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Libro 8Conforme a la naturaleza

Meditaciones · Marco Aurelio · 28 min de lectura

1 Esto también, entre otras cosas, puede servirte para mantenerte alejado de la vanagloria: si consideras que ahora eres del todo incapaz de recibir el elogio de alguien que toda su vida, o al menos desde su juventud, haya vivido como un filósofo. Pues tanto para los demás como especialmente para ti mismo es bien sabido que has hecho muchas cosas contrarias a esa perfección de vida. Por lo tanto, te has desviado en tu camino, y en adelante te será difícil recuperar el título y el crédito de filósofo. Y tu vocación y profesión también se oponen a ello. Si comprendes verdaderamente, pues, qué es lo que tiene importancia real, no te preocupes ni te inquietes por tu fama y tu reputación: basta con que el resto de tu vida, sea más o menos larga, la vivas como tu naturaleza requiere, o según el verdadero y natural fin de tu existencia. Esfuérzate, pues, por conocer qué es lo que tu naturaleza requiere, y no permitas que nada más te distraiga. Ya has tenido suficiente experiencia de que entre las muchas cosas en las que hasta ahora has errado y vagado, no pudiste encontrar la felicidad en ninguna de ellas. No en los silogismos y sutilezas lógicas, no en la riqueza, no en el honor y la reputación, no en el placer. En ninguna de todas estas. ¿Dónde ha de encontrarse, entonces? En la práctica de aquellas cosas que la naturaleza del hombre, en tanto que es hombre, requiere. ¿Cómo podrá hacer esas cosas? Si sus dogmas, o principios y opiniones morales (de los cuales proceden todos los movimientos y acciones), son rectos y verdaderos. ¿Cuáles son esos dogmas? Aquellos que conciernen a lo que es bueno o malo: que nada hay verdaderamente bueno y beneficioso para el hombre sino aquello que lo hace justo, templado, valiente y generoso; y que nada hay verdaderamente malo y perjudicial para el hombre sino aquello que causa los efectos contrarios.

2 Ante cada acción que estés por realizar, hazte esta pregunta: ¿Cómo me sentará esto cuando esté hecho? ¿Tendré alguna razón para arrepentirme? Dentro de muy poco estaré muerto y todo habrá terminado. ¿Qué más me importa, entonces, que mi acción presente, sea la que sea, pueda ser la acción propia de alguien que es racional, cuyo fin es el bien común, y que en todas las cosas se rige y gobierna por la misma ley de la rectitud y la razón por la cual Dios mismo se rige?

3 Alejandro, Cayo, Pompeyo: ¿qué son estos comparados con Diógenes, Heráclito y Sócrates? Estos penetraron en la verdadera naturaleza de las cosas, en todas las causas y en todos los temas, y sobre ellos ejercieron su poder y autoridad. Pero en cuanto a aquellos, tan extensa como fue su ignorancia, así de extensa fue su esclavitud.

4 Lo que han hecho, seguirán haciéndolo, aunque tú te ahorques. Primero: que no te perturbe. Pues todas las cosas, tanto buenas como malas, suceden según la naturaleza y condición general del universo, y dentro de muy poco todo habrá terminado; nadie será recordado: como ya ha sucedido con Africano (por ejemplo) y Augusto. Luego, en segundo lugar, fija tu mente en la cosa misma; examínala, y recordándote a ti mismo que estás obligado no obstante a ser un hombre bueno, y qué es lo que tu naturaleza requiere de ti en tanto que eres hombre, no te apartes de lo que estás haciendo, y di aquello que te parezca más justo: pero dilo con amabilidad, modestia y sin hipocresía.

5 Aquello en lo que se ocupa la naturaleza del universo es: trasladar lo que está aquí hacia allí, transformarlo, y desde allí tomarlo de nuevo y llevarlo a otro lugar. De modo que no necesitas temer ninguna cosa nueva. Pues todas las cosas son habituales y ordinarias, y todas están distribuidas con igualdad.

