Capítulo 6La ambición precoz de Druso
1 Livio Druso, hombre enérgico y vehemente, cuando había promovido leyes nuevas y los males de los Graco rodeado de una enorme muchedumbre de toda Italia, sin prever el desenlace de aquellos asuntos que no le estaba permitido llevar adelante ni ya era libre de abandonar una vez iniciados, maldiciendo su vida agitada desde el principio, se dice que afirmó: que solo a él ni siquiera de niño le habían tocado nunca vacaciones. Pues se atrevió, siendo todavía pupilo y con la toga pretexta, a recomendar acusados a los jueces e interponer su influencia en el foro tan eficazmente, por cierto, que consta que algunos juicios fueron arrebatados por él. 2 ¿Adónde no iba a estallar una ambición tan prematura? Habrías sabido que una audacia tan precoz desembocaría en un mal enorme, privado y público. Tarde, pues, se quejaba de que no le habían tocado vacaciones desde niño quien fue sedicioso y pesado para el foro. Se discute si se quitó la vida él mismo; pues de repente, tras recibir una herida en la ingle, se desplomó, dudando algunos si su muerte fue voluntaria, ninguno si fue oportuna. 3 Es superfluo recordar a muchos más que, aunque parecían a los demás sumamente felices, ellos mismos dieron sobre sí el testimonio verdadero de que aborrecían toda la trayectoria de sus años; pero con estas quejas ni cambiaron a otros ni a sí mismos: pues cuando las palabras estallaron, los sentimientos recayeron en la costumbre. 4 Vuestra vida, por Hércules, aunque se extienda más allá de mil años, se contraerá a un espacio estrechísimo: esos vicios devorarán cualquier siglo; pero este espacio, que aunque corre por naturaleza la razón lo dilata, es necesario que se os escape rápidamente; pues no lo agarráis ni lo retenéis ni hacéis que se retrase la más veloz de todas las cosas, sino que lo dejáis marchar como algo superfluo y recuperable.
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