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Libro 3Vivir lo que queda

Meditaciones · Marco Aurelio · 16 min de lectura

1 Un hombre no solo debe considerar cómo su vida se consume y decrece cada día, sino también esto: que si vive mucho tiempo, no puede tener la certeza de que su entendimiento continúe siendo tan capaz y suficiente, ya sea para la consideración prudente en asuntos de negocios, como para la contemplación, siendo esta la facultad de la cual depende el verdadero conocimiento de las cosas tanto divinas como humanas. Porque si una vez comienza a desvariar, su respiración, nutrición, facultades imaginativas, apetitivas y otras naturales pueden continuar siendo las mismas: no encontrará falta de ellas. Pero en cuanto a cómo hacer el uso correcto de sí mismo que debería, cómo observar exactamente en todas las cosas lo que es recto y justo, cómo corregir y rectificar todas las aprehensiones e imaginaciones erróneas o súbitas, e incluso respecto de esto en particular: si debería vivir más tiempo o no, considerarlo debidamente; para todas estas cosas, en las que se requiere la mejor fuerza y vigor de la mente, su poder y capacidad habrán pasado y desaparecido. Por tanto, debes apresurarte; no solo porque cada día estás más cerca de la muerte que otros, sino también porque esa facultad intelectiva en ti, mediante la cual te capacitas para conocer la verdadera naturaleza de las cosas y ordenar todas tus acciones conforme a ese conocimiento, se consume y decae diariamente: o puede fallarte antes de que mueras.

2 También debes observar esto: que cualquier cosa que naturalmente acontece a las cosas naturales tiene algo en sí misma que es placentero y deleitoso: como un gran pan cuando se hornea, algunas partes se agrietan y se separan, haciendo que la corteza quede irregular y desigual, y sin embargo esas partes, aunque en cierto sentido va contra el arte y la intención misma del horneado que así estén agrietadas y partidas, cuando deberían haber sido y fueron al principio todas parejas y uniformes, le sientan bien no obstante, y tienen cierta propiedad peculiar para estimular el apetito. Así, los higos se consideran más hermosos y maduros cuando empiezan a encogerse y arrugarse, por decirlo así. Las aceitunas maduras, cuando están más cerca de la putrefacción, entonces están en su propia belleza. El racimo colgante de uvas, el ceño del león, la espuma de un jabalí salvaje que echa espumarajos, y muchas otras cosas semejantes, aunque consideradas por sí mismas están lejos de cualquier belleza, sin embargo, porque ocurren naturalmente, son tanto agradables como deleitosas; de manera que si un hombre con una mente profunda y comprensión considerara todas las cosas del mundo, incluso entre todas aquellas cosas que no son sino meros accesorios y apéndices naturales, por decirlo así, apenas le parecerá algo en lo que no encuentre motivo de placer y deleite. Así contemplará con tanto placer el verdadero rictus de las bestias salvajes, como aquellos que son imitados por pintores hábiles y otros artífices. Así será capaz de percibir la propia madurez y belleza de la vejez, ya sea en hombre o mujer: y cualquier otra cosa que sea bella y atractiva en lo que sea, con ojos castos y continentes pronto la descubrirá y discernirá. Estas y muchas otras cosas discernirá, no creíbles para todos, sino solo para aquellos que están verdadera y familiarmente familiarizados tanto con la naturaleza misma como con todas las cosas naturales.

3 Hipócrates, habiendo curado muchas enfermedades, enfermó él mismo y murió. Los caldeos y astrólogos, habiendo predicho las muertes de diversos, fueron después ellos mismos sorprendidos por los hados. Alejandro y Pompeyo, y Cayo César, habiendo destruido tantas ciudades y cortado en el campo de batalla a tantos miles tanto de caballería como de infantería, sin embargo ellos mismos al final tuvieron que separarse de sus propias vidas. Heráclito, habiendo escrito tantos tratados naturales sobre la última y general conflagración del mundo, murió después lleno de agua por dentro y embadurnado de suciedad y estiércol por fuera. Los piojos mataron a Demócrito; y a Sócrates, otra clase de alimañas: hombres malvados e impíos. ¿Cómo están entonces las cosas? Has embarcado, has navegado, has llegado a tierra, desembarca. Si es hacia otra vida, allí también encontrarás dioses, que están en todas partes. Si toda vida y sentido han de cesar, entonces también cesarás de estar sujeto a dolores o placeres; y de servir y atender esta vil cabaña; tanto más vil cuanto más excelente es lo que le sirve; siendo una sustancia racional y un espíritu, la otra nada sino tierra y sangre.