6 Toda naturaleza particular está satisfecha cuando avanza en su propio curso natural. Una naturaleza racional avanza rectamente cuando, primero, en materia de fantasías e imaginaciones, no da su consentimiento a aquello que es falso o incierto. En segundo lugar, cuando en todos sus movimientos y resoluciones se dirige únicamente hacia el bien común, y nada desea ni evita salvo aquello que está en su poder conseguir o evitar. Y por último, cuando abraza voluntaria y alegremente cualquier cosa que le es asignada y dispuesta por la naturaleza común. Pues es parte de ella, así como la naturaleza de cualquier hoja es parte de la naturaleza común de todas las plantas y árboles. Pero la naturaleza de una hoja es parte de una naturaleza irracional e insensible, que puede ser impedida en su fin propio, o que es servil y esclava; mientras que la naturaleza del hombre es parte de una naturaleza común que no puede ser impedida, y que es racional y justa. De ahí también que, según el valor de cada cosa, ella haga una distribución igual de todas las cosas, como de duración, sustancia, forma, operación y de acontecimientos y accidentes. Pero aquí considera no si encontrarás esta igualdad en cada cosa absolutamente y por sí misma, sino si en todos los detalles de una cosa tomados en conjunto y comparados con todos los detalles de alguna otra cosa, y estos juntos igualmente.

7 No tienes tiempo ni oportunidad para leer. ¿Y qué? ¿No tienes tiempo y oportunidad para ejercitarte, para no hacerte daño a ti mismo, para luchar contra todos los placeres y dolores carnales y sobrepasarlos, para despreciar el honor y la vanagloria, y no solo no enfadarte con quienes se muestran insensibles e ingratos contigo, sino también preocuparte por ellos aún y por su bienestar?

8 En adelante, abstente de quejarte de las dificultades de la vida cortesana, ya sea en público ante otros o en privado contigo mismo.

9 El arrepentimiento es una reprensión interior contra uno mismo por haber descuidado u omitido algo que era provechoso. Ahora bien, cualquier cosa que es buena es también provechosa, y es propio de un hombre honesto y virtuoso apreciarla y valorarla como corresponde. Pero nunca un hombre honesto y virtuoso se arrepintió de haber descuidado u omitido algún placer carnal: ningún placer carnal, entonces, es bueno ni provechoso.

10 Esto, ¿qué es en sí mismo y por sí mismo, según su propia constitución? ¿Cuál es su sustancia? ¿Cuál es la materia o el uso propio? ¿Cuál es la forma o la causa eficiente? ¿Para qué sirve en este mundo, y cuánto tiempo perdurará? Así debes examinar todas las cosas que se te presentan.

11 Cuando te cueste despertarte del sueño, adviértete a ti mismo y recuerda que realizar acciones que tiendan al bien común es lo que tu propia constitución y lo que la naturaleza del hombre requieren. Pero dormir es común también a las criaturas irracionales. Y qué más propio y natural, sí, qué más amable y agradable que aquello que es conforme a la naturaleza.

12 A medida que cada fantasía e imaginación se te presenta, considera (si es posible) su verdadera naturaleza y sus cualidades propias, y razona contigo mismo acerca de ella.

13 En tu primer encuentro con cualquiera, dite inmediatamente a ti mismo: Este hombre, ¿qué opiniones tiene acerca de lo que es bueno o malo? Acerca del dolor, del placer y de las causas de ambos; acerca del honor y el deshonor, acerca de la vida y la muerte: así y así. Ahora bien, si no es extraño que un hombre tenga tales y tales opiniones, ¿cómo puede ser extraño que haga tales y tales cosas? Recordaré entonces que no puede sino hacer lo que hace, manteniendo las opiniones que mantiene. Recuerda que así como es vergonzoso para cualquiera asombrarse de que una higuera produzca higos, también lo es asombrarse de que el mundo produzca cualquier cosa que en el curso ordinario de la naturaleza pueda producir. Para un médico también y para un piloto es vergonzoso que uno se asombre de que tal persona tenga fiebre, o que el otro se asombre de que los vientos resulten contrarios.

14 Recuerda que cambiar de opinión cuando la ocasión lo amerita y seguir a quien puede rectificarte es igualmente noble que descubrir desde el principio lo que es correcto y justo sin ayuda. Pues de ti no se requiere nada que esté más allá del alcance de tu propia deliberación y juicio, y de tu propio entendimiento.

