Estampa 24El placer
Entonces un ermitaño, que visitaba la ciudad una vez al año, se adelantó y dijo: Háblanos del placer.
Y él respondió, diciendo:
El placer es un canto de libertad,
pero no es la libertad.
Es el florecer de vuestros deseos,
pero no es su fruto.
Es una profundidad que llama a una altura,
pero no es lo profundo ni lo alto.
Es el enjaulado que alza el vuelo,
pero no es el espacio abarcado.
Sí, en verdad, el placer es un canto de libertad.
Y yo quisiera que lo cantarais con plenitud de corazón; mas no quisiera que perdierais vuestros corazones en el canto.
Algunos de vuestros jóvenes buscan el placer como si fuera todo, y son juzgados y reprendidos.
Yo no los juzgaría ni los reprendería. Yo querría que buscaran.
Porque hallarán el placer, pero no solo a él;
siete son sus hermanas, y la menor de ellas es más hermosa que el placer.
¿No habéis oído del hombre que cavaba en la tierra buscando raíces y encontró un tesoro?
Y algunos de vuestros ancianos recuerdan los placeres con pesar como si fueran faltas cometidas en estado de embriaguez.
Pero el pesar es el nublamiento de la mente y no su castigo.
Deberían recordar sus placeres con gratitud, como recordarían la cosecha de un verano.
Mas si les consuela lamentarse, que se consuelen.
Y hay entre vosotros quienes no son ni jóvenes para buscar ni viejos para recordar;
y en su miedo a buscar y recordar rehúyen todos los placeres, no sea que descuiden el espíritu u ofendan contra él.
Pero incluso en su renuncia está su placer.
Y así ellos también encuentran un tesoro aunque caven en busca de raíces con manos temblorosas.
Pero decidme, ¿quién es aquel que puede ofender al espíritu?
¿Acaso el ruiseñor ofende la quietud de la noche, o la luciérnaga a las estrellas?
¿Y acaso vuestra llama o vuestro humo agobian al viento?
¿Pensáis que el espíritu es un estanque quieto que podéis turbar con un bastón?
A menudo, al negaros el placer, no hacéis sino guardar el deseo en los rincones de vuestro ser.
¿Quién sabe si lo que parece omitido hoy aguarda para mañana?
Incluso vuestro cuerpo conoce su herencia y su necesidad legítima y no se dejará engañar.
Y vuestro cuerpo es el arpa de vuestra alma,
y está en vuestras manos arrancarle música dulce o sonidos confusos.
Y ahora preguntáis en vuestro corazón: «¿Cómo distinguiremos lo que es bueno en el placer de lo que no es bueno?».
Id a vuestros campos y vuestros jardines, y aprenderéis que es el placer de la abeja recoger la miel de la flor,
pero también es el placer de la flor entregar su miel a la abeja.
Porque para la abeja una flor es una fuente de vida,
y para la flor una abeja es un mensajero de amor,
y para ambos, abeja y flor, el dar y el recibir placer es una necesidad y un éxtasis.
Pueblo de Orfalese, sed en vuestros placeres como las flores y las abejas.
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