Capítulo 7Estructura y extensión de la trama
Establecidos estos principios, discutamos ahora la estructura adecuada de la trama, ya que esto es lo primero y más importante en la tragedia.
Ahora bien, según nuestra definición, la tragedia es una imitación de una acción que es completa, entera y de cierta magnitud; pues puede haber un todo al que le falte magnitud. Un todo es aquello que tiene un principio, un medio y un final. Un principio es aquello que por sí mismo no sigue necesariamente a nada por causalidad, pero después de lo cual algo naturalmente es o llega a ser. Un final, por el contrario, es aquello que por sí mismo sigue naturalmente a alguna otra cosa, ya sea por necesidad o como regla general, pero no tiene nada que lo siga.
Un medio es aquello que sigue a algo del mismo modo que alguna otra cosa lo sigue a él. Una trama bien construida, por tanto, no debe comenzar ni terminar al azar, sino ajustarse a estos principios.
Además, un objeto hermoso, ya sea un organismo vivo o cualquier todo compuesto de partes, no solo debe tener una disposición ordenada de las partes, sino que también debe ser de cierta magnitud; pues la belleza depende de la magnitud y el orden. Por eso un organismo animal muy pequeño no puede ser hermoso; pues su visión resulta confusa, al ser visto el objeto en un momento de tiempo casi imperceptible. Tampoco puede ser hermoso uno de tamaño enorme; pues como el ojo no puede abarcarlo todo de una vez, la unidad y el sentido del conjunto se pierden para el espectador; como por ejemplo si hubiera uno de mil millas de largo.
Así pues, del mismo modo que en el caso de los cuerpos animados y los organismos es necesaria cierta magnitud, y una magnitud que pueda ser fácilmente abarcada de una sola mirada; así también en la trama es necesaria cierta extensión, y una extensión que pueda ser fácilmente retenida por la memoria. El límite de la extensión en relación con el certamen dramático y la representación sensible no forma parte de la teoría artística. Pues si hubiera sido norma que cien tragedias compitieran juntas, la representación se habría regulado por la clepsidra, como en efecto nos dicen que se hacía antiguamente.
Pero el límite fijado por la naturaleza del drama mismo es este: cuanto mayor sea la extensión, más hermosa será la pieza en razón de su tamaño, siempre que el conjunto sea comprensible. Y para definir la cuestión de manera aproximada, podemos decir que la magnitud adecuada está comprendida dentro de tales límites, que la secuencia de acontecimientos, según la ley de la probabilidad o la necesidad, admita un cambio de la mala fortuna a la buena, o de la buena fortuna a la mala.
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