15 Si fuera tu acto y estuviera en tu poder, ¿lo harías? Si no lo fuera, ¿a quién acusas? ¿A los átomos o a los dioses? Hacer cualquiera de las dos cosas es propio de un loco. No debes, pues, acusar a nadie, pero si está en tu poder, corrige lo que está mal; si no lo está, ¿con qué fin te quejas? Pues nada debe hacerse sino con algún propósito determinado.

16 Cualquier cosa que muere y cae, como quiera y dondequiera que muera y caiga, no puede caer fuera del mundo; aquí tiene su morada y su cambio, aquí también tendrá su disolución en sus propios elementos. Los mismos son los elementos del mundo y los elementos de los que tú estás compuesto. Y cuando ellos son transformados, no murmuran; ¿por qué habrías de hacerlo tú?

17 Todo lo que es fue hecho para algo: como un caballo, una vid. ¿Por qué te asombras? El sol mismo dirá de sí mismo: fui hecho para algo; y así cada dios tiene su función propia. ¿Para qué fuiste hecho tú entonces? ¿Para divertirte y deleitarte? Mira cómo ni siquiera el sentido común y la razón pueden tolerarlo.

18 La naturaleza tiene su fin tanto en el término y consumación final de cualquier cosa, como en su comienzo y continuación.

19 Como alguien que lanza una pelota al aire. ¿Y qué mejora la pelota si su movimiento es hacia arriba, o qué empeora si es hacia abajo, o si cae al suelo? Lo mismo con una pompa de jabón: si continúa, ¿qué mejora? Y si se disuelve, ¿qué empeora? Y así es también con una vela. Y así debes razonar contigo mismo, tanto en materia de fama como en materia de muerte. Pues en cuanto al cuerpo mismo (el objeto de la muerte), ¿querrías conocer su vileza? Dale vuelta para que puedas contemplar sus peores aspectos tanto como su forma más ordinaria y agradable: ¿cómo luce cuando es viejo y marchito? ¿Cuando está enfermo y dolorido? ¿Cuando está en el acto de la lujuria y la fornicación? Y en cuanto a la fama: esta vida es breve. Tanto el que alaba como el que es alabado, el que recuerda y el que es recordado, pronto serán polvo y cenizas. Además, es solo en un rincón de esta parte del mundo donde se te alaba; y sin embargo, en este rincón no tienes el elogio conjunto de todos los hombres; ni siquiera de uno solo constantemente. Y sin embargo, la tierra entera misma, ¿qué es sino un punto en relación con el mundo entero?

20 Aquello que debe ser objeto de tu consideración es la materia misma, o el dogma, o la operación, o el verdadero sentido y significación.

21 Muy justamente te han sucedido estas cosas: ¿por qué no te enmiendas? Oh, pero preferirías ser bueno mañana que serlo hoy.

22 ¿Lo haré? Lo haré, siempre que el fin de mi acción sea hacer bien a los hombres. ¿Me sucede algo por vía de contrariedad o adversidad? Lo acepto, con referencia a los dioses y su providencia, la fuente de todas las cosas, de la cual pende y depende todo cuanto sucede.

23 Juzga el resto por una sola acción: este baño que habitualmente ocupa tanto de nuestro tiempo, ¿qué es? Aceite, sudor, suciedad; o las impurezas del cuerpo: una viscosidad excrementicia, los excrementos del aceite y otros ungüentos usados sobre el cuerpo y mezclados con las impurezas del cuerpo: todo bajo y repugnante. Y así es casi cada parte de nuestra vida y cada objeto mundano.

