Parte 14Cornualles premia a Edmundo
Acto IIIV
Una habitación en el castillo de Gloucester
(Entran Cornualles y Edmundo.)
CORNUALLES.— Tendré mi venganza antes de abandonar su casa.
EDMUNDO.— Cómo pueda yo ser censurado, señor, porque la naturaleza ceda así ante la lealtad, es algo que me da cierto temor pensar.
CORNUALLES.— Ahora percibo que no fue del todo la perversa disposición de tu hermano lo que le llevó a buscar su muerte, sino un mérito provocador, puesto en marcha por una maldad reprensible en él mismo.
EDMUNDO.— ¡Qué maligna es mi fortuna, que debo arrepentirme de ser justo! Esta es la carta de la que habló, que le acredita como agente de espionaje al servicio de los intereses de Francia. ¡Oh, cielos! ¡Ojalá esta traición no existiera, o no fuera yo quien la descubre!
CORNUALLES.— Ven conmigo adonde la duquesa.
EDMUNDO.— Si el contenido de este papel es cierto, tenéis un asunto de enorme importancia entre manos.
CORNUALLES.— Verdadero o falso, te ha hecho conde de Gloucester. Averigua dónde está tu padre, para que esté listo cuando vayamos a prenderle.
(Aparte.)
EDMUNDO.— Si le encuentro confortando al rey, eso colmará aún más las sospechas. Perseveraré en mi camino de lealtad, aunque el conflicto sea doloroso entre eso y mi sangre.
CORNUALLES.— Depositaré mi confianza en ti, y hallarás en mi afecto un padre más querido.
(Salen.)
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