Estampa 23La oración
Entonces una sacerdotisa dijo: Háblanos de la Plegaria.
Y él respondió diciendo:
Rezáis en vuestra angustia y en vuestra necesidad; ojalá pudierais rezar también en la plenitud de vuestra alegría y en vuestros días de abundancia.
Pues ¿qué es la plegaria sino la expansión de vosotros mismos hacia el éter viviente?
Y si es para vuestro consuelo verter vuestra oscuridad en el espacio, también es para vuestro deleite derramar el amanecer de vuestro corazón.
Y si no podéis evitar llorar cuando vuestra alma os convoca a la plegaria, ella debería espolearos una y otra vez, aunque lloréis, hasta que vengáis riendo.
Cuando rezáis os eleváis para encontraros en el aire con aquellos que están rezando en esa misma hora, y a quienes salvo en la plegaria no podéis encontrar.
Por tanto, que vuestra visita a ese templo invisible sea solo para el éxtasis y la dulce comunión.
Pues si entráis en el templo con el único propósito de pedir, no recibiréis:
Y si entráis en él para humillaros, no seréis elevados:
O incluso si entráis en él para suplicar por el bien de otros, no seréis escuchados.
Basta con que entréis en el templo invisible.
No puedo enseñaros a rezar con palabras.
Dios no escucha vuestras palabras salvo cuando Él mismo las pronuncia a través de vuestros labios.
Y no puedo enseñaros la plegaria de los mares y los bosques y las montañas.
Pero vosotros que habéis nacido de las montañas y los bosques y los mares podéis encontrar su plegaria en vuestro corazón,
Y si tan solo escucháis en la quietud de la noche los oiréis decir en silencio:
«Dios nuestro, que eres nuestro yo alado, es tu voluntad en nosotros la que quiere.
Es tu deseo en nosotros el que desea.
Es tu impulso en nosotros el que convertiría nuestras noches, que son tuyas, en días que también son tuyos.
No podemos pedirte nada, pues conoces nuestras necesidades antes de que nazcan en nosotros:
Tú eres nuestra necesidad; y al darnos más de ti mismo nos das todo».
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