24 Lucila enterró a Vero; luego la propia Lucila fue enterrada por otros. Así Secunda a Máximo, luego la propia Secunda. Así Epitinchano a Diotimo; luego el propio Epitinchano. Así Antonino Pío a Faustina su esposa; luego el propio Antonino. Este es el curso del mundo. Primero Céler, Adriano; luego el propio Adriano. Y aquellos austeros, aquellos que predecían la muerte de otros hombres, aquellos que eran tan orgullosos y altivos, ¿dónde están ahora? Aquellos austeros, me refiero a tales como Cárax, y Demetrio el platónico, y Eudemon, y otros semejantes. Todos duraron apenas un día; todos muertos y desaparecidos hace mucho tiempo. Algunos de ellos tan pronto muertos como olvidados. Otros pronto convertidos en fábulas. De otros, incluso aquello que era fabuloso hace ya mucho que se olvidó. Esto por lo tanto debes recordar: que cualquier cosa de la que estés compuesto pronto se dispersará, y que tu vida y aliento, o tu alma, o cesarán de existir o serán trasladados y asignados a algún lugar y posición determinados.

25 La verdadera alegría de un hombre consiste en hacer aquello que le pertenece propiamente como hombre. Lo que es más propio del hombre es, primero, estar bien dispuesto hacia aquellos que son de su misma clase y naturaleza; despreciar todos los movimientos y apetitos sensuales; discernir correctamente todas las fantasías e imaginaciones plausibles; contemplar la naturaleza del universo, tanto ella como las cosas que en ella se hacen. En este tipo de contemplación hay que observar tres relaciones distintas. La primera, hacia la causa secundaria aparente. La segunda, hacia la causa original primera, Dios, de quien originalmente procede todo lo que acontece en el mundo. La tercera y última, hacia aquellos con quienes vivimos y convivimos: qué uso puede hacerse de ello para su utilidad y beneficio.

26 Si el dolor es un mal, o es respecto del cuerpo (y eso no puede ser, porque el cuerpo por sí mismo es del todo insensible), o es respecto del alma. Pero está en poder del alma preservar su propia paz y tranquilidad, y no suponer que el dolor es un mal. Pues todo juicio y deliberación, toda búsqueda o aversión surge desde dentro, adonde el sentido del mal (excepto que se le permita entrar por la opinión) no puede penetrar.

27 Borra todas las fantasías ociosas y dite a ti mismo incesantemente: Ahora, si quiero, está en mi poder mantener fuera de mi alma toda maldad, toda lujuria y concupiscencia, toda perturbación y confusión. Por el contrario, contemplar y considerar todas las cosas según su verdadera naturaleza y comportarme hacia cada cosa según su verdadero valor. Recuerda entonces este poder que la naturaleza te ha dado.

28 Ya sea que hables en el Senado o que hables con cualquier particular, que tu discurso sea siempre grave y modesto. Pero no debes observar abierta y vulgarmente esa forma de hablar sólida y exacta respecto de lo que es verdaderamente bueno y verdaderamente civil, la vanidad del mundo y de los hombres mundanos: lo que de otro modo la verdad y la razón prescriben.

29 La corte de Augusto: su esposa, su hija, sus sobrinos, sus yernos, su hermana, Agripa, sus parientes, sus criados, sus amigos, Areo, Mecenas, sus sacrificadores de animales y adivinos: ahí tienes la muerte de una corte entera junta. Procede ahora al resto de los que han existido desde la época de Augusto. ¿Ha tratado la muerte con ellos de otro modo, aunque tantos y tan distinguidos mientras vivieron, de como suele tratar con cualquier hombre particular? Considera ahora la muerte de toda una estirpe y familia, como la de los Pompeyos, como también la que suele escribirse sobre algunos monumentos: FUE EL ÚLTIMO DE SU LINAJE. Oh, qué cuidado tuvieron sus predecesores para dejar un sucesor, y sin embargo al final uno u otro debe necesariamente ser EL ÚLTIMO. Aquí nuevamente, pues, considera la muerte de toda una estirpe.

30 Contrae toda tu vida a la medida y proporción de una sola acción. Y si en cada acción particular realizas hasta el límite de tu poder lo que es apropiado, que eso te baste. ¿Y quién puede impedirte realizar lo que es apropiado? Pero puede haber algún obstáculo o impedimento exterior. Ninguno que pueda impedirte hacer cualquier cosa que hagas de manera justa, templada y con la aprobación de Dios. Sí, pero puede haber algo por lo cual alguna operación tuya sea impedida. Y entonces, con esa misma cosa que impide, puedes estar complacido, y así mediante esta suave y ecuánime conversión de tu mente hacia lo que puede ser, en lugar de lo que en un principio intentabas, en el lugar de esa acción anterior sobreviene otra que concuerda igualmente bien con esta contracción de tu vida de la que ahora hablamos.

