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Parte 10Cuando la vejez se agría

Sobre la vejez · Cicerón · 4 min de lectura

64. Como toda la asamblea les tributó un aplauso múltiple, se cuenta que uno de los atenienses dijo que los espartanos sabían qué era lo correcto, pero no querían hacerlo. En nuestro colegio hay muchas cosas admirables, pero destaca especialmente esto de lo que hablo: que cada uno tiene la primacía en la opinión según su edad, y los augures de más edad no solo se anteponen a quienes les preceden en honor, sino incluso a quienes tienen autoridad de mando.

Así pues, ¿qué placeres del cuerpo pueden compararse con los premios de la autoridad? Los que han disfrutado de ellos con dignidad me parece que han representado la obra de la vida sin derrumbarse como actores sin práctica en el acto final.

65. Pero hay viejos gruñones, angustiados, irascibles y difíciles. Si investigamos, también avaros; pero estos son defectos de carácter, no de la vejez. Sin embargo, el mal humor y esos defectos que he mencionado tienen cierta excusa, no justa desde luego, pero que parece poder aceptarse: creen que se les desprecia, se les desdeña, se les ridiculiza; además, en un cuerpo frágil resulta molesta cualquier ofensa. Pero todo esto se vuelve más llevadero con buenas costumbres y con la cultura; y esto puede entenderse tanto en la vida como en el teatro, a través de esos hermanos que aparecen en Los hermanos.

¡Cuánta dureza hay en uno, cuánta amabilidad en el otro! Así son las cosas: como no todo vino, tampoco toda naturaleza se agria con el tiempo. Apruebo la severidad en la vejez, pero moderada como todo lo demás; la acritud, de ningún modo.

66. En cuanto a la avaricia senil, no entiendo qué sentido tiene; pues ¿puede haber algo más absurdo que, cuanto menos camino queda, buscar más provisiones? XIX. Queda una cuarta razón, que parece angustiar y mantener inquieta sobre todo a nuestra edad: la cercanía de la muerte, que ciertamente no puede estar lejos de la vejez. ¡Oh, pobre viejo el que en tan larga vida no ha comprendido que la muerte debe despreciarse! La muerte o bien debe ignorarse por completo, si extingue totalmente el alma, o incluso desearse, si la conduce a algún lugar donde va a permanecer eternamente; pero sin duda no puede encontrarse una tercera opción.

67. ¿Por qué, entonces, he de temer, si después de la muerte voy a ser o no desgraciado o incluso feliz? Aunque ¿quién es tan necio, por joven que sea, que tenga la certeza de que vivirá hasta la tarde? Es más, esa edad tiene muchas más ocasiones de morir que la nuestra; los jóvenes enferman con más facilidad, su enfermedad es más grave, su tratamiento más doloroso. Por eso llegan pocos a la vejez; si no fuera así, se viviría mejor y con más sensatez.

Pues en los viejos están la inteligencia, la razón y el juicio; si no existieran, no habría civilización alguna. Pero vuelvo a la muerte inminente. ¿Qué cargo es ese contra la vejez, cuando veis que también lo comparte con la juventud?

68. Yo lo experimenté en mi excelente hijo, tú en tus hermanos destinados a la máxima dignidad, Escipión: la muerte es común a toda edad. Pero el joven espera vivir mucho tiempo, cosa que el viejo no puede esperar. Espera insensatamente. Pues ¿qué hay más necio que tomar lo incierto por cierto, lo falso por verdadero? Pero el viejo ni siquiera tiene qué esperar. Sin embargo, está en mejor situación que el joven, puesto que lo que este espera, aquel ya lo ha conseguido; uno quiere vivir mucho tiempo, el otro ha vivido mucho tiempo.

69. Aunque, ¡oh dioses buenos!, ¿qué es «mucho tiempo» en la naturaleza humana? Concédeme el plazo máximo, esperemos la edad del rey de los tartesios (pues según leo escrito, hubo cierto Argantonio en Cádiz que reinó ochenta años y vivió ciento veinte)... pero a mí ni siquiera me parece duradero aquello en lo que hay algún final. Pues cuando llega, entonces se esfuma lo que ha pasado; solo queda lo que has conseguido con la virtud y las buenas acciones; las horas, los días, los meses y los años pasan, y el tiempo pasado nunca vuelve, ni puede saberse qué vendrá; cada uno debe contentarse con el tiempo que se le da para vivir.

70. Pues al actor no le hace falta representar toda la obra para agradar, con tal de que guste en cualquier acto en que se encuentre, ni los sabios tienen que llegar hasta el «aplaudid». El breve tiempo de la vida es suficientemente largo para vivir bien y honestamente; pero si se prolonga más, no hay que dolerse más de lo que se duelen los agricultores porque, tras pasar la suavidad de la primavera, hayan llegado el verano y el otoño. La primavera representa la juventud y muestra los frutos futuros, mientras que las demás estaciones están adaptadas para recoger y cosechar los frutos.

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