas maravillosas; y en estas santas palabras esta santa visión desapareció. Luego viniendo fray Corrado, le dijo todo por orden; y dieron gracias a Dios.
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