31 Recibe las bendiciones temporales sin ostentación cuando te son enviadas, y serás capaz de separarte de ellas con toda prontitud y facilidad cuando te sean quitadas.

32 Si alguna vez viste una mano, un pie o una cabeza yaciendo por sí solos en algún lugar, como cortados del resto del cuerpo, así debes concebir que se hace a sí mismo, en tanto depende de él, aquel que o bien se ofende por cualquier cosa que haya sucedido (sea lo que sea) y por así decir se separa de ella; o que comete algo contra la ley natural de correspondencia mutua y sociedad entre los hombres; o quien comete algún acto de falta de caridad. Quienquiera que seas, eres así, estás expulsado no sé adónde fuera de la unidad general que es según la naturaleza. Naciste ciertamente como una parte, pero ahora te has cortado a ti mismo. Sin embargo, en esto hay motivo de alegría y exultación: que puedes unirte nuevamente. Dios no ha concedido a ninguna otra parte que, una vez separada y cortada, pueda reunirse y juntarse de nuevo. Pero contempla esa BONDAD, cuán grande e inmensa es, que tanto ha estimado al HOMBRE. Al principio fue hecho de tal manera que no necesitaba, excepto si él mismo quería, haberse separado del todo; y así una vez dividido y cortado, ÉL ha dispuesto y ordenado que si él quisiera, pudiera regresar y crecer junto de nuevo, y ser admitido en su antiguo rango y lugar de parte, como lo era antes.

33 Así como casi todas sus demás facultades y propiedades la naturaleza del universo ha impartido a toda criatura racional, así esta en particular hemos recibido de ella: que así como cualquier cosa que se opone a ella y se resiste en sus propósitos e intenciones, ella, aunque sea contra su voluntad e intención, la hace girar hacia sí misma, para servirse de ella en la ejecución de sus propios fines destinados; y así mediante esta cooperación no intencionada de esa cosa consigo misma la hace parte de sí misma, quiera o no. Así puede toda criatura racional, cualesquiera cruces e impedimentos que encuentre en el curso de esta vida mortal, usarlos como objetos apropiados y adecuados para el avance de lo que se propuso a sí misma como su fin natural y felicidad.

34 No permitas que la representación general de la miseria de esta nuestra vida mortal te perturbe. No dejes que tu mente vagabundee de un lado a otro y acumule en sus pensamientos los muchos problemas y graves calamidades a los que estás sujeto como cualquier otro. Sino que conforme cada cosa en particular suceda, hazte esta pregunta y di: ¿Qué hay en este asunto presente que te parezca tan intolerable? Pues te avergonzarás de confesarlo. Luego llama inmediatamente a la memoria que ni lo que es futuro ni lo que es pasado puede dañarte, sino solo lo que es presente. (Y eso también se reduce mucho si lo circunscribes ligeramente:) y luego reprende a tu mente si por tan poco tiempo (un mero instante) no puede resistir con paciencia.

35 ¿Qué? ¿Están acaso Pantea o Pégamo permaneciendo hasta hoy junto a las tumbas de sus amos? ¿O Cabrias o Diotimo junto a la de Adriano? ¡Oh necedad! Pues si lo hicieran, ¿serían sus amos conscientes de ello? O si fueran conscientes, ¿estarían contentos de ello? Y si estuvieran contentos, ¿serían estos inmortales? ¿No estaba también dispuesto para ellos (tanto hombres como mujeres) envejecer con el tiempo y luego morir? Y una vez muertos estos, ¿qué sería de aquellos? Y cuando todo está dicho, ¿qué es todo esto sino una mera bolsa de sangre y corrupción?

36 Si tienes vista aguda, sé agudo en materia de juicio y mejor discreción, dice él.

37 En toda la constitución del hombre no veo ninguna virtud contraria a la justicia mediante la cual pueda ser resistida y opuesta. Pero veo una mediante la cual el placer y la voluptuosidad pueden ser resistidos y opuestos: la continencia.

