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Capítulo 3Lo relativo como absoluto

El arte de tener razón · Arthur Schopenhauer · 2 min de lectura

Otro truco es tomar una proposición que se formula de manera relativa, y en referencia a algún asunto particular, como si se hubiera enunciado con una aplicación general o absoluta; o, al menos, tomarla en un sentido completamente diferente, y luego refutarla. El ejemplo de Aristóteles es el siguiente: Un moro es negro; pero con respecto a sus dientes es blanco; por tanto, es negro y no negro al mismo tiempo. Este es un sofisma obvio, que no engañará a nadie. Contrastémoslo con uno extraído de la experiencia real.

Al hablar de filosofía, admití que mi sistema apoyaba a los quietistas, y los elogié. Poco después la conversación giró hacia Hegel, y sostuve que sus escritos eran en su mayoría tonterías; o, al menos, que había muchos pasajes en ellos donde el autor escribía las palabras, y se dejaba al lector encontrar un significado para ellas. Mi oponente no intentó refutar esta afirmación ad rem, sino que se contentó con avanzar el argumentum ad hominem, y me dijo que acababa de elogiar a los quietistas, y que ellos también habían escrito muchas tonterías. Esto lo admití; pero, a modo de corregirlo, dije que había elogiado a los quietistas, no como filósofos y escritores, es decir, por sus logros en la esfera de la teoría, sino solo como hombres, y por su conducta en meros asuntos de práctica; y que en el caso de Hegel estábamos hablando de teorías. De esta manera paré el ataque.

Los tres primeros trucos son de carácter afín. Tienen en común que se ataca algo diferente de lo que se afirmó. Por tanto, sería una ignoratio elenchi permitirse ser eliminado de tal manera. Pues en todos los ejemplos que he dado, lo que dice el oponente es verdad, pero está en contradicción aparente y no real con la tesis. Todo lo que el hombre al que está atacando tiene que hacer es negar la validez de su silogismo; negar, a saber, la conclusión que extrae, que porque su proposición es verdadera, la nuestra es falsa. De esta manera su refutación es en sí misma directamente refutada por una negación de su conclusión, per negationem consequentiae.

Otro truco es negarse a admitir premisas verdaderas debido a una conclusión prevista. Hay dos maneras de derrotarlo, incorporadas en las dos secciones siguientes.

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