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Libro XV

Las metamorfosis · Ovidio · 45 min de lectura

Parte1versos 1-100

Se busca mientras tanto quién pueda sostener el peso de tanta carga y quién pueda suceder a tan grande rey: la fama, anunciadora de la verdad, destina al poder al ilustre Numa; pero él no se conforma con conocer los ritos de la gente sabina, en su ánimo capaz concibe cosas más grandes y busca entender cuál es la naturaleza de las cosas. Este amor por el conocimiento, dejando atrás su patria y Cures, lo llevó a penetrar en la ciudad del hospedero descendiente de Hércules.

Quién fue el fundador que levantó murallas griegas en costas itálicas, así uno de los ancianos le respondió, cuando preguntaba, uno que conocía bien los tiempos antiguos de los nativos: "Se cuenta que el rico en bueyes ibéricos, nacido de Júpiter desde el Océano, llegó con feliz travesía a las costas lacíneas, y mientras el ganado vagaba por las tiernas hierbas, él mismo entró en la casa, en los techos hospitalarios del gran Crotón, y alivió con el descanso su largo trabajo, y así al marcharse dijo: 'En la edad de los nietos este lugar será ciudad,' y las promesas fueron verdaderas.

Pues hubo uno llamado Miscelo, nacido del argólico Alemón, el más grato a los dioses de aquella época. A este, inclinándose sobre él mientras dormía profundamente, el portador de la clava le habla: 'Vamos, deja tu patria, ve, busca las pedregosas corrientes del remoto Ésaro!' Y si no obedece, le amenaza con muchas y temibles cosas; después se marchan juntos el sueño y el dios. Se levanta el hijo de Alemón y en silencio recuerda en su mente lo recién visto, y su juicio lucha largamente consigo mismo: el dios ordena partir, las leyes prohíben irse, y la pena de muerte está puesta para quien quiera cambiar de patria.

El brillante Sol había ocultado su resplandeciente cabeza en el Océano, y la densísima Noche había alzado su cabeza estrellada: pareció que el mismo dios volvía a presentarse y advertir lo mismo, y si no obedece, amenazar con cosas más numerosas y graves. Se asustó y al mismo tiempo se preparaba para trasladar los penates paternos a nuevas sedes: se hace un murmullo en la ciudad, y es llevado a juicio como reo por despreciar las leyes, y cuando terminó la causa previa, y el crimen quedó probado sin testigo, el acusado, desaliñado, alzando rostro y manos hacia los dioses de arriba, 'oh tú a quien doce trabajos te dieron el derecho al cielo, da auxilio, te lo ruego' dijo, 'pues tú fuiste el autor de mi crimen.' Era costumbre antigua con guijarros blancos y negros condenar con estos a los reos, con aquellos absolverlos de culpa; entonces también así fue pronunciada la triste sentencia, y cada guijarro negro es depositado en la urna implacable: pero cuando esta, volcada, derramó los guijarros para ser contados, el color de todos había cambiado de negro a blanco, y la sentencia, vuelta blanca por el poder de Hércules, absolvió al hijo de Alemón: este da gracias al padre Anfitrionida, y con vientos favorables navega el mar Jonio, pasa junto a Nereto salentino y Síbaris y el lacedemonio Tarento y los golfos de Sirinos y Crimisa y los campos yápigos, y apenas recorridas las tierras que miran al mar, encuentra la boca predestinada del río Ésaro, y no lejos de aquí un túmulo, bajo el cual la tierra cubría los sagrados huesos de Crotón, y allí en esa tierra, según le fue ordenado, fundó murallas y tomó el nombre del enterrado para la ciudad.' Así constaba por cierta tradición que estos fueron los orígenes del lugar y de la ciudad fundada en tierras itálicas.

Hubo aquí un hombre de origen samio, pero había huido a la vez de Samos y de sus señores, y por odio a la tiranía era exiliado voluntario, y aunque los dioses estaban remotos en la región del cielo, con la mente los alcanzó, y lo que la naturaleza negaba a las miradas humanas, lo bebió con los ojos del corazón, y cuando con el ánimo y el cuidado vigilante todo lo examinó, lo entregaba en público para que fuera aprendido, y a reuniones de gente silenciosa enseñaba las palabras que admiraban sobre los orígenes del gran mundo y las causas de las cosas, y qué es la naturaleza, qué es dios, de dónde las nieves, cuál es el origen del rayo, si es Júpiter o los vientos los que truenan al romper la nube, qué sacude las tierras, con qué ley se mueven los astros, y todo lo que está oculto, y el primero criticó que los animales fueran servidos en las mesas, el primero también abrió su boca sabia con estas palabras, pero no creídas tampoco: 'Absteneos, mortales, de contaminar con manjares nefandos vuestros cuerpos!

Hay cereales, hay frutos que hacen doblar las ramas con su propio peso, y uvas hinchadas en las vides, hay hierbas dulces, hay las que pueden ablandarse y suavizarse con la llama; ni os es arrebatado el licor lácteo ni las mieles que huelen a flor de tomillo: pródiga, la tierra ofrece riquezas y alimentos suaves y proporciona banquetes sin matanza ni sangre. Las fieras sacian sus ayunos con carne, pero no todas: pues el caballo y las ovejas y los rebaños viven de hierba; pero aquellos cuya naturaleza es indómita y feroz, los tigres de Armenia y los iracundos leones y junto con los lobos los osos, gozan de manjares con sangre.

¡Ay, qué crimen es encerrar vísceras en vísceras y engordar el cuerpo ávido ingiriendo otro cuerpo y que un ser viviente viva de la muerte de otro ser viviente! ¿Acaso entre tantas riquezas que, la mejor de las madres, la tierra produce, nada te complace sino morder tristes heridas con diente salvaje y repetir los ritos de los Cíclopes, y no puedes aplacar los ayunos de tu vientre voraz y mal habituado si no has destruido a otro? Pero aquella edad antigua, a la que dimos el nombre de dorada, fue afortunada con los frutos de los árboles y las hierbas que la tierra cría, y no contaminó sus bocas con sangre. Entonces las aves movieron sus plumas seguras por el aire, y la liebre vagó sin miedo por los campos,

Parte2versos 101-200

ni su credulidad había colgado al pez del anzuelo: todo estaba sin trampas y sin temer ningún engaño y lleno de paz. Después que un fundador no útil envidiando las comidas, quienquiera que fuese, hundió en su vientre ávido los manjares corporales de los leones, abrió camino al crimen, y primero por la matanza de las fieras pudo calentarse el hierro manchado con sangre (y eso hubiera bastado), y los cuerpos que buscan nuestra muerte confesamos que enviados a la muerte salvamos nuestra piedad: pero tanto como debían ser entregados a la muerte, no debían ser comidos.