38 Si puedes simplemente retirar la noción y la opinión concerniente a aquello que puede parecer dañino y ofensivo, tú mismo estás tan seguro como se puede estar. ¿Tú mismo? ¿Y quién es ese? Tu razón. «Sí, pero yo no soy razón.» Bien, sea así. Sin embargo, no permitas que tu razón o entendimiento admita el dolor, y si hay algo en ti que está afligido, que eso (sea lo que sea) conciba su propio dolor, si puede.

39 Aquello que es un impedimento de los sentidos es un mal para la naturaleza sensitiva. Aquello que es un impedimento de la facultad apetitiva y persecutoria es un mal para la naturaleza sensitiva. Igual que para lo sensitivo, así para la constitución vegetativa: cualquier cosa que sea un impedimento para ella es también en ese respecto un mal para la misma. Y así igualmente, cualquier cosa que sea un impedimento para la mente y el entendimiento debe ser necesariamente el mal propio de la naturaleza racional. Ahora aplica todas estas cosas a ti mismo. ¿Se apoderan de ti el dolor o el placer? Que los sentidos se ocupen de eso. ¿Has encontrado algún obstáculo en tu propósito e intención? Si te propusiste sin la debida reserva y excepción, entonces tu parte racional ha recibido ciertamente un golpe. Pero si en general te propusiste lo que pudiera ser, no has sido por ello ni dañado ni propiamente impedido. Pues en aquellas cosas que pertenecen propiamente a la mente, ella no puede ser impedida por ningún hombre. No es el fuego, ni el hierro, ni el poder de un tirano, ni el poder de una lengua calumniadora, ni ninguna otra cosa que pueda penetrar en ella.

40 Si una vez redonda y sólida, no hay temor de que alguna vez cambie.

41 ¿Por qué habría de afligirme, yo que nunca afligí voluntariamente a ningún otro? Una cosa regocija a uno y otra cosa a otro. En cuanto a mí, esta es mi alegría: si mi entendimiento es recto y sano, sin aversión hacia ningún hombre ni rechazo de ninguna de aquellas cosas a las que como hombre estoy sujeto; si puedo mirar todas las cosas en el mundo mansa y bondadosamente, aceptar todas las cosas y comportarme hacia cada cosa según el verdadero valor de la cosa misma.

42 Este tiempo que es ahora presente, concédetelo a ti mismo. Aquellos que más bien buscan fama después de la muerte no consideran que los hombres que vendrán después serán exactamente como estos con los que ahora apenas pueden soportar. Y además ellos también serán mortales. Pero considerar la cosa en sí misma: si tantos con tantas voces harán tal y tal sonido, o tendrán tal y tal opinión acerca de ti, ¿qué es eso para ti?

43 Tómame y arrójame donde quieras: soy indiferente. Pues también allí tendré ese espíritu que está dentro de mí propicio; es decir, complacido y plenamente satisfecho tanto con esa disposición constante como con aquellas acciones particulares que a su propia constitución propia son adecuadas y concordantes.

44 ¿Es esto entonces algo de tal valor que por ello mi alma deba sufrir y volverse peor de lo que era? ¿Ya sea abyectamente abatida, o desordenadamente afectada, o confundida dentro de sí misma, o aterrorizada? ¿Qué puede haber que debas estimar tanto?

45 Nada puede sucederte que no sea inherente a ti en tanto que eres hombre. Así como nada puede suceder a un buey, una vid o una piedra que no sea inherente a ellos; a cada uno según su especie. Si por lo tanto nada puede suceder a nada que no sea habitual y natural, ¿por qué te disgustas? Seguramente la naturaleza común de todos no traería sobre ninguno algo que fuera intolerable. Si por lo tanto es una cosa externa lo que causa tu aflicción, sabe que no es propiamente eso lo que la causa, sino tu propia noción y opinión concerniente a la cosa: de la cual puedes librarte cuando quieras. Pero si es algo erróneo en tu propia disposición lo que te aflige, ¿no puedes rectificar tus principios y opiniones morales? Pero si te aflige no realizar aquello que te parece recto y justo, ¿por qué no eliges realizarlo antes que afligirte? Pero algo más fuerte que tú te lo impide. Que no te aflija entonces, si no es tu culpa que la cosa no se realice. «Sí, pero es una cosa de tal naturaleza que tu vida no vale la pena a menos que se realice.» Si es así, con la condición de que estés bondadosa y amorosamente dispuesto hacia todos los hombres, puedes irte. Pues incluso entonces, tanto como en cualquier momento, te encuentras en un muy buen estado de realización cuando mueres en caridad con aquellos que son un obstáculo para tu realización.

