Parte 12La traición de Edmundo
Acto IIIIII
Una habitación en el castillo de Gloucester
(Entran Gloucester y Edmundo.)
GLOUCESTER.— Ay, ay, Edmundo, no me gusta nada este proceder antinatural. Cuando pedí su permiso para compadecerme de él, me quitaron el uso de mi propia casa; me ordenaron bajo pena de incurrir en su perpetuo desagrado que no hablara de él, no intercediera por él, ni le prestara auxilio de ninguna clase.
EDMUNDO.— ¡Qué salvaje y antinatural!
GLOUCESTER.— Vamos, vamos; no digas nada. Hay división entre los duques, y hay asunto peor que ése: esta noche he recibido una carta —es peligroso hablar de ello—; he guardado la carta bajo llave en mi gabinete: las injurias que ahora sufre el rey serán vengadas hasta el fondo; ya ha desembarcado parte de un ejército: debemos inclinarnos del lado del rey. Yo iré a buscarlo y lo socorreré en secreto: tú ve y mantén conversación con el duque, para que él no advierta mi caridad; si pregunta por mí, estoy enfermo y me he ido a la cama. Aunque muera por ello, como no menos se me ha amenazado, el rey mi viejo señor ha de ser socorrido. Se avecina algo extraño, Edmundo; te ruego que seas prudente.
(Sale.)
EDMUNDO.— Esta cortesía que te han prohibido la sabrá el duque al instante; y también lo de esa carta. Esto parece un buen mérito, y ha de atraerme lo que mi padre pierde, nada menos que todo: el joven se alza cuando el viejo cae.
(Sale.)
Puedes enlazarlo, citarlo e imprimirlo para clase. Uso en clase y licencia →