De ahí el crimen fue más lejos, y se considera que la primera víctima fue el cerdo que mereció morir, porque con el hocico desenterró las semillas y cortó la esperanza del año; la cabra que mordió la vid es llevada a los altares de Baco vengador para ser sacrificada: ¡su culpa dañó a ambos! ¿Qué merecisteis las ovejas, rebaño plácido nacido para cuidar de los hombres, que lleváis néctar en la ubre llena, que nos dais suaves vestidos con vuestras lanas y ayudáis más con vuestra vida que con vuestra muerte?

¿Qué merecieron los bueyes, animal sin fraude ni engaños, inocente, simple, nacido para soportar trabajos? Es olvidadizo en verdad y no digno del don de los frutos quien pudo, apenas quitado el peso del corvo arado, sacrificar a su labrador, quien golpeó con el hacha el cuello de aquel que, gastado por el trabajo, con el que tantas veces había renovado el duro campo, cuantas cosechas había dado. Ni basta que tal crimen se cometa: a los propios dioses inscribieron en el crimen y creen que el poder supremo se alegra con la matanza del buey trabajador.

Una víctima sin mancha y de forma excelentísima (pues haber complacido la daña) señalada con cintas y oro se coloca ante los altares y oye sin saberlo al que reza y ve que se ponen entre los cuernos de su frente los cereales que cultivó, y golpeada tiñe con sangre los cuchillos que tal vez vio antes en el agua clara. Al instante arrancan las fibras del pecho viviente, las examinan y escudriñan en ellas las mentes de los dioses; luego (tan grande es el hambre de alimentos prohibidos en el hombre) ¿os atrevéis a comer, oh raza mortal?

Lo cual, os ruego, no hagáis, y prestad atención a mis consejos! Y cuando deis a vuestro paladar los miembros de bueyes sacrificados, sabed y sentid que masticáis a vuestros labradores. Y puesto que un dios mueve mi boca, seguiré la boca que mueve al dios en rito debido, y revelaré Delfos, mi Delfos, y el mismo éter, y abriré los oráculos de mi mente augusta: cosas grandes no investigadas por los ingenios de los antiguos y que por largo tiempo estuvieron ocultas, cantaré; me place ir por los altos astros, me place dejadas las tierras y la sede inerte ser llevado en la nube y apoyarme en los hombros del fuerte Atlante despreciar a lo lejos a los temblorosos y temerosos de la muerte y así exhortarlos y desenrollar la cadena del destino!

'Oh raza atónita por el miedo a la helada muerte, ¿por qué teméis la Estigia, por qué las tinieblas y los nombres vacíos, materia de poetas, espantajos de un mundo falso? Los cuerpos, ya sea que la pira con su llama o la vejez con su podredumbre los hayan llevado, no creáis que pueden sufrir mal alguno! Las almas carecen de muerte y siempre, dejada la morada anterior, viven en nuevas casas y habitan acogidas: yo mismo (pues lo recuerdo) en tiempos de la guerra de Troya era Euforbo, hijo de Panto, a quien una vez en el pecho se clavó de frente la pesada lanza del menor de los Atridas; reconocí el escudo, insignia de mi izquierda, hace poco en el templo de Juno en Argos de Abante!

Todo se transforma, nada perece: el espíritu vaga y desde allí viene aquí, de aquí hacia allá, y ocupa cualquier miembro y pasa de las fieras a cuerpos humanos y el nuestro a las fieras, y no se pierde jamás en el tiempo, y como la cera dúctil se marca con nuevas figuras y no permanece como era ni guarda la misma forma, pero sin embargo es la misma, así enseño que el alma es siempre la misma pero migra a figuras diversas. Así pues, para que la piedad no sea vencida por el deseo del vientre, absteneos, lo profetizo, de expulsar con matanza nefanda a las almas emparentadas, y que la sangre no se alimente de sangre!

'Y ya que me lleva un mar inmenso y he desplegado las velas llenas de vientos: nada hay en todo el orbe que permanezca. Todo fluye, y toda imagen errante se forma; el tiempo mismo se desliza con movimiento continuo, no de otro modo que un río; pues ni el río puede detenerse ni la hora ligera: sino que como ola es empujada por ola y la anterior es urgida por la que viene y urge a la anterior, así los tiempos huyen a la par y a la par siguen y son siempre nuevos; pues lo que fue antes quedó atrás, y se hace lo que no había sido, y todos los instantes se renuevan.

'Ves también cómo las noches cumplidas tienden hacia la luz, y este resplandor brillante sucede a la noche negra; ni es el mismo el color del cielo, cuando exhaustas por el reposo todas las cosas yacen a medianoche y cuando Lucifer sale luminoso en su caballo blanco y de nuevo otro, cuando precursora de la luz la hija de Palante tiñe el orbe que debe entregarse a Febo. El mismo escudo del dios, cuando se alza desde la tierra profunda, enrojece por la mañana, y enrojece la tierra cuando se hunde en lo profundo, es blanco en lo alto, porque allí la naturaleza del éter es mejor y huye lejos del contagio de la tierra.

Ni puede la forma de Diana nocturna ser nunca igual o la misma, y siempre la de hoy respecto a la siguiente, si crece, es menor, mayor si contrae su disco. '¿Qué? ¿No ves que el año pasa por cuatro aspectos, cumpliendo imitaciones de nuestra edad?

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Pues tierno y lácteo y muy semejante a la edad infantil es en la primavera nueva: entonces la hierba reciente y carente de fuerza se hincha y es blanda y deleita con esperanza a los campesinos; todo entonces florece, y con los colores de las flores el campo nutricio juguetea, y aún no hay vigor alguno en las frondas. Pasa al verano tras la primavera el año más robusto y se hace joven vigoroso: pues no hay edad más robusta ni más fecunda, ni ninguna que arda más.