46 Recuerda que tu mente es de tal naturaleza que se vuelve completamente invencible cuando, una vez recogida en sí misma, no busca otro contentamiento que este: que no puede ser forzada, sí, incluso aunque suceda que sea contra la razón misma que forcejea. Cuánto menos cuando mediante la ayuda de la razón es capaz de juzgar las cosas con discreción. Y por lo tanto que tu principal fortaleza y lugar de defensa sea una mente libre de pasiones. Un lugar más fuerte (al cual refugiarse y así volverse inexpugnable) y mejor fortificado que este, no tiene el hombre. Quien no ve esto es ignorante. Quien lo ve y no se acoge a este lugar de refugio es infeliz.

47 Mantente en las primeras aprehensiones desnudas y simples de las cosas tal como se te presentan, y no les agregues nada. Se te informa que tal persona habla mal de ti. Bien, que habla mal de ti, tanto se informa. Pero que tú estés perjudicado por ello, eso no se informa: esa es la adición de la opinión, que debes excluir. Veo que mi hijo está enfermo. Que está enfermo, lo veo; pero que su vida está también en peligro, no lo veo. Así debes acostumbrarte a mantenerte en los primeros movimientos y aprehensiones de las cosas tal como se presentan exteriormente, y no agregarles nada desde dentro de ti mismo mediante mera noción y opinión. O más bien agrégales, pero como alguien que comprende la verdadera naturaleza de todas las cosas que suceden en el mundo.

48 ¿El pepino está amargo? Déjalo a un lado. ¿Hay zarzas en el camino? Evítalas. Que esto baste. No agregues inmediatamente diciéndote a ti mismo: ¿Para qué sirven estas cosas en el mundo? Pues por esto, uno que está familiarizado con los misterios de la naturaleza se reirá de ti; como se reiría un carpintero o un zapatero si, encontrando en alguno de sus talleres algunas virutas o pequeños restos de su trabajo, los culparas por ello. Y sin embargo aquellos hombres, no es por falta de un lugar donde arrojarlos que los guardan en sus talleres por un tiempo: pero la naturaleza del universo no tiene tal lugar exterior; sino que en esto consiste la maravilla de su arte y habilidad: que habiéndose circunscrito a sí misma dentro de ciertos límites y confines, cualquier cosa que esté dentro de ella que parezca corrompida, vieja o inútil, puede transformarla en sí misma, y de estas mismas cosas puede hacer cosas nuevas; de modo que no necesita buscar en otra parte fuera de sí misma ni un nuevo suministro de materia y sustancia, ni un lugar donde arrojar lo que está irrecuperablemente podrido y corrupto. Así ella, en cuanto a lugar, materia y arte, se basta a sí misma.

49 No ser perezoso ni negligente, ni suelto y disoluto en tus acciones, ni contencioso y problemático en tu conversación, ni vagar y errar en tus fantasías e imaginaciones. No contraer abyectamente tu alma, ni salir impetuosamente con ella, ni lanzarte furiosamente como si fuera, ni carecer jamás de ocupación.

50 «Me matan, cortan mi carne, persiguen mi persona con maldiciones.» ¿Y qué? ¿Puede por todo esto tu mente dejar de continuar pura, prudente, templada, justa? Como una fuente de agua dulce y clara, aunque sea maldecida por algún transeúnte, sin embargo sus manantiales siguen corriendo tan dulces y claros como antes; sí, aunque se arroje tierra o estiércol en ella, no bien es arrojado se dispersa y ella queda limpia. No puede ser teñida ni infectada por ello. ¿Qué debo hacer entonces para tener dentro de mí una fuente que rebose y no un pozo? Engéndrate a ti mismo mediante continuos esfuerzos y empeños hacia la verdadera libertad con caridad, y la verdadera simplicidad y modestia.