4 No gastes el resto de tus días en pensamientos y fantasías sobre otros hombres, cuando no sea en relación con algún bien común, cuando por ello te veas impedido de alguna otra obra mejor. Es decir, no gastes tu tiempo pensando qué hace tal hombre, y con qué fin: qué dice, y qué piensa, y en qué anda, y otras cosas o curiosidades semejantes, que hacen que un hombre vagabundee y se desvíe del cuidado y observación de aquella parte de sí mismo que es racional y gobernante. Procura por tanto en toda la serie y conexión de tus pensamientos ser cuidadoso en prevenir todo lo que sea ocioso e impertinente: pero especialmente todo lo que sea curioso y malicioso: y debes acostumbrarte a pensar solo en aquellas cosas de las cuales, si un hombre de repente te preguntara qué estás pensando ahora, puedas responder Esto y Aquello, libre y audazmente, de modo que por tus pensamientos aparezca de inmediato que en todo eres sincero y apacible; como corresponde a uno que está hecho para la sociedad, y que no considera los placeres, ni da paso a ninguna imaginación voluptuosa en absoluto: libre de toda contenciosidad, envidia y sospecha, y de cualquier otra cosa de la que te avergonzarías de confesar que tus pensamientos estaban puestos en ella. El que es así, es ciertamente aquel que no aplaza echar mano de lo que es verdaderamente mejor, un auténtico sacerdote y ministro de los dioses, bien familiarizado y en buena correspondencia con aquel que especialmente está sentado y colocado dentro de sí mismo, como en un templo y santuario: a quien también se mantiene y preserva sin mancha del placer, impávido ante el dolor; libre de cualquier clase de agravio o contumelia que él mismo se ofrezca a sí mismo: no capaz de recibir mal alguno de otros: un luchador de la mejor clase, y por el premio más alto, para no ser derribado por ninguna pasión o afección propia; profundamente teñido y empapado en rectitud, abrazando y aceptando con todo su corazón cualquier cosa que le acontezca o le sea asignada. Uno que no a menudo, ni sin alguna gran necesidad tendiente a algún bien público, piensa en lo que otro habla, hace o propone: porque solo aquellas cosas que están en su propio poder, o que son verdaderamente suyas, son los objetos de sus ocupaciones, y sus pensamientos están siempre dedicados a aquellas cosas que del universo entero son destinadas y apropiadas para él por los hados o la Providencia. Aquellas cosas que son suyas y están en su poder, él mismo se encarga de que sean buenas: y en cuanto a aquellas que le acontecen, cree que son así. Porque aquella suerte y porción que es asignada a cada uno, así como es inevitable y necesaria, así es siempre provechosa. Recuerda además que todo lo que participa de la razón es de su misma estirpe, y que cuidar de todos los hombres en general es conforme a la naturaleza del hombre: pero en cuanto al honor y la alabanza, que no deben ser admitidos y aceptados generalmente de todos, sino solo de aquellos que viven conforme a la naturaleza. En cuanto a los que no lo hacen, qué clase de hombres son en casa o fuera; de día o de noche; cómo condicionados ellos mismos con qué clase de condiciones, o con hombres de qué condiciones se afanan y pasan el tiempo juntos, lo sabe y recuerda muy bien. Por tanto, no considera tal alabanza y aprobación, como procedente de quienes no pueden gustarse y aprobarse a sí mismos.

