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Discurso 12El yoga de la devoción

Bhagavad Gita · Vyasa · 2 min de lectura

Arjuna dijo:

Aquellos devotos que siempre en armonía te adoran, y aquellos también que adoran lo Indestructible, lo No Manifestado, ¿cuál de estos está más versado en yoga?

El Señor Bendito dijo:

Aquellos que con la mente fija en Mí, siempre en armonía me adoran, dotados de fe suprema, estos, en mi opinión, son los mejores en yoga.

Aquellos que adoran lo Indestructible, lo Inefable, lo no manifestado, Omnipresente e Impensable, lo Inmutable, Invariable, Eterno,

Refrenando y dominando los sentidos, considerando todo por igual, regocijándose en el bienestar de todos, estos también llegan a Mí.

La dificultad de aquellos cuyas mentes están puestas en lo No Manifestado es mayor; pues el camino de lo No Manifestado es difícil de alcanzar para quien está encarnado.

Aquellos verdaderamente que, renunciando a todas las acciones en Mí e identificados conmigo, me adoran meditando en Mí, con yoga de corazón entero,

A estos los levanto rápidamente del océano de la muerte y la existencia, oh Partha, al estar sus mentes fijas en Mí.

Coloca tu mente en mí, deja que tu Razón entre en Mí; entonces sin duda morarás en Mí de ahora en adelante.

Y si no eres capaz de fijar firmemente tu mente en Mí, entonces mediante el yoga de la práctica procura alcanzarme, oh Dhananjaya.

Si tampoco eres capaz de la práctica constante, dedícate a mi servicio; realizando acciones por mi causa, alcanzarás la perfección.

Si incluso para hacer esto no tienes fuerza, entonces, refugiándote en la unión conmigo, renuncia a todo fruto de la acción con el yo controlado.

Mejor en verdad es la sabiduría que la práctica constante; que la sabiduría, mejor es la meditación; que la meditación, la renuncia al fruto de la acción; tras la renuncia viene la paz.

Aquel que no guarda mala voluntad hacia ningún ser, amistoso y compasivo, sin apego ni egoísmo, equilibrado en placer y dolor, e indulgente,

Siempre contento, armonioso, con el yo controlado, resuelto, con mente y Razón dedicadas a Mí, él, mi devoto, me es querido.

Aquel de quien el mundo no se retrae, que no se retrae del mundo, liberado de las ansiedades de la alegría, la ira y el miedo, él me es querido.

Aquel que nada desea, es puro, experto, desapasionado, imperturbable, renunciando a toda empresa, él, mi devoto, me es querido.

Aquel que ni ama ni odia, ni se aflige, ni desea, renunciando al bien y al mal, lleno de devoción, él me es querido.

Igual ante enemigo y amigo, y también en fama e ignominia, igual en frío y calor, placeres y dolores, desprovisto de apego,

Tomando por igual elogio y reproche, silencioso, completamente contento con lo que viene, sin hogar, firme de mente, lleno de devoción, ese hombre me es querido.

Aquellos verdaderamente que comparten esta sabiduría vivificante tal como se enseña aquí, dotados de fe, siendo Yo su Objeto supremo, devotos, me son extraordinariamente queridos.

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