51 Quien no sabe qué es el mundo no sabe dónde está él mismo. Y quien no sabe para qué fue hecho el mundo no puede saber tampoco cuáles son las cualidades ni cuál es la naturaleza del mundo. Ahora bien, quien ignora cualquiera de estas cosas también ignora para qué fue hecho él mismo. ¿Qué piensas entonces de aquel hombre que se propone como asunto de gran importancia el ruido y el aplauso de hombres que son completamente ignorantes de dónde están y de lo que son ellos mismos? ¿Deseas ser elogiado por un hombre que tres veces en una hora se maldice a sí mismo? ¿Deseas agradar a quien no se agrada a sí mismo? ¿O piensas que se agrada a sí mismo quien suele arrepentirse de casi todo lo que hace?

52 No solo en adelante tener un aliento común, o mantener correspondencia de aliento con ese aire que nos rodea, sino tener una mente común, o mantener correspondencia de mente también con esa sustancia racional que abarca todas las cosas. Pues esa también es por sí misma y por su propia naturaleza (si un hombre puede absorberla como debe) difundida por todas partes y pasa a través de todas las cosas, no menos que el aire, si un hombre puede aspirarla.

53 La maldad en general no daña al mundo. La maldad particular no daña a ningún otro: solo es dañina para aquel que la comete, quienquiera que sea, a quien en gran favor y misericordia le es concedido que tan pronto como él mismo lo desee, pueda ser inmediatamente liberado de ella. Para mi libre albedrío, el libre albedrío de mi prójimo, quienquiera que sea (así como su vida o su cuerpo), es completamente indiferente. Pues aunque todos estamos hechos unos para otros, sin embargo nuestras mentes y entendimientos tienen cada uno su propia jurisdicción propia y limitada. Pues de otro modo la maldad de otro hombre podría ser mi mal, lo cual Dios no quiso, para que no estuviera en poder de otro hombre hacerme infeliz: lo cual nada ahora puede hacer sino mi propia maldad.

54 El sol parece derramarse. Y en efecto se difunde pero no se derrama. Pues esa difusión suya es una τάσις o extensión. Por eso sus rayos se llaman ἀκτῖνες de la palabra ἐκτείνεσθαι, ser estirados y extendidos. Ahora bien, qué es un rayo de sol puedes saberlo si observas la luz del sol cuando a través de algún agujero estrecho penetra en alguna habitación oscura. Pues siempre es en línea recta. Y como es dividida y cortada por cualquier cuerpo sólido que encuentra en el camino que no es penetrable por el aire, sin embargo no resbala ni cae, sino que permanece allí no obstante: así debe ser la difusión en la mente; no un derramamiento, sino una extensión. Cualesquiera obstáculos e impedimentos encuentre en su camino, no debe caer sobre ellos violentamente y mediante un asalto impetuoso, ni debe caer; sino que debe permanecer y dar luz a aquello que la admita. Pues en cuanto a lo que no la admite, es su propia culpa y pérdida si se priva a sí mismo de su luz.

55 Quien teme a la muerte teme o no tener ningún sentido en absoluto, o que sus sentidos no sean los mismos. Mientras que debería más bien consolarse a sí mismo pensando que o ningún sentido en absoluto y por lo tanto ningún sentido del mal; o si algún sentido, entonces otra vida y por lo tanto propiamente no hay muerte.

56 Todos los hombres están hechos unos para otros: entonces o instrúyelos mejor, o sopórtalos.

57 El movimiento de la mente no es como el movimiento de un dardo. Pues la mente cuando es cautelosa y precavida, y mediante diligente circunspección se vuelve de muchas maneras, puede entonces decirse que va directamente hacia el objeto tanto como cuando no usa tal circunspección.

58 Penetrar y adentrarse en el estado del entendimiento de cada uno con quien tengas que tratar, así como hacer que el estado del tuyo propio sea abierto y penetrable para cualquier otro.

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