Viene el otoño, depuesto el fervor de la juventud, maduro y suave entre el joven y el viejo, templado en medio, salpicado también de canas en las sienes. Luego viene el invierno senil, horroroso con paso trémulo, o despojado de sus cabellos, o blancos los que tiene. 'También nuestros propios cuerpos se transforman siempre y sin reposo alguno, y no seremos mañana lo que fuimos o somos; hubo aquel día en que solo como semillas y primeras esperanzas de hombres nos ocultamos en el vientre de la madre: la naturaleza aplicó sus manos artífices y no quiso que los cuerpos ocultos en las vísceras de la madre distendida se angustiaran y los envió de su morada a los aires vacíos.

Sacado a la luz yació sin fuerzas el infante; pronto cuadrúpedo llevó sus miembros al modo de las fieras, y poco a poco tembloroso y aún no firme de rodillas se puso de pie ayudado por algún esfuerzo de los nervios. Luego fue fuerte y veloz y atravesó el espacio de la juventud y transcurridos también los años del tiempo medio se desliza por el camino en declive de la vejez que cae. Esta socava y demuele la robustez de la edad anterior: y llora Milón anciano, cuando contempla vacíos aquellos brazos que habían sido por la masa de músculos sólidos semejantes a los de Hércules, colgando flácidos; llora también, cuando ve en el espejo las arrugas seniles, la Tindaride y se pregunta consigo por qué fue raptada dos veces.

Tiempo devorador de las cosas, y tú, envidiosa vejez, todo lo destruís y corrompido por los dientes del tiempo poco a poco lo consumís todo con lenta muerte! 'Tampoco persisten estas cosas que llamamos elementos, y qué cambios cumplen, prestad atención: os lo enseñaré. Cuatro cuerpos generadores contiene el mundo eterno; de ellos dos son pesados y por su propio peso hacia lo inferior, tierra y agua, son llevados, y otros tantos carecen de gravedad y sin nada que los oprima buscan lo alto, el aire y el fuego más puro que el aire.

Aunque disten en el espacio, sin embargo todo se hace de ellos mismos y en ellos mismos cae: y la tierra disuelta se enrarece en aguas líquidas, adelgazada en aires y brisas se va el humor, y quitado también el peso a su vez el aire tenuísimo salta hacia los fuegos superiores; luego vuelven atrás, y el mismo orden se desteje. Pues el fuego espesado pasa a denso aire, este a aguas, la tierra se coagula apretada del agua. 'Ni su aspecto permanece para cada cual, y la naturaleza renovadora de unas a otras repara las figuras: ni perece nada en todo el mundo, creedme, sino que varía y renueva su rostro, y nacer se llama comenzar a ser otra cosa que lo que fue antes, y morir cesar de ser lo mismo.

Aunque aquellas cosas vayan quizá hacia aquí, estas trasladadas hacia allá, sin embargo el conjunto permanece constante. 'Nada en verdad creería yo que dure mucho bajo la misma imagen: así habéis llegado a la edad de hierro desde el oro, así tantas veces se ha invertido la fortuna de los lugares. Yo he visto lo que había sido una vez tierra solidísima ser estrecho, he visto tierras hechas del mar; y lejos del piélago yacieron conchas marinas, y un ancla vieja fue hallada en las cumbres de los montes; y lo que fue llanura, el descenso de las aguas lo hizo valle, y el monte fue llevado por la inundación al mar, y de pantanosa la tierra se reseca en arenas secas, y las que soportaron sed, se humedecen estancadas en pantanos.

Aquí la naturaleza emitió fuentes nuevas, pero allí las cerró, y o conmovido el orbe por terremotos desde lo profundo los ríos saltan, o desecados retroceden. Así cuando el Lico es bebido por una grieta de la tierra, surge lejos de allí y renace por otra boca; así ora es absorbido, ora con corriente oculta deslizado el inmenso Erasino es devuelto en los campos argólicos, y cuentan que el Caico se arrepintió de Misia y de su cabecera y ribera anteriores, ahora va por otra; y también el Amenano que revuelve arenas sicanas ora fluye, a veces se seca suprimidas las fuentes.

Antes era bebible, ahora el Anigro vierte aguas que no querrías tocar, después de que, a no ser que a los poetas toda fe haya de ser arrebatada, allí lavaron los bimembres las heridas que había hecho el arco de Hércules portador de la clava. ¿Qué? ¿No es también el Hipanis, nacido de los montes escitas, que había sido dulce, viciado por sales amargas? 'Rodeadas por olas habían estado Antisa y Faros y la fenicia Tiro: de las cuales ahora ninguna es isla. Los antiguos colonos tuvieron a Léucade continua: ahora la rodean estrechos; también se dice que Zancle estuvo unida a Italia, hasta que el ponto arrancó los confines y repelió la tierra con la onda intermedia; si buscas Hélice y Buris, ciudades aqueas, las hallarás bajo las aguas, y todavía los navegantes suelen mostrar las ciudades inclinadas con las murallas sumergidas.

Hay cerca de Pitea de Trecén un túmulo elevado, sin ningún árbol, en otro tiempo planísima extensión de campo, ahora túmulo; pues (cosa horrible de relatar) la fuerza feroz de los vientos, encerrada en oscuras cavernas, deseando expirar por algún sitio y luchando en vano

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gozar de un cielo más libre, como no había grieta alguna en toda la prisión ni paso abierto a los vientos, hinchó el suelo extendido, como el aliento de la boca suele inflar una vejiga o el pellejo arrancado a un cabrón de dos cuernos; aquel bulto del lugar permaneció y tiene la forma de una alta colina y se endureció con el largo tiempo. 'Aunque muchas cosas escuchadas y conocidas acuden a mi mente, referiré pocas más. ¿Qué? ¿Acaso el agua no da y recibe nuevas formas?

Tu onda, cornudo Amón, es fría a medio día, se calienta al salir y al ponerse el sol, cuentan que las aguas atamanas encienden la leña al acercarla, cuando la luna decrece a sus órbitas mínimas. los Cícones tienen un río que bebido vuelve pétreas las vísceras, que reviste de mármol las cosas tocadas; el Cratis y su vecino el Súbaris, cercanos a nuestras costas, vuelven los cabellos semejantes al ámbar y al oro; y lo que es más asombroso, hay líquidos que tienen poder para mudar no solo los cuerpos sino también las almas: ¿quién no oyó hablar de la onda obscena de Salmacis y los lagos etíopes?

quien los bebe de sus fauces o enloquece o sufre un sueño asombroso por su pesadez; quienquiera que alivió su sed de la fuente Clitoria huye del vino y goza abstemio de las aguas puras, sea porque hay en el agua una fuerza contraria al vino caliente, sea porque, como cuentan los nativos, el hijo de Amitaón, después de arrancar a las Prétides enloquecidas de sus furias mediante el canto y las hierbas, arrojó en aquellas aguas las purgas de la mente, y el odio al vino permaneció en las ondas.

con efecto distinto fluye el río Lincestio, quien lo bebió con garganta poco moderada se tambalea no de otro modo que si hubiera bebido vino puro. Hay un lugar en Arcadia, los antiguos lo llamaron Feneo, sospechoso por sus aguas ambiguas, que de noche has de temer: de noche dañan si se beben, de día se beben sin daño; así los lagos y ríos conciben unas y otras fuerzas. Hubo un tiempo en que Delos flotaba en las ondas, ahora descansa en Ortigia; el Argo temió los choques de las Simplégades dispersas, aplastadas por las olas, que ahora permanecen inmóviles y resisten a los vientos.

