Capítulo 18Estructura y partes de la tragedia
Toda tragedia se divide en dos partes: el Nudo y el Desenlace. Los incidentes ajenos a la acción se combinan frecuentemente con una parte de la acción propiamente dicha para formar el Nudo; el resto es el Desenlace. Por Nudo entiendo todo lo que se extiende desde el comienzo de la acción hasta la parte que marca el punto de inflexión hacia la buena o la mala fortuna. El Desenlace es lo que se extiende desde el comienzo del cambio hasta el final.
Así, en el Linceo de Teodectes, el Nudo consiste en los incidentes presupuestos en el drama, el rapto del niño, y luego otra vez... El Desenlace se extiende desde la acusación de asesinato hasta el final.
Hay cuatro clases de tragedia: la Compleja, que depende enteramente de la Peripecia y el Reconocimiento; la Patética (donde el motivo es la pasión), como las tragedias sobre Áyax e Ixión; la Ética (donde los motivos son éticos), como las Ftiótides y el Peleo. La cuarta clase es la Simple <Aquí excluimos el elemento puramente espectacular>, ejemplificada por las Fórcides, el Prometeo y las escenas situadas en el Hades. El poeta debe esforzarse, si es posible, por combinar todos los elementos poéticos; o, si no puede, el mayor número y los más importantes; tanto más ante la crítica quisquillosa de hoy.
Pues mientras hasta ahora ha habido buenos poetas, cada uno en su propia rama, los críticos esperan ahora que un solo hombre supere a todos los demás en sus respectivas líneas de excelencia.
Al hablar de una tragedia como igual o diferente, la mejor prueba es la trama. Existe identidad cuando el Nudo y el Desenlace son los mismos. Muchos poetas atan bien el nudo, pero lo desatan mal. Sin embargo, ambas artes deben dominarse siempre.
Además, el poeta debe recordar lo que se ha dicho a menudo, y no hacer de una estructura épica una tragedia —por estructura épica entiendo una con multiplicidad de tramas—, como si, por ejemplo, hicieras una tragedia de la historia entera de la Ilíada. En el poema épico, debido a su extensión, cada parte asume su magnitud apropiada. En el drama el resultado está muy lejos de responder a la expectativa del poeta. La prueba es que los poetas que han dramatizado toda la historia de la caída de Troya, en lugar de seleccionar partes, como Eurípides; o que han tomado todo el relato de Níobe, y no una parte de su historia, como Esquilo, o fracasan por completo o encuentran poco éxito en el escenario.
Hasta Agatón ha fracasado por este único defecto. En sus Peripesias, sin embargo, muestra una habilidad maravillosa en el esfuerzo por satisfacer el gusto popular, por producir un efecto trágico que satisface el sentido moral. Este efecto se produce cuando el pícaro astuto, como Sísifo, es burlado, o el villano valiente es derrotado. Tal acontecimiento es probable en el sentido de la palabra según Agatón: «es probable», dice, «que muchas cosas ocurran contra lo probable».
El Coro también debe ser considerado como uno de los actores; debe ser parte integrante del conjunto y participar en la acción, a la manera no de Eurípides sino de Sófocles. En cuanto a los poetas posteriores, sus cantos corales tienen tan poca relación con el asunto de la obra como con el de cualquier otra tragedia. Por tanto, se cantan como meros interludios, práctica iniciada por primera vez por Agatón. Pero ¿qué diferencia hay entre introducir tales interludios corales y transferir un discurso, o incluso un acto entero, de una obra a otra?
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