Capítulo 26De los pulgares
Tácito relata que entre ciertos reyes bárbaros, para contraer una obligación segura, su manera de proceder era unir estrechamente sus manos derechas una con otra y entrelazar los pulgares: y cuando a fuerza de apretarlos la sangre había subido hasta la punta, se los herían con alguna punta ligera, y luego se los chupaban mutuamente.
Los médicos dicen que los pulgares son los dedos maestros de la mano, y que su etimología latina viene de pollere. Los griegos lo llaman ἀντίχειρ, como quien dijera otra mano. Y parece que a veces los latinos lo toman también en este sentido, de mano entera:
Pero ni excitado con palabras halagüeñas, ni solicitado con suave dedo, se levanta.
En Roma era una señal de favor comprimir y bajar los pulgares:
Fautor vtroque tuum laudabit pollice ludum: y de desfavor levantarlos y volverlos hacia fuera:
Vuelto el pulgar del vulgo, matan a cualquiera popularmente.
Los romanos dispensaban de la guerra a quienes estaban heridos en el pulgar, como si ya no tuvieran el agarre de las armas lo bastante firme. Augusto confiscó los bienes a un caballero romano que por malicia había cortado los pulgares a dos de sus hijos pequeños para excusarlos de ir a los ejércitos: y antes que él, el Senado en tiempos de la guerra itálica había condenado a Cayo Vatieno a prisión perpetua y le había confiscado todos sus bienes por haberse cortado a sabiendas el pulgar de la mano izquierda para eximirse de aquella campaña.
Alguien, de quien no me acuerdo, habiendo ganado una batalla naval, hizo cortar los pulgares a sus enemigos vencidos para quitarles el medio de combatir y de tirar del remo. Los atenienses se los hicieron cortar a los eginetas para arrebatarles la preeminencia en el arte de la marina.
En Lacedemonia el maestro castigaba a los niños mordiéndoles el pulgar.
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