Ni el Etna, que arde con hornos sulfúreos, será siempre ígneo, pues no fue ígneo siempre. Porque si la tierra es un animal y vive y tiene respiraderos en muchos lugares que exhalan llama, puede cambiar las vías de respirar, y cuantas veces se mueve puede cerrar estas cavernas, abrir aquellas; o si vientos ligeros se encierran en antros profundos y arrojan rocas contra rocas y materia que contiene semillas de llama, esta concibe fuego por los golpes, los antros quedarán fríos cuando los vientos se calmen; o si las fuerzas bituminosas provocan incendios, o los azufres amarillos arden con exiguos humos, sin duda, cuando la tierra no dé alimentos y pasto graso a la llama, consumidas las fuerzas por el largo tiempo, y falte su nutrición a la naturaleza devoradora, aquella no soportará el hambre y el fuego abandonará lo abandonado.

'La fama dice que hay hombres en la hiperbórea Palene que suelen cubrirse el cuerpo con plumas ligeras cuando se sumergen nueve veces en la laguna Tritoniaca; yo desde luego no lo creo: también cuentan que las Escítides, rociados los miembros con venenos, practican las mismas artes. 'Pero si se ha de dar algún crédito a lo probado por los hechos, ¿no ves que todos los cuerpos que se pudrieron por la demora o el calor fluido se transforman en pequeños animales? Entierra en una fosa los toros sacrificados y abatidos (cosa conocida por el uso): del vientre putrefacto por todas partes nacen abejas que recogen flores, que al modo de sus padres cultivan el campo y favorecen el trabajo y laboran con esperanza.

El caballo guerrero hundido en tierra es origen del avispón; si quitas los brazos curvos al cangrejo de la playa y entierras el resto en tierra, de la parte sepultada saldrá un escorpión y amenazará con su cola curva; las orugas del campo que suelen tejer hojas con hilos blancos (cosa observada por los labradores) mudan su figura con la mariposa de las tumbas. 'El limo tiene semillas que generan ranas verdes, y las genera truncas de pies, luego les da patas aptas para nadar, y para que sean aptas para largos saltos, la medida de las partes posteriores supera a las anteriores.

El cachorro que la osa da a luz en parto reciente no es sino carne apenas viva; la madre lamiendo lo moldea en miembros y lo reduce a la forma que ella misma tiene. ¿No ves que las crías que cubre la cera hexagonal de las abejas melíferas nacen como cuerpos sin miembros y tarde asumen patas y tarde asumen alas? El ave de Juno, que porta estrellas en su cola, y el portador de armas de Júpiter y las palomas de Citerea y todo el género de aves de las partes medias del huevo, si no se supiera que sucede, ¿quién creería que puede suceder?

Hay quienes creen que cuando la espina se pudre encerrada en la tumba las médulas humanas se transforman en serpiente. 'Sin embargo estas cosas toman su origen de otros seres, hay una sola que se repara y se resiembra a sí misma, un ave: los asirios la llaman fénix; no vive de grano ni de hierbas, sino de lágrimas de incienso y jugo de amomo. Esta, cuando ha cumplido cinco siglos de su vida, al punto en las ramas y en la copa de una temblorosa palma se construye un nido con las garras y el pico puro, y cuando sobre él ha esparcido casias y espigas de nardo suave y canela quebrada con rubia mirra, se posa encima y termina su vida entre olores.

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De allí cuentan que renace un pequeño fénix, que debe vivir otros tantos años, del cuerpo paterno; cuando la edad le ha dado fuerzas, y es capaz de llevar el peso, alivia las ramas del árbol alto del peso del nido y piadoso lleva sus cunas y el sepulcro paterno y por las auras ligeras, llegado a la ciudad de Hiperión, lo deposita ante las sagradas puertas en el templo de Hiperión. 'Pero si hay algo de maravillosa novedad en esto, admiremos que la hiena alterna funciones y, la que hace un momento sufrió al macho en su lomo siendo hembra, ahora es macho; también aquel animal que se nutre de vientos y aire al instante imita todos los colores que tocó.

La India vencida dio linces a Baco portador de racimos: de ellos, según cuentan, todo lo que soltó su vejiga se convierte en piedras y se congela al tocar el aire. Así también el coral en el primer momento en que toca los aires se endurece: fue hierba blanda bajo las ondas. 'Antes terminará el día y Febo sumergirá sus caballos jadeantes en el mar profundo, que yo abarque con palabras todas las cosas transformadas en nuevas especies: así vemos que los tiempos cambian y que aquellas naciones adquieren fuerzas, estas decaen; así Troya fue grande en censo y en hombres y durante diez años pudo dar tanta sangre, ahora humilde muestra solo ruinas antiguas y por riquezas las tumbas de sus abuelos.

Esparta fue ilustre, las grandes Micenas florecieron, y también las torres de Cécrope, y también las de Anfión. Esparta es suelo vil, las altas Micenas cayeron, ¿qué son las Tebas de Edipo sino un nombre? ¿qué queda de las Atenas de Pandión sino el nombre? Ahora también la fama dice que se alza Roma dardania, que junto a las ondas del Tíber nacido del Apenino pone bajo ingente mole los fundamentos de su poder: esta pues muda su forma creciendo y algún día será cabeza del inmenso orbe!

