Parte 25La batalla perdida
Acto VII
Un campo entre los dos campamentos
(Alarma dentro. Entran con tambor y estandartes Lear, Cordelia y sus)
tropas, y salen.
(Entran Edgar y Gloucester.)
EDGAR.— Aquí, padre, toma la sombra de este árbol como buen refugio; reza para que triunfe la justicia: si alguna vez vuelvo a ti, te traeré consuelo.
GLOUCESTER.— Que la gracia vaya con usted, señor.
(Sale Edgar.)
(Alarma y retirada dentro. Entra Edgar.)
EDGAR.— Vámonos, anciano, dame tu mano, ¡vámonos! El rey Lear ha perdido, él y su hija prisioneros: dame tu mano; ¡vamos!
GLOUCESTER.— No más lejos, señor; un hombre puede pudrirse incluso aquí.
EDGAR.— ¿Qué, otra vez en pensamientos funestos? Los hombres han de soportar su partida de aquí, igual que su llegada: la madurez lo es todo. Vamos.
GLOUCESTER.— Y eso también es verdad.
(Salen.)
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