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Capítulo 1La extensión

El arte de tener razón · Arthur Schopenhauer · 3 min de lectura

Consiste en llevar la proposición de tu oponente más allá de sus límites naturales; en darle un significado tan general y un sentido tan amplio como sea posible, de modo que la exageres; y, por otra parte, en dar a tu propia proposición un sentido tan restringido y unos límites tan estrechos como puedas, porque cuanto más general se vuelve una afirmación, más numerosas son las objeciones a las que queda expuesta. La defensa consiste en una formulación precisa del punto o cuestión esencial en disputa.

Ejemplo 1.--Afirmé que los ingleses eran superiores en el teatro. Mi oponente intentó dar un ejemplo en contrario, y respondió que era un hecho bien conocido que en música, y consecuentemente en ópera, no podían hacer nada en absoluto. Rechacé el ataque recordándole que la música no estaba incluida en el arte dramático, que abarcaba únicamente la tragedia y la comedia. Esto él lo sabía muy bien. Lo que había hecho fue intentar generalizar mi proposición, para que se aplicara a todas las representaciones teatrales, y, consecuentemente, a la ópera y luego a la música, con el fin de asegurarse de derrotarme. Por el contrario, podemos salvar nuestra proposición reduciéndola a límites más estrechos de los que habíamos pretendido en un principio, si nuestra manera de expresarla favorece este expediente.

Ejemplo 2.--A. declara que la Paz de 1814 devolvió su independencia a todas las ciudades alemanas de la Liga Hanseática. B. da un ejemplo en contrario citando el hecho de que Danzig, que recibió su independencia de Bonaparte, la perdió con esa Paz. A. se salva así: «Dije 'todas las ciudades alemanas', y Danzig estaba en Polonia».

Este truco fue mencionado por Aristóteles en los Tópicos (libro viii., caps. 11, 12).

Ejemplo 3.--Lamarck, en su Filosofía Zoológica (vol. i., p. 208), afirma que el pólipo no tiene sentimiento, porque no tiene nervios. Sin embargo, es cierto que tiene algún tipo de percepción; pues avanza hacia la luz moviéndose de manera ingeniosa de rama en rama, y atrapa a su presa. Por tanto, se ha asumido que su sistema nervioso está distribuido por todo su cuerpo en igual medida, como si estuviera fusionado con él; pues es obvio que el pólipo posee alguna facultad de percepción sin tener ningún órgano sensorial separado. Dado que esta suposición refuta la posición de Lamarck, él argumenta así: «En ese caso todas las partes de su cuerpo deben ser capaces de todo tipo de sentimiento, y también de movimiento, de voluntad, de pensamiento. El pólipo tendría todos los órganos del animal más perfecto en cada punto de su cuerpo; cada punto podría ver, oler, saborear, oír, y demás; es más, podría pensar, juzgar y sacar conclusiones; cada partícula de su cuerpo sería un animal perfecto y estaría por encima del hombre, ya que cada parte de él poseería todas las facultades que el hombre posee solo en su totalidad. Además, no habría razón para no extender lo que es cierto del pólipo a todas las mónadas, las más imperfectas de todas las criaturas, y en última instancia a las plantas, que también están vivas, etc., etc.». Al usar trucos dialécticos de este tipo, un escritor traiciona que es secretamente consciente de estar equivocado. Porque se dijo que todo el cuerpo de la criatura es sensible a la luz, y por tanto posee nervios, él deduce que todo su cuerpo es capaz de pensar.

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