Capítulo 9Poesía, historia y construcción de tramas
Es, además, evidente por lo que se ha dicho, que no es función del poeta relatar lo que ha sucedido, sino lo que puede suceder, lo que es posible según la ley de la probabilidad o la necesidad. El poeta y el historiador no se diferencian por escribir en verso o en prosa. La obra de Heródoto podría ponerse en verso, y seguiría siendo una especie de historia, con metro no menos que sin él. La verdadera diferencia es que uno relata lo que ha sucedido, el otro lo que puede suceder.
La poesía, por tanto, es algo más filosófico y más elevado que la historia: pues la poesía tiende a expresar lo universal, la historia lo particular. Por lo universal entiendo cómo una persona de cierto tipo hablará o actuará en determinada ocasión, según la ley de la probabilidad o la necesidad; y es esta universalidad a la que apunta la poesía en los nombres que atribuye a los personajes. Lo particular es, por ejemplo, lo que Alcibíades hizo o sufrió.
En la comedia esto ya es evidente: aquí el poeta construye primero la trama siguiendo las líneas de la probabilidad, y luego inserta nombres característicos, a diferencia de los autores de sátiras personales que escriben sobre individuos particulares. Pero los trágicos todavía se atienen a nombres reales, siendo la razón que lo que es posible resulta creíble: lo que no ha sucedido no nos parece de inmediato que sea posible; pero lo que ha sucedido es manifiestamente posible, pues de otro modo no habría sucedido.
Aun así, hay incluso algunas tragedias en las que solo hay uno o dos nombres conocidos, siendo el resto ficticios. En otras, ninguno es conocido, como en el Anteo de Agatón, donde tanto los incidentes como los nombres son ficticios, y sin embargo no producen menos placer. No debemos, por tanto, aferrarnos a toda costa a las leyendas recibidas, que son los temas habituales de la tragedia. De hecho, sería absurdo intentarlo; pues incluso los temas que son conocidos solo lo son para unos pocos, y sin embargo dan placer a todos.
Claramente se sigue que el poeta o «hacedor» debe ser hacedor de tramas más que de versos; puesto que es poeta porque imita, y lo que imita son acciones. E incluso si da la casualidad de que tome un tema histórico, no es menos poeta; pues no hay razón para que algunos sucesos que realmente han ocurrido no se ajusten a la ley de lo probable y posible, y en virtud de esa cualidad en ellos él es su poeta o hacedor.
De todas las tramas y acciones, las episódicas son las peores. Llamo trama «episódica» aquella en la que los episodios o actos se suceden unos a otros sin secuencia probable o necesaria. Los malos poetas componen tales piezas por su propia culpa, los buenos poetas, para complacer a los actores; pues, como escriben piezas de exhibición para competición, estiran la trama más allá de su capacidad, y a menudo se ven forzados a romper la continuidad natural.
Pero además, la tragedia es una imitación no solo de una acción completa, sino de sucesos que inspiran temor o compasión. Tal efecto se produce mejor cuando los sucesos nos sorprenden; y el efecto se intensifica cuando, al mismo tiempo, se suceden como causa y efecto. El asombro trágico será entonces mayor que si ocurrieran por sí mismos o por accidente; pues incluso las coincidencias son más impactantes cuando tienen un aire de intención. Podemos poner como ejemplo la estatua de Mitis en Argos, que cayó sobre su asesino mientras este era espectador en un festival, y lo mató. Tales sucesos parecen no deberse al mero azar. Las tramas, por tanto, construidas sobre estos principios son necesariamente las mejores.
Puedes enlazarlo, citarlo e imprimirlo para clase. Uso en clase y licencia →