Así dicen que hablan los vates y los oráculos proféticos, y cuanto recuerdo, Héleno el Priámida le dijo a Eneas que lloraba y dudaba de su salvación, cuando la causa troyana se tambaleaba: "hijo de diosa, si tienes bien conocidos los presagios de mi mente, no caerá Troya del todo estando tú a salvo! El fuego y el hierro te darán camino: irás y llevarás contigo Pérgamo arrebatada, hasta que a Troya y a ti os toque un campo extranjero más amigo que la patria, veo ya una ciudad que los nietos frigios deberán fundar, tan grande como no existe ni existirá ni vieron los años anteriores.

Otros próceres por largos siglos la harán poderosa, pero señora del mundo la hará uno nacido de la sangre de Iulo, y cuando la tierra lo haya usado, gozarán de él las sedes etéreas, y el cielo será su salida." Esto cantó Héleno al portador de los penates Eneas recuerdo con la mente y me alegro de que crezcan las murallas hermanas y de que útilmente los frigios vencieran a los pelasgos. Pero no divaguemos con los caballos olvidando tender hacia la meta a lo lejos: el cielo y todo cuanto existe bajo él cambia de formas, y la tierra y cuanto hay en ella.

También nosotros, parte del mundo, ya que no solo somos cuerpos sino también almas aladas, y podemos entrar en casas de fieras y alojarnos en pechos de ganado, dejemos intactos y respetados los cuerpos que pueden haber contenido almas de nuestros padres o hermanos o de quienes nos unen lazos de afecto, o al menos de seres humanos, y no llenemos nuestras mesas con banquetes como los de Tiestes. Qué mal se acostumbra, a qué sangre se prepara el impío que con hierro desgarra la garganta del ternero y ofrece oídos inmóviles a sus mugidos, o quien puede degollar al cabrito que emite gemidos semejantes a llantos de niño, o alimentarse del ave a la que él mismo dio comida.

¡Cuán poco falta en estos actos para el crimen completo! ¿Qué paso se prepara desde ahí? Que el buey are o que se le impute la muerte por sus años avanzados, que la oveja provea armas contra el bóreas terrible, que las cabras saciadas ofrezcan ubres para ordeñar con las manos. Apartad las redes con trampas y lazos y artes engañosas. No engañéis al ave con varas untadas de liga ni encerreis a los ciervos con plumas que los asustan ni escondáis anzuelos curvos con cebos falaces.

Destruid lo que daña, pero también a esto destruidlo solamente: que vuestras bocas estén libres de sangre y busquen alimentos suaves. Con estas y otras palabras habiendo instruido su pecho con tales discursos cuentan que Numa regresó a su patria y que, pedido espontáneamente, tomó las riendas del pueblo del Lacio. Afortunado con una ninfa por esposa y con las Camenas como guías, enseñó los ritos sacrificiales y condujo a la gente acostumbrada a la guerra feroz hacia las artes de la paz. Después de que anciano completó su reinado y su vida, las nueras latinas, el pueblo y los padres lloraron la muerte de Numa; pues su esposa, abandonando la ciudad, se escondió oculta en los densos bosques del valle de Aricia, e impidió con gemidos y quejas los ritos sagrados de Diana Orestea.

¡Ay, cuántas veces las ninfas del bosque y del lago la exhortaron a no hacerlo y le dijeron palabras de consuelo! Cuántas veces el héroe hijo de Teseo le dijo mientras lloraba: «Pon límite a tu dolor, pues no es tu fortuna la única digna de lamento; mira las desgracias semejantes de otros: así las soportarás más suavemente, ojalá ejemplos que no fueran los míos pudieran aliviar tu pena, pero también los míos pueden. Si por rumor llegó a tus oídos algún Hipólito que murió víctima por la credulidad de su padre y el fraude de una madrastra perversa, te asombrarás y apenas lo creerás, pero sin embargo ese soy yo. A mí, la hija de Pasífae una vez

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intentó en vano empujarme a profanar el lecho paterno, y lo que ella quiso, fingió que yo lo había querido, e invirtiendo el crimen (¿por miedo a ser acusada o por la ofensa del rechazo?) me condenó, y mi padre, sin que yo mereciera nada, me expulsa de la ciudad y maldice mi cabeza al partir con una plegaria hostil. Yo, desterrado, me dirigía en mi carro a Trecén, la ciudad de Piteo, y ya recorría las costas del mar de Corinto cuando el mar se levantó, y un cúmulo inmenso de aguas pareció curvarse en forma de monte y crecer y dar mugidos y hendirse en su cima más alta.

De ahí es expulsado un toro con cuernos de las olas rotas y erguido hasta el pecho en los suaves aires vomita por las narices y la boca abierta parte del mar. Los corazones de mis compañeros se llenan de pavor, mi ánimo permaneció sin terror, ocupado en su exilio, cuando los caballos feroces vuelven sus cuellos hacia las olas y con orejas erguidas se erizan de horror, y perturbados por el miedo al monstruo precipitan el carro por altos peñascos; yo lucho por conducir con mano las riendas inútiles manchadas de espumas blancas y echado hacia atrás tiro de las riendas flexibles.

Pero esta fuerza no habría superado la rabia de los caballos si la rueda, por la que gira el eje continuo, no se hubiera roto y destrozado al chocar con un tronco. Soy arrojado del carro, y con las correas sujetando mis miembros, mis vísceras vivas son arrastradas, los nervios quedan presos en el tronco, los miembros son arrancados en parte y en parte quedan retenidos, los huesos rotos dan un sonido grave, y podrías haber visto mi alma exhausta exhalarse, y ninguna parte en mi cuerpo que pudieras reconocer: todo era una sola herida.

¿Puedes o te atreves, ninfa, a comparar tu desgracia con la nuestra? Vi también los reinos carentes de luz y lavé mi cuerpo lacerado en la corriente del Flegetonte, y no habría vuelto la vida si no fuera por el poderoso medicamento del hijo de Apolo; después de que recuperé esa vida con hierbas poderosas y con la ayuda de Peán, a pesar de Dite, entonces, para que no aumentara la envidia por este don presente, Cintia extendió densas nubes sobre mí, y para que estuviera seguro y pudiera ser visto impunemente me añadió edad y no dejó reconocible mi rostro, y dudó largo tiempo si entregarme a Creta o a Delos: abandonando Delos y Creta, me puso aquí y al mismo tiempo me ordenó dejar el nombre que podía recordar a los caballos.

