Capítulo 14Solo los sabios viven de verdad
Solo entre todos están ociosos quienes se dedican a la sabiduría, solo ellos viven; pues no solo cuidan bien su propio tiempo: añaden al suyo todas las épocas; todo cuanto se vivió en los años anteriores a ellos es ganancia suya. A menos que seamos muy desagradecidos, aquellos ilustrísimos fundadores de doctrinas sagradas nacieron para nosotros, para nosotros prepararon la vida. Somos conducidos por el trabajo ajeno hacia las cosas más hermosas, sacadas de las tinieblas a la luz; no se nos prohíbe ningún siglo, se nos admite en todos y, si nos place salir por la grandeza de ánimo de los estrechos límites de la debilidad humana, hay mucho tiempo por el que pasear.
Es posible discutir con Sócrates, dudar con Carnéades, descansar con Epicuro, vencer la naturaleza humana con los estoicos, sobrepasarla con los cínicos. Puesto que la naturaleza de las cosas nos permite adentrarnos en comunión con toda época, ¿por qué no nos entregamos con toda el alma desde este exiguo y efímero paso del tiempo hacia aquellas cosas que son inmensas, que son eternas, que compartimos con los mejores?
Esos que andan de un lado a otro cumpliendo deberes, que se inquietan a sí mismos y a los demás, cuando han enloquecido bastante, cuando han recorrido cada día todos los umbrales y no han pasado de largo ninguna puerta abierta, cuando han llevado por las casas más diversas su saludo mercenario, ¿a cuántos podrán ver en una ciudad tan inmensa y distraída por tan variadas ambiciones?
¡Cuántos habrá cuyo sueño o lujo o inhumanidad los aparte! ¡Cuántos que, después de haberlos torturado largo rato, pasarán de largo con fingida prisa! ¡Cuántos evitarán salir por el atrio repleto de clientes y huirán por los pasillos oscuros de la casa, como si no fuera más inhumano engañar que excluir! ¡Cuántos, medio dormidos y pesados por la borrachera de ayer, devolverán a aquellos miserables que interrumpen su propio sueño para esperar el ajeno, apenas levantando los labios, el nombre murmurado mil veces con un bostezo soberbísimo!
Debemos considerar que se ocupan en verdaderos deberes a quienes quieren tener como los más íntimos a Zenón, a Pitágoras y a Demócrito cada día, y a los demás maestros de las buenas artes, a Aristóteles y a Teofrasto. Ninguno de ellos dejará de tener tiempo, ninguno dejará ir al que viene a él sin hacerlo más feliz y más amante de sí mismo, ninguno permitirá que alguien se aleje de él con las manos vacías; pueden ser visitados de noche y de día por todos los mortales.
Puedes enlazarlo, citarlo e imprimirlo para clase. Uso en clase y licencia →
