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Capítulo 17Visualización y construcción del argumento

Poética · Aristóteles · 3 min de lectura

Al construir el argumento y desarrollarlo con la dicción apropiada, el poeta debe colocar la escena, en la medida de lo posible, ante sus ojos. De esta manera, viendo todo con la máxima viveza, como si fuera un espectador de la acción, descubrirá qué es lo que encaja con ella, y será muy poco probable que pase por alto incoherencias. La necesidad de tal regla queda demostrada por el defecto que se encontró en Carcino. Anfiarao estaba de camino desde el templo.

Este hecho escapó a la observación de quien no vio la situación. En el escenario, sin embargo, la obra fracasó, pues el público se sintió ofendido por el descuido.

Además, el poeta debe desarrollar su obra, en la medida de sus capacidades, con gestos apropiados; pues quienes sienten emoción son los más convincentes gracias a la simpatía natural con los personajes que representan; y quien está agitado se desespera, quien está enojado se enfurece, con la realidad más verosímil. De ahí que la poesía implique o bien un don natural afortunado o bien un rasgo de locura. En el primer caso, uno puede adoptar el molde de cualquier personaje; en el otro, es sacado de sí mismo.

En cuanto a la historia, ya sea que el poeta la tome ya hecha o la construya por sí mismo, debe primero trazar su esquema general, y luego completar los episodios y amplificar en detalle. El plan general puede ilustrarse con la Ifigenia. Una joven es sacrificada; desaparece misteriosamente de los ojos de quienes la sacrificaron; es transportada a otro país, donde la costumbre es ofrecer a todos los extranjeros a la diosa. A este ministerio es nombrada.

Tiempo después su propio hermano llega por casualidad. El hecho de que el oráculo por alguna razón le ordenara ir allí está fuera del plan general de la obra. El propósito, además, de su llegada está fuera de la acción propiamente dicha. Sin embargo, él llega, es capturado, y cuando está a punto de ser sacrificado, revela quién es. El modo de reconocimiento puede ser el de Eurípides o el de Poliido, en cuya obra exclama muy naturalmente: «Así que no solo mi hermana, sino también yo, estaba destinado a ser sacrificado»; y con esa observación se salva.

Después de esto, una vez dados los nombres, queda completar los episodios. Debemos ver que sean relevantes para la acción. En el caso de Orestes, por ejemplo, está la locura que llevó a su captura, y su liberación por medio del rito purificatorio. En el drama, los episodios son cortos, pero son estos los que dan extensión a la poesía épica. Así, la historia de la Odisea puede enunciarse brevemente. Cierto hombre está ausente de su hogar durante muchos años; es vigilado celosamente por Poseidón, y dejado desolado.

Mientras tanto su hogar está en una situación lamentable: los pretendientes están desperdiciando sus bienes y conspirando contra su hijo. Al final, sacudido por la tempestad, él mismo llega; da a conocerse a ciertas personas; ataca a los pretendientes con su propia mano, y él mismo se salva mientras los destruye. Esto es la esencia del argumento; el resto es episodio.

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