"Tú que fuiste Hipólito", dijo, "ahora sé Virbio". Desde entonces habito este bosque y, como uno de los dioses menores, me oculto bajo el poder de mi señora y le estoy consagrado». Pero las desgracias ajenas no pueden aliviar el duelo de Egeria; tendida al pie del monte se derrite en lágrimas, hasta que conmovida por la piedad de la doliente la hermana de Febo hizo de su cuerpo helado una fuente y diluyó sus miembros en aguas eternas. La novedad conmovió a las ninfas, y el hijo de la Amazona quedó atónito no de otro modo que cuando un arador tirreno vio en medio de los campos un terrón fatídico moverse primero por sí solo sin que nadie lo agitara, luego tomar forma humana y perder la de tierra y abrir boca reciente para los destinos venideros: los nativos lo llamaron Tages, que fue el primero en enseñar a la gente etrusca a revelar los sucesos futuros; o como cuando Rómulo vio antiguamente su lanza clavada en las colinas Palatinas florecer de repente, que estaba fija no por el hierro sino por raíz nueva y ya no era arma sino árbol de flexible mimbre que daba inesperadas sombras a quienes la admiraban; o cuando Cipo vio en el agua del río sus propios cuernos (pues los vio) y creyendo que era engaño de la imagen, llevando los dedos a la frente muchas veces, tocó lo que vio, y ya sin culpar a sus ojos se detuvo, cuando regresaba victorioso del enemigo dominado, y alzando los ojos al cielo y los brazos igualmente dijo: «Dioses supremos, lo que se presagia con este prodigio, sea alegre, que sea alegre para la patria y para el pueblo Quirino, o sea amenazante, que sea para mí».

Y con césped verde apacigua los altares herbosos con fuegos odoríferos y da vino en copas y de ovejas sacrificadas consulta las entrañas palpitantes sobre qué significan para él. Tan pronto como las vio el arúspice de la gente tirrena, vio en ellas grandes designios de acontecimientos, aunque no manifiestos; pero cuando levantó la mirada aguda desde las fibras del ganado hacia los cuernos de Cipo, dijo: «¡Oh rey, salve! Pues a ti, a ti, Cipo, y a tus cuernos este lugar y las ciudadelas latinas obedecerán.

Solo rompe las demoras y apresúrate a entrar por las puertas abiertas. Así lo ordenan los hados; pues recibido en la ciudad serás rey y gozarás del cetro en seguridad perpetua». Él retrocedió y apartando el rostro torvo de las murallas de la ciudad dijo: «¡Lejos, ay, lejos aparten los dioses tales cosas! Mucho más justamente pasaré mi vida en el exilio que ver que el Capitolio me tenga por rey». Dijo, y al instante convoca al pueblo y al grave senado, pero antes cubre sus cuernos con laurel de paz y sube sobre túmulos hechos por el soldado valiente e invocados los dioses antiguos según la costumbre, dijo: «Hay aquí uno que, a menos que lo expulséis de la ciudad, será rey: quién es lo diré con una señal, no con un nombre: lleva cuernos en la frente.

El augur os indica que si entra en Roma, dará leyes de esclavitud. Él pudo irrumpir por las puertas abiertas, pero nosotros nos opusimos, aunque nadie está más unido a él que yo: vosotros, Quirites, prohibid al hombre de la ciudad,

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o, si lo merece, atadlo con pesadas cadenas y poned fin al miedo con la muerte del tirano fatal!' Como los murmullos que se hacen en los pinares ceñidos cuando silba el feroz euro, o como los que hacen las olas del mar, si alguien los escucha desde lejos, así suena el pueblo; pero entre las confusas palabras de la muchedumbre que ruge emerge una sola voz: '¿quién es él?' y miran su frente y buscan los cuernos anunciados. De nuevo Cipo les dice: 'A quien pedís, lo tenéis' y quitándose la corona de la cabeza mientras el pueblo lo impedía mostró sus sienes marcadas con el doble cuerno.

Todos bajaron los ojos y dejaron escapar un gemido y aquella cabeza ilustre por sus méritos (¿quién podría creerlo?) la vieron contra su voluntad: y no permitiendo que careciera de honor más tiempo, le pusieron una corona festiva; pero los próceres, ya que se te prohíbe entrar en los muros, te dieron, Cipo, tanto campo de honor cuanto pudieras abarcar con bueyes uncidos al arado hundido desde el alba hasta el fin de la luz. Y esculpen en las puertas de bronce los cuernos que reproducen tu extraña forma, para que permanezcan a través de los largos siglos.

Revelad ahora, Musas, presencias divinas de los poetas, (pues lo sabéis, y no os engaña la espaciosa antigüedad,) de dónde la isla rodeada por las aguas del alto Tíber añadió a la ciudad de Rómulo los ritos del hijo de Coronis. Una peste terrible había una vez viciado los aires del Lacio, y los cuerpos pálidos se consumían con la enfermedad exangüe. Agotados por los funerales después de ver que los intentos mortales no sirven de nada, que nada pueden las artes de los médicos, piden ayuda celeste y van a Delfos, que ocupa el centro de la tierra, a los oráculos de Febo, y ruegan que quiera socorrer con respuesta salvadora sus desgracias y poner fin a los males de tan gran ciudad: y el lugar y el laurel y las aljabas que él mismo lleva temblaron a la vez, y desde el fondo del santuario la cortina devolvió esta voz y conmovió los pechos aterrorizados: 'Lo que pides aquí, romano, deberías pedirlo en lugar más cercano, y pídelo ahora en lugar más cercano: no necesitáis a Apolo para que disminuya vuestro duelo, sino al hijo de Apolo.

Id con buenos augurios y llamad a mi descendencia.' Después de que el prudente senado recibió las órdenes del dios, investigan qué ciudad habita el joven hijo de Febo, y envían a quienes vayan con los vientos a las costas de Epidauro; tan pronto como los enviados tocaron esas costas con la quilla curva, se presentaron ante el consejo y los padres griegos, y rogaron que les dieran al dios, que presente acabara con las muertes del pueblo ausonio: así lo decían los oráculos ciertos.

La opinión está dividida y varía, y una parte no cree que deba negarse la ayuda, muchos aconsejan retener la suya y no enviar su auxilio ni entregar su divinidad: mientras dudan, el crepúsculo ha golpeado la luz tardía; y la sombra de la tierra había traído tinieblas al mundo, cuando el dios sanador pareció presentarse en sueños ante tu lecho, romano, pero tal como suele estar en su templo, sosteniendo el báculo rústico con la izquierda y acariciando con la derecha la cabellera de su larga barba y emitiendo desde su pecho apacible estas palabras: 'Deja el miedo!

