Clasicalia
InicioEl rey LearParte 5
5 / 26

Parte 5Camino de casa de Regan

El rey Lear · William Shakespeare · 2 min de lectura

Acto IV

Patio ante el Palacio del Duque de Albany

(Entran Lear, Kent y el Bufón.)

LEAR.— Ve tú delante a Gloucester con estas cartas: no informes a mi hija de nada más de lo que sabes aparte de lo que ella pregunte a partir de la carta. Si tu diligencia no es rápida, llegaré allí antes que tú.

KENT.— No dormiré, señor, hasta haber entregado vuestra carta.

(Sale.)

EL BUFÓN.— Si los sesos de un hombre estuvieran en los talones, ¿no correrían peligro de sabañones?

LEAR.— Sí, muchacho.

EL BUFÓN.— Entonces te ruego que estés alegre; tu ingenio no irá en zapatillas.

LEAR.— ¡Ja, ja, ja!

EL BUFÓN.— Ya verás que tu otra hija te tratará con cariño, pues aunque se parece a esta como una manzana silvestre a una manzana, yo puedo decir lo que puedo decir.

LEAR.— ¿Qué puedes decir, muchacho?

EL BUFÓN.— Que sabrá igual que esta como una manzana silvestre a otra manzana silvestre. ¿Puedes decir por qué la nariz de uno está en medio de la cara?

LEAR.— No.

EL BUFÓN.— Pues para mantener los ojos uno a cada lado de la nariz, de modo que lo que un hombre no pueda oler, pueda espiarlo.

LEAR.— Le hice mal.

EL BUFÓN.— ¿Puedes decir cómo hace una ostra su concha?

LEAR.— No.

EL BUFÓN.— Yo tampoco; pero puedo decir por qué un caracol tiene casa.

LEAR.— ¿Por qué?

EL BUFÓN.— Pues para meter la cabeza dentro; no para regalársela a sus hijas y dejar sus cuernos sin estuche.

LEAR.— Olvidaré mi naturaleza. ¡Un padre tan bondadoso! ¿Están listos mis caballos?

EL BUFÓN.— Tus asnos han ido a por ellos. La razón de por qué las siete estrellas no son más que siete es una bonita razón.

LEAR.— ¿Porque no son ocho?

EL BUFÓN.— Sí, en efecto: serías un buen bufón.

LEAR.— ¡Recuperarlo por la fuerza! ¡Monstruosa ingratitud!

EL BUFÓN.— Si fueras mi bufón, tiíto, haría que te azotaran por hacerte viejo antes de tiempo.

LEAR.— ¿Cómo es eso?

EL BUFÓN.— No deberías haberte hecho viejo hasta haberte vuelto sabio.

LEAR.— ¡Oh, que no enloquezca, que no enloquezca, cielo santo! Mantenme en calma; ¡no querría enloquecer!

(Entra un Caballero.)

¿Qué hay? ¿Están listos los caballos?

UN CABALLERO.— Listos, señor.

LEAR.— Ven, muchacho.

EL BUFÓN.— La que ahora es doncella, y se ríe de mi partida, no será doncella mucho tiempo, a menos que corten las cosas más cortas.

(Salen.)

Puedes enlazarlo, citarlo e imprimirlo para clase. Uso en clase y licencia →

https://clasicalia.com/el-rey-lear/parte-5-camino-de-casa-de-regan/ · Clasicalia · texto íntegro y gratuito
Sobre «El rey Lear» →

Índice

Pulsa para ir a cualquier parte o capítulo.