Estampa 14La libertad
Y un orador dijo: Háblanos de la Libertad.
Y él respondió:
A la puerta de la ciudad y junto a vuestros hogares os he visto postraros y adorar vuestra propia libertad,
igual que los esclavos se humillan ante un tirano y lo alaban aunque los mate.
Sí, en la arboleda del templo y a la sombra de la ciudadela he visto a los más libres entre vosotros llevar su libertad como un yugo y unas esposas.
Y mi corazón sangró dentro de mí; porque solo podéis ser libres cuando incluso el deseo de buscar la libertad se convierte en un arnés para vosotros, y cuando dejáis de hablar de la libertad como una meta y una realización.
Seréis libres de verdad cuando vuestros días no estén sin preocupaciones ni vuestras noches sin una necesidad y un dolor,
sino cuando estas cosas ciñan vuestra vida y sin embargo os elevéis por encima de ellas desnudos y sin ataduras.
¿Y cómo os elevaréis más allá de vuestros días y noches si no rompéis las cadenas que vosotros, en el alba de vuestro entendimiento, habéis sujetado alrededor de vuestra hora del mediodía?
En verdad, aquello que llamáis libertad es la más fuerte de estas cadenas, aunque sus eslabones brillen al sol y deslumbren vuestros ojos.
¿Y qué es sino fragmentos de vuestro propio ser lo que queréis descartar para volveros libres?
Si es una ley injusta la que queréis abolir, esa ley fue escrita por vuestra propia mano sobre vuestra propia frente.
No podéis borrarla quemando vuestros libros de leyes ni lavando las frentes de vuestros jueces, aunque vertáis el mar sobre ellos.
Y si es un déspota al que queréis destronar, ved primero que su trono erigido dentro de vosotros sea destruido.
Porque ¿cómo puede un tirano gobernar a los libres y orgullosos, sino por una tiranía en su propia libertad y una vergüenza en su propio orgullo?
Y si es una preocupación la que queréis eliminar, esa preocupación ha sido elegida por vosotros más que impuesta sobre vosotros.
Y si es un miedo el que queréis disipar, la sede de ese miedo está en vuestro corazón y no en la mano del temido.
En verdad, todas las cosas se mueven dentro de vuestro ser en constante medio abrazo: lo deseado y lo temido, lo repugnante y lo apreciado, lo perseguido y aquello de lo que queréis escapar.
Estas cosas se mueven dentro de vosotros como luces y sombras en parejas que se aferran.
Y cuando la sombra se desvanece y ya no existe, la luz que permanece se convierte en sombra para otra luz.
Y así vuestra libertad, cuando pierde sus cadenas, se convierte ella misma en la cadena de una libertad mayor.
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