Iré y abandonaré mi imagen. Solo contempla esta serpiente que rodea con sus vueltas el báculo, y grábala bien con la vista, para que puedas reconocerla! Me convertiré en ella: pero seré más grande y pareceré tan grande como deben transformarse los cuerpos celestes.' Al instante con la voz el dios, con la voz y el dios se va el sueño, y a la huida del sueño siguió la luz vivificante. La aurora siguiente había ahuyentado los fuegos siderales: inciertos sobre qué hacer, los próceres se reúnen en el laborioso templo del dios invocado, y ruegan que indique con señales celestes en qué morada quiere demorarse él mismo.

Apenas habían terminado, cuando áureo con altas crestas el dios en forma de serpiente emitió sibilos premonitorios y con su llegada sacudió el altar y las puertas y el suelo de mármol y el fastigio dorado y se alzó erguido hasta el pecho en medio del templo y detuvo los ojos que brillaban con fuego: la multitud aterrada se estremece, el sacerdote de casta cabellera ceñida con cinta blanca reconoció al dios y dijo '¡el dios está aquí, es el dios! Guarded silencio en vuestras mentes y lenguas, quienquiera que estés presente!

¡Ojalá seas visto, oh bellísimo, para bien y ayudes a los pueblos que veneran tus ritos!' Quienquiera que está presente venera al dios ordenado, y todos repiten las palabras del sacerdote duplicadas y los Enéadas prestan su favor pío tanto con la mente como con la voz. El dios asintió a esto y moviendo las crestas dio prendas seguras tres veces repetidas con los sibilos vibrados de su lengua; luego se desliza por las brillantes gradas y vuelve el rostro hacia atrás y al partir mira los antiguos altares y saluda las casas acostumbradas y los templos habitados.

Desde allí la enorme serpiente se arrastra por el suelo cubierto de flores esparcidas y tuerce sus anillos y por medio de la ciudad se dirige al puerto protegido con el terraplén curvo. Aquí se detiene y pareciendo despedir con rostro apacible a su cortejo y al servicio de la multitud que lo sigue coloca su cuerpo en la nave ausonia: ella sintió el peso del dios, y la quilla se hundió con la gravedad divina; los Enéadas se alegran y sacrificando un toro en la playa sueltan las amarras retorcidas de la nave coronada.

Una brisa ligera había impulsado la nave: el dios se eleva en lo alto y apoyado en la popa oprime con su cuello recurvado y contempla las aguas azuladas y con módicos céfiros por el mar Jonio al alba del sexto día de Palas

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alcanzó Italia y pasó junto a Lacinia, templo noble por la diosa, y las costas de Escilaceo es llevado; deja atrás Yapigia y con los remos esquiva las rocas Anfrisias a la izquierda, y Cocintos escarpado por la parte derecha, y toca Rometio y Caulón y Nariceo y vence el estrecho y la angostura del Peloro sicular y las moradas del rey hijo de Hipótades y las minas de Temesa y busca Leucosia y los rosales del templado Pesto. De allí bordea Capreas y el promontorio de Minerva y las colinas generosas en sarmientos de Sorrento y la ciudad de Hércules y Estabias y nacida para el ocio Parténope y desde aquí el templo de la Sibila cumana.

Desde aquí son alcanzadas las fuentes cálidas y el Literno portador de lentiscos y el Volturno que arrastra mucha arena bajo su remolino y Sinuesa frecuentada por blancas palomas y Minturnas pesadas y la que sepultó a su alumno y la casa de Antífates y Traquis asediada por la laguna y la tierra de Circe y Ancio de espesa costa. Aquí cuando los marineros dirigieron la nave portadora de velas, (pues ya estaba áspero el mar), el dios despliega sus anillos y deslizándose por los frecuentes senos y grandes espirales entra en el templo de su padre que toca la amarilla playa.

Calmado el mar el Epidaurio abandona los altares paternos y habiendo usado la hospitalidad del dios amigo surca con el arrastre de la escama crepitante la arena costera y apoyado en el timón de la nave puso su cabeza en la alta popa, hasta que llegó al Castrum y a las sagradas sedes de Lavinio y a las bocas del Tíber. Hacia aquí toda la multitud del pueblo de padres y madres corre a su encuentro por todas partes, y las que guardan los fuegos, troyana Vesta, tus fuegos, y saludan al dios con alegre clamor.

Y por donde la nave veloz es conducida contra las olas contrarias, el incienso suena sobre las riberas en altares hechos en orden por una y otra parte y perfuman el aire con humos, y la víctima golpeada calienta los cuchillos arrojados. Y ya había entrado en la cabeza del mundo, la ciudad romana: la serpiente se yergue y mueve el cuello apoyado en lo alto del mástil y busca alrededor un sitio apropiado para sí. El río que fluye alrededor se divide en dos partes (tiene por nombre Isla) y desde ambos lados extiende brazos iguales con tierra en medio: aquí la serpiente de Febo se trasladó desde la nave latina y habiendo retomado su aspecto celeste puso fin a los duelos y vino como salvador a la ciudad.

Ese sin embargo llegó como extranjero a nuestros templos: César es dios en su propia ciudad; a quien en la guerra y en la toga extraordinario no tanto las guerras acabadas en triunfos y las hazañas realizadas en casa y la gloria apresurada de sus hechos lo convirtieron en astro nuevo y estrella con cabellera, como su propia descendencia; pues ninguna de las acciones de César ninguna obra mayor que haber sido padre de este hombre: desde luego, más vale haber domado a los britanos marinos y conducido naves victoriosas por las siete corrientes del Nilo portador de papiros y a los númidas rebeldes y a Juba el cinifio y al Ponto que se hinchaba con los nombres de Mitrídates, haberlos añadido al pueblo de Quirino y merecido muchos triunfos, celebrado algunos, que simplemente haber engendrado a tal varón, bajo cuya protección de las cosas favorecisteis con creces al género humano, dioses de arriba.

Para que este no fuera entonces creado de semilla mortal, aquel debía convertirse en dios; y cuando lo vio la dorada madre de Eneas, vio también que se preparaba una muerte funesta para el pontífice y que se movían armas conjuradas, palideció y a todos los dioses, según se le cruzaban en el camino, les decía: "Mira qué masas de insidias se preparan contra mí, con qué engaño se busca la cabeza que sola me queda de Iulo el dardanio. ¿Estaré siempre sola, atormentada por justas preocupaciones, a mí que ahora hiere la lanza calidonia del hijo de Tideo, que ahora confunden las murallas de Troya mal defendida, que veo a mi hijo empujado por largos extravíos y zarandeado por el mar y entrar en las moradas de los silenciosos y hacer la guerra con Turno o, si decimos la verdad, más bien con Juno?

