Parte 3Goneril recorta el séquito
Acto IIII
Una habitación en el palacio del duque de Albany
(Entran Goneril y Oswaldo.)
GONERIL.— ¿Mi padre golpeó a mi gentilhombre por reprender a su bufón?
OSWALDO.— Sí, señora.
GONERIL.— De día y de noche me ofende; a cada hora estalla en un crimen grosero u otro que nos pone a todos en discordia; no lo soportaré más: sus caballeros se vuelven alborotadores, y él mismo nos reprocha cada nimiedad. Cuando vuelva de cazar, no hablaré con él; di que estoy enferma. Si le das un servicio más descuidado que antes, harás bien; yo responderé por la falta.
(Cuernos de caza dentro.)
OSWALDO.— Ya viene, señora; lo oigo.
GONERIL.— Muestra la negligencia hastiada que te plazca, tú y tus compañeros; quiero que esto llegue a cuestión: si le disgusta, que se vaya con nuestra hermana, cuyo pensamiento y el mío, lo sé, en eso son uno, sin dejarnos gobernar. Viejo ocioso, que todavía pretende manejar esas autoridades que ha regalado. Ahora, por mi vida, los viejos tontos vuelven a ser criaturas; y hay que tratarlos con freno tanto como con halagos, cuando se ve que abusan. Recuerda lo que he dicho.
OSWALDO.— Muy bien, señora.
GONERIL.— Y que sus caballeros reciban miradas más frías entre vosotros; lo que salga de ello, no importa; aconseja así a tus compañeros; quiero criar de aquí ocasiones, y las tendré, para poder hablar. Escribiré enseguida a mi hermana para que siga mi mismo curso. Prepara la cena.
(Salen.)
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