5 No hagas nada contra tu voluntad, ni contrario a la comunidad, ni sin el debido examen, ni con reluctancia. No afectes adornar tus pensamientos con lenguaje curioso y rebuscado. No seas ni gran hablador, ni gran emprendedor. Además, que tu Dios que está en ti para gobernarte encuentre por ti que tiene que ver con un hombre; un hombre anciano; un hombre sociable; un romano; un príncipe; uno que ha ordenado su vida como quien no espera, por así decirlo, sino el sonido de la trompeta que toca retirada para partir de esta vida con toda prontitud. Uno que para su palabra o acciones no necesita ni juramento, ni hombre alguno como testigo.

6 Ser alegre, y no necesitar ni la ayuda o asistencia de otros hombres, ni ese descanso y tranquilidad que debes agradecer a otros. Más bien como uno que es recto por sí mismo, o siempre ha sido recto, que como uno que ha sido rectificado.

7 Si encontraras en esta vida mortal algo mejor que la rectitud, que la verdad, la templanza, la fortaleza, y en general mejor que una mente contenta tanto con aquellas cosas que según lo recto y la razón hace, como con aquellas que sin su voluntad y conocimiento te acontecen por la providencia; si digo que puedes encontrar algo mejor que esto, aplícate a ello con todo tu corazón, y aquello que sea lo mejor dondequiera que lo encuentres, disfrútalo libremente. Pero si nada encuentras digno de ser preferido a ese espíritu que está dentro de ti; si nada mejor que someter a ti tus propias codicias y deseos, y no dar paso a fantasías o imaginaciones antes de que las hayas considerado debidamente, nada mejor que retirarte (para usar las palabras de Sócrates) de toda sensualidad, y someterte a los dioses, y tener cuidado de todos los hombres en general: si encuentras que todas las demás cosas en comparación con esto son viles y de poco momento; entonces no des paso a ninguna otra cosa, la cual una vez que sea afectada e inclinada hacia ella, ya no estará en tu poder sin toda distracción, como debieras, preferir y perseguir aquel bien que es tuyo y tu propio bien. Porque no es lícito que nada que sea de otra clase e inferior naturaleza, sea lo que fuere, ya sea el aplauso popular, o el honor, o las riquezas, o los placeres; sea permitido enfrentarse y contender, por así decirlo, con lo que es racional y operativamente bueno. Porque todas estas cosas, si una vez aunque sea por un tiempo comienzan a agradar, de inmediato prevalecen y pervierten la mente de un hombre, o lo desvían del camino recto. Haz tú por tanto, digo, absoluta y libremente la elección de lo que es mejor, y aférrate a ello. Ahora bien, dicen que lo mejor es lo que es más provechoso. Si se refieren a provechoso para el hombre en cuanto es un hombre racional, mantente firme en ello; pero si se refieren a provechoso en cuanto es meramente una criatura, recházalo; y de este tu principio y conclusión aparta cuidadosamente todas las apariencias y colores plausibles de apariencia externa, para que puedas ser capaz de discernir las cosas rectamente.

8 Nunca estimes como provechoso nada que te constriña a quebrantar tu fe, o a perder tu modestia; a odiar a hombre alguno, a sospechar, a maldecir, a disimular, a codiciar cualquier cosa que requiera el secreto de muros o velos. Pero el que prefiere antes que todas las cosas su parte y espíritu racional, y los sagrados misterios de la virtud que de él emanan, nunca se lamentará ni exclamará, nunca suspirará; nunca necesitará ni soledad ni compañía: y lo que es más importante de todo, vivirá sin deseo ni temor. Y en cuanto a la vida, ya sea por largo o corto tiempo que disfrute de su alma así rodeada de un cuerpo, es del todo indiferente. Porque si incluso ahora hubiera de partir, está tan dispuesto para ello como para cualquier otra acción que pueda realizarse con modestia y decencia. Porque toda su vida, este es su único cuidado: que su mente esté siempre ocupada en tales intenciones y objetos como son propios de una criatura racional y sociable.

9 En la mente que una vez está verdaderamente disciplinada y purificada, no puedes encontrar nada, ni sucio ni impuro, o por así decirlo supurado: nada que sea servil o afectado: ningún lazo parcial; ninguna aversión maliciosa; nada reprensible; nada oculto. La vