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Capítulo 25Dificultades críticas y sus soluciones

Poética · Aristóteles · 7 min de lectura

Con respecto a las dificultades críticas y sus soluciones, el número y la naturaleza de las fuentes de las que pueden extraerse pueden exponerse así.

Siendo el poeta un imitador, como un pintor o cualquier otro artista, debe necesariamente imitar uno de tres objetos: las cosas tal como fueron o son, las cosas tal como se dice o se piensa que son, o las cosas tal como deben ser. El vehículo de expresión es el lenguaje, ya sean términos corrientes o, tal vez, palabras raras o metáforas. Hay también muchas modificaciones del lenguaje que concedemos a los poetas. Añádase a esto que el criterio de corrección no es el mismo en poesía y política, como tampoco lo es en poesía y cualquier otra arte.

Dentro de la poesía misma hay dos clases de faltas: las que tocan su esencia y las que son accidentales. Si un poeta ha elegido imitar algo pero lo ha imitado incorrectamente por falta de capacidad, el error es inherente a la poesía. Pero si el fallo se debe a una elección errónea, si ha representado un caballo lanzando hacia fuera ambas patas del mismo lado a la vez, o ha introducido inexactitudes técnicas en medicina, por ejemplo, o en cualquier otra arte, el error no es esencial a la poesía. Estos son los puntos de vista desde los cuales debemos considerar y responder a las objeciones planteadas por los críticos.

Primero, en cuanto a asuntos que conciernen al arte propio del poeta. Si describe lo imposible, es culpable de un error; pero el error puede justificarse si con ello se alcanza el fin del arte (siendo el fin el ya mencionado), es decir, si de este modo se hace más impactante el efecto de esta o de cualquier otra parte del poema. Un caso ilustrativo es la persecución de Héctor. Sin embargo, si el fin podría haberse alcanzado igual o mejor sin violar las reglas especiales del arte poético, el error no está justificado: pues toda clase de error debe evitarse, si es posible.

De nuevo, ¿toca el error lo esencial del arte poético o algún accidente de él? Por ejemplo, no saber que una cierva no tiene cuernos es un asunto menos grave que pintarla sin arte.

Además, si se objeta que la descripción no es fiel a la realidad, el poeta puede quizá responder: «Pero los objetos son como deben ser», tal como Sófocles dijo que dibujaba a los hombres como deben ser; Eurípides, como son. De este modo puede responderse a la objeción. Sin embargo, si la representación no es de ninguna de estas clases, el poeta puede responder: «Así dicen los hombres que es la cosa». Esto se aplica a los relatos sobre los dioses.

Bien puede ser que estas historias no sean superiores al hecho ni fieles al hecho: son, muy posiblemente, lo que Jenófanes dice de ellas. Pero, en todo caso, «esto es lo que se dice». De nuevo, una descripción puede no ser mejor que el hecho: «aun así, era el hecho», como en el pasaje sobre las armas: «Erguidas sobre sus regatones se alzaban las lanzas». Esta era la costumbre entonces, como ahora lo es entre los ilirios.

De nuevo, al examinar si lo que ha sido dicho o hecho por alguien es poéticamente correcto o no, no debemos fijarnos solo en el acto o dicho particular y preguntar si es poéticamente bueno o malo. Debemos considerar también quién lo dice o lo hace, a quién, cuándo, por qué medios o con qué fin; si, por ejemplo, es para asegurar un bien mayor o evitar un mal mayor.

Otras dificultades pueden resolverse mediante la debida atención al uso del lenguaje. Podemos notar una palabra rara, como en «ourēas men prōton», donde el poeta quizá emplea «ourēas» no en el sentido de mulas, sino de centinelas. Así también, de Dolón: «de aspecto poco favorable era ciertamente para mirar». No se quiere decir que su cuerpo estuviera mal formado, sino que su rostro era feo; pues los cretenses usan la palabra «eueides», «de aspecto favorable», para denotar un rostro hermoso. De nuevo, «zōroteron de keraie», «mezcla la bebida más viva», no significa «mézclala más fuerte», como para bebedores empedernidos, sino «mézclala más rápida».

