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Capítulo 8El tiempo, bien despreciado

Sobre la brevedad de la vida · Séneca · 2 min de lectura

Suelo sorprenderme cuando veo a algunos pidiendo tiempo y a quienes se lo piden muy dispuestos a concederlo; ambos consideran aquello para lo que se pide el tiempo, pero ninguno de los dos considera el tiempo en sí mismo: como si no se pidiera nada, como si no se diera nada. Se juega con lo más valioso de todo; pero los engaña porque es algo inmaterial, porque no se presenta ante los ojos y por eso se valora como algo muy vil, o mejor dicho, casi no tiene precio alguno.

Los hombres reciben con gran aprecio gratificaciones y subsidios anuales y por ellos arriendan su esfuerzo, su trabajo o su dedicación: nadie valora el tiempo; lo usan con gran amplitud como si fuera gratuito. Pero mira a esos mismos cuando están enfermos, si el peligro de muerte se les acerca más, tocando las rodillas de los médicos, si temen la pena capital, dispuestos a gastar todo lo que tienen con tal de vivir. ¡Tan grande es la contradicción de sentimientos que hay en ellos!

Pero si se pudiera mostrar, como se muestra el número de años pasados de cada uno, también el de los futuros, ¡cómo temblarían los que vieran que les quedan pocos, cómo los ahorrarían! Y sin embargo, es fácil administrar lo que es seguro, aunque sea muy poco; lo que debe conservarse con más cuidado es aquello de lo que no sabes cuándo va a faltar.

Y no es que pienses que ellos ignoran cuán valiosa es esta cosa: suelen decir a aquellos a quienes más aman que están dispuestos a darles parte de sus años: y los dan sin darse cuenta; pero los dan de tal modo que se los quitan a sí mismos sin aumentárselos a aquellos. Pero esto mismo, si se los quitan, no lo saben; por eso les resulta soportable la pérdida de un daño oculto.

Nadie te devolverá los años, nadie te entregará de nuevo a ti mismo. La vida seguirá por donde empezó y no revocará ni detendrá su curso; no hará ningún ruido, no te advertirá de su velocidad: transcurrirá en silencio. No se prolongará por orden del rey ni por el favor del pueblo: tal como fue lanzada desde el primer día, correrá, no se desviará a ningún sitio, no se detendrá en ninguna parte. ¿Qué ocurrirá? Tú estás ocupado, la vida se apresura; mientras tanto la muerte estará presente, para la cual, quieras o no quieras, tendrás que estar disponible.

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