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Estampa 5El dar

El Profeta · Kahlil Gibran · 3 min de lectura

Entonces dijo un hombre rico: Háblanos del dar.

Y él respondió:

Das muy poco cuando das de tus posesiones.

Es cuando das de ti mismo que verdaderamente das.

Pues ¿qué son tus posesiones sino cosas que guardas y custodias por temor a necesitarlas mañana?

Y el mañana, ¿qué traerá el mañana al perro demasiado prudente que entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos hacia la ciudad sagrada?

¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma?

¿No es el pavor a la sed cuando tu pozo está lleno, la sed que es insaciable?

Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen, y lo dan buscando reconocimiento, y su deseo oculto vuelve nocivos sus regalos.

Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.

Estos son los que creen en la vida y en la abundancia de la vida, y su cofre nunca está vacío.

Hay quienes dan con alegría, y esa alegría es su recompensa.

Y hay quienes dan con dolor, y ese dolor es su bautismo.

Y hay quienes dan sin conocer el dolor al dar, ni buscan la alegría, ni dan con conciencia de virtud;

Dan como en aquel valle el mirto exhala su fragancia al espacio.

A través de las manos de estos habla Dios, y desde detrás de sus ojos Él sonríe a la tierra.

Está bien dar cuando te lo piden, pero es mejor dar sin que te lo pidan, por comprensión;

Y para el de mano abierta, la búsqueda de quien habrá de recibir es alegría mayor que el dar mismo.

¿Y hay algo que quisieras retener?

Todo lo que tienes algún día será dado;

Por tanto da ahora, para que la estación del dar sea tuya y no de tus herederos.

A menudo decís: «Daría, pero solo a quien lo merezca».

Los árboles de tu huerto no dicen lo mismo, ni los rebaños de tu prado.

Ellos dan para poder vivir, pues retener es perecer.

Ciertamente quien es digno de recibir sus días y sus noches, es digno de todo lo demás que provenga de ti.

Y quien ha merecido beber del océano de la vida merece llenar su copa de tu pequeño arroyo.

¿Y qué mérito mayor habrá que aquel que reside en el valor y la confianza, más aún, en la generosidad de recibir?

¿Y quién eres tú para que los hombres deban rasgarse el pecho y desvelar su orgullo, para que puedas ver su valía desnuda y su orgullo sin vergüenza?

Procura primero que tú mismo merezcas ser dador, e instrumento del dar.

Porque en verdad es la vida la que da a la vida, mientras que tú, que te crees dador, no eres sino un testigo.

Y vosotros los que recibís —y todos sois receptores— no asumáis peso alguno de gratitud, no sea que pongáis un yugo sobre vosotros mismos y sobre quien da.

Más bien elevaos junto con el dador sobre sus dones como sobre alas;

Porque estar demasiado pendiente de vuestra deuda es dudar de la generosidad de quien tiene por madre la tierra de corazón libre, y por padre a Dios.

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