A veces una expresión es metafórica, como «Ahora todos los dioses y los hombres dormían durante la noche», mientras que al mismo tiempo el poeta dice: «A menudo, en efecto, cuando volvía su mirada hacia la llanura troyana, se maravillaba del sonido de flautas y siringas». «Todos» se usa aquí metafóricamente por «muchos», siendo el todo una especie de muchos. Así en el verso «solo ella no tiene parte...», «oiē», «solo», es metafórico; pues lo más conocido puede llamarse lo único.

De nuevo, la solución puede depender del acento o la respiración. Así Hipias de Tasos resolvió las dificultades en los versos «didomen (didomen) de oi» y «to men ou (ou) katapythetai ombrō».

O también la cuestión puede resolverse mediante la puntuación, como en Empédocles: «De súbito se volvieron mortales cosas que antes habían aprendido a ser inmortales, y cosas no mezcladas antes se mezclaron».

O también mediante la ambigüedad de significado, como «parōchēken de pleō nyx», donde la palabra «pleō» es ambigua.

O mediante el uso del lenguaje. Así, cualquier bebida mezclada se llama «oinos», «vino». De ahí que se diga que Ganimedes «sirve el vino a Zeus», aunque los dioses no beben vino. Así también los trabajadores del hierro se llaman «chalkeas», o trabajadores del bronce. Esto, sin embargo, puede tomarse también como una metáfora.

De nuevo, cuando una palabra parece implicar alguna inconsistencia de significado, debemos considerar cuántos sentidos puede tener en el pasaje particular. Por ejemplo: «allí fue detenida la lanza de bronce», debemos preguntar de cuántas maneras podemos entender «siendo detenida allí». El verdadero modo de interpretación es precisamente lo opuesto de lo que menciona Glaucón. Los críticos, dice, saltan a ciertas conclusiones infundadas; emiten un juicio adverso y luego proceden a razonar sobre él; y, asumiendo que el poeta ha dicho lo que ellos piensan, encuentran falta si algo es inconsistente con su propia fantasía.

La cuestión sobre Icario ha sido tratada de este modo. Los críticos imaginan que era lacedemonio. Piensan que es extraño, por tanto, que Telémaco no se hubiera encontrado con él cuando fue a Lacedemonia. Pero el relato cefalenio puede ser quizá el verdadero. Alegan que Odiseo tomó esposa de entre ellos mismos, y que su padre era Icadio, no Icario. Es simplemente un error, entonces, lo que da plausibilidad a la objeción.

En general, lo imposible debe justificarse por referencia a los requisitos artísticos, o a la realidad superior, o a la opinión recibida. Con respecto a los requisitos del arte, una imposibilidad probable debe preferirse a una cosa improbable y sin embargo posible. De nuevo, puede ser imposible que haya hombres como los que pintó Zeuxis. «Sí», decimos, «pero lo imposible es la cosa superior; pues el tipo ideal debe superar la realidad». Para justificar lo irracional, apelamos a lo que comúnmente se dice que es.

Además de lo cual, instamos que lo irracional a veces no viola la razón; tal como «es probable que una cosa ocurra contrariamente a la probabilidad».

Cosas que suenan contradictorias deben examinarse por las mismas reglas que en la refutación dialéctica: si se quiere decir lo mismo, en la misma relación y en el mismo sentido. Debemos por tanto resolver la cuestión por referencia a lo que el poeta dice él mismo, o a lo que tácitamente asume una persona inteligente.

El elemento de lo irracional y, de modo similar, la depravación de carácter, son justamente censurados cuando no hay necesidad interna para introducirlos. Tal es el elemento irracional en la introducción de Egeo por Eurípides y la maldad de Menelao en el Orestes.

Así, hay cinco fuentes de las que se extraen las objeciones críticas. Las cosas son censuradas ya sea como imposibles, o irracionales, o moralmente perjudiciales, o contradictorias, o contrarias a la corrección artística. Las respuestas deben buscarse bajo los doce encabezados arriba mencionados.

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