Capítulo 10Solo el pasado nos pertenece
1 Si quisiera dividir en partes y argumentos lo que he propuesto, se me ocurrirían muchas razones para demostrar que la vida de los ocupados es brevísima. Fabiano solía decir —no uno de esos filósofos de cátedra, sino de los verdaderos y antiguos—: «Contra las pasiones hay que luchar con ímpetu, no con sutilezas, y hay que desviar su línea de ataque con una carga frontal, no con pequeñas heridas». No aprobaba las cavilaciones: «Deben ser aplastadas, no meramente pinchadas». Sin embargo, para echarles en cara su error, hay que instruirlos, no solo lamentarse por ellos.
2 La vida se divide en tres tiempos: el que fue, el que es, el que será. De estos, el que vivimos es breve, el que viviremos es incierto, el que hemos vivido es seguro. Este es, en efecto, sobre el que la fortuna ha perdido su poder, el que no puede ser devuelto al arbitrio de nadie.
3 Esto es lo que pierden los ocupados; porque no tienen tiempo para mirar hacia atrás, y si lo tuvieran, resulta desagradable el recuerdo de algo de lo que hay que arrepentirse. Así pues, de mala gana vuelven su ánimo hacia los tiempos mal empleados y no se atreven a revisarlos, porque sus defectos, incluso los que se deslizaban con algún engañoso atractivo de placer presente, se hacen evidentes al repasarlos. Nadie, excepto aquel cuyos actos han estado todos bajo su propia censura, que nunca se equivoca, se vuelve gustosamente hacia el pasado.
4 Aquel que ha deseado muchas cosas con ambición, desdeñado con soberbia, vencido sin control, engañado con astucia, arrebatado con avaricia, malgastado con prodigalidad, necesariamente debe temer su memoria. Y sin embargo esta es la parte de nuestro tiempo sagrada y consagrada, que ha superado todos los azares humanos, sustraída del reino de la fortuna, a la que no agita ni la penuria, ni el miedo, ni el asalto de las enfermedades; esta no puede ser perturbada ni arrebatada; su posesión es perpetua e intrépida. Solo los días individuales, y estos momento a momento, están presentes; pero todos los del tiempo pasado, cuando lo ordenes, estarán ahí, se dejarán examinar y retener a tu voluntad, algo que los ocupados no tienen tiempo de hacer.
5 Es propio de una mente segura y tranquila recorrer todas las partes de su vida; las mentes de los ocupados, como si estuvieran bajo un yugo, no pueden doblarse y mirar atrás. Se va, pues, su vida al abismo; y como de nada sirve, por más que eches, si no hay debajo algo que lo recoja y lo conserve, así tampoco importa cuánto tiempo se dé, si no hay donde se asiente: se filtra a través de almas agujereadas y perforadas.
6 El tiempo presente es brevísimo, tanto que a algunos les parece que no existe; pues siempre está en movimiento, fluye y se precipita; deja de existir antes de llegar, y no admite demora más que el universo o los astros, cuya agitación incesante nunca permanece en el mismo sitio. Por tanto, a los ocupados solo les pertenece el tiempo presente, que es tan breve que no puede ser atrapado, e incluso ese les es sustraído al estar divididos entre tantas cosas.
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