¿Por qué ahora recuerdo las antiguas pérdidas de mi linaje? Este miedo no me deja recordar las de antes; mira, veis que se afilan espadas criminales. Impedidlas, os lo ruego, y rechazad el crimen y no extingáis con la muerte del sacerdote las llamas de Vesta." Tales palabras lanza Venus angustiada en vano por todo el cielo y conmueve a los dioses de arriba, que aunque no pueden romper los decretos férreos de las hermanas antiguas, dan sin embargo señales nada inciertas del luto futuro; dicen que armas crepitantes entre nubes negras y terribles trompetas y cuernos oídos en el cielo advirtieron el sacrilegio; también la imagen triste del sol ofrecía luces lívidas a las tierras inquietas; a menudo se vieron antorchas arder entre los astros, a menudo entre las nubes cayeron gotas sangrientas; también Lucifer estaba cerúleo y su rostro salpicado de herrumbre negra, salpicados de sangre los carros lunares; en mil lugares dio tristes presagios el búho estigio, en mil lugares lloró el marfil, y se dice que cantos y palabras amenazantes fueron oídos en los bosques sagrados.

Ninguna víctima da buenos augurios, y las fibras advierten que se acercan grandes tumultos, y se encuentra una cabeza cortada en las entrañas, y en el foro y alrededor de las casas y templos de los dioses dicen que perros nocturnos aullaron y sombras de los silenciosos vagaron y la ciudad se sacudió con temblores. Sin embargo, las advertencias de los dioses no pudieron vencer las insidias ni el destino que venía, y dicen que espadas desenvainadas son llevadas

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al templo: pues ningún otro lugar en la ciudad place para el crimen y la terrible matanza sino la curia. Entonces sí Citerea se golpeó con ambas manos el pecho e intenta ocultar al hijo de Eneas en una nube, con la que antes Paris fue arrebatado al Atrida hostil y Eneas había huido de las espadas de Diomedes. A ella el padre con tales palabras: "¿Tú sola te dispones a mover el destino insuperable, hija? Puedes entrar tú misma en la morada de las tres hermanas: verás allí con vasta construcción los archivos de las cosas, de bronce y hierro sólido, que no temen ni el choque del cielo ni la ira del rayo ni ninguna ruina, seguros y eternos; encontrarás allí grabados en diamante perenne los destinos de tu linaje: yo mismo los leí y anoté en mi mente y los referiré, para que no sigas ignorante del futuro.

Este, por quien trabajas, Citerea, ha completado su tiempo, cumplidos los años que debía a la tierra. Para que acceda al cielo como dios y sea venerado en los templos, tú lo harás y su hijo, que heredero del nombre llevará solo la carga impuesta y del padre asesinado nos tendrá como fortísimo vengador en sus guerras. Bajo sus auspicios las murallas de Mutina asediada pedirán vencidas la paz, Farsalia lo sentirá, y los Filipos de Emacia se empaparán de nuevo con matanza, y un gran nombre será vencido en las olas sicilianas, y la esposa egipcia del caudillo romano, confiada no bien en su antorcha, caerá, y en vano habrá amenazado que nuestro Capitolio servirá a su Canopo.

¿Por qué te enumero las tierras bárbaras y las gentes que yacen junto a uno y otro océano? Cualquier tierra habitable que sostenga, será suya: ¡también el mar le servirá! Dada la paz a las tierras, volverá su ánimo hacia los derechos civiles y dará leyes como autor justísimo y con su ejemplo regirá las costumbres y, mirando hacia el tiempo futuro y la edad de los nietos venideros, ordenará que la prole nacida de su santa esposa lleve al mismo tiempo su nombre y sus cuidados, y solo cuando anciano haya igualado con méritos sus años, tocará las sedes etéreas y los astros emparentados.

Esta alma, mientras tanto, arrebatada del cuerpo asesinado, haz que sea astro, para que siempre nuestro Capitolio y el foro el divino Julio los contemple desde su alto templo." Apenas había acabado de hablar, cuando en medio del senado se detuvo la nutricia Venus, invisible para todos, y arrebató de los miembros de su César el alma reciente y, no permitiendo que se disolviera en el aire, la llevó a los astros celestes, y mientras la llevaba, sintió que tomaba luz y se encendía y la soltó de su seno: vuela más alta que la luna y brilla como estrella arrastrando una cabellera llameante con amplio trazo, y viendo las buenas obras de su hijo, confiesa que son mayores que las suyas y se alegra de ser vencida por él.

Este, aunque prohíbe que sus actos se antepongan a los paternos, la fama libre, sin embargo, y no sujeta a órdenes ningunas, lo antepone contra su voluntad y en esta única parte se le opone: así el gran Atreo cede a los títulos de Agamenón, así Egeo a Teseo, así Peleo fue vencido por Aquiles; finalmente, para usar ejemplos que igualan a los mismos, también Saturno es menor que Júpiter: Júpiter gobierna las alturas etéreas y los reinos del mundo triforme, la tierra está bajo Augusto; padre y rector es uno y otro.

Dioses, os ruego, compañeros de Eneas, ante quienes cedieron la espada y el fuego, y dioses Indígetes y padre Quirino de la ciudad y padre Gradivo del invicto Quirino y Vesta consagrada entre los penates cesáreos, y tú, Febo doméstico, junto con la Vesta cesárea, y tú, Júpiter, que tienes en lo alto las rocas Tarpeyas, y los demás que es lícito y piadoso al vate invocar: que tarde sea ese día y más lento que nuestra edad, en que Augusto, dejando el orbe que gobierna, acceda al cielo y ausente favorezca a los que ruegan.

Y ya he terminado una obra que ni la ira de Júpiter ni el fuego ni podrá el hierro ni la vejez devoradora abolir. Cuando quiera, ese día, que solo tiene derecho sobre este cuerpo, acabe el espacio de mi vida incierta: sin embargo, en mi parte mejor, sobre los altos astros perenne seré llevado, y mi nombre será imborrable, y por dondequiera que se extienda el poder romano sobre tierras dominadas, seré leído por boca del pueblo, y por todos los siglos con la fama, si algo de verdad tienen los presagios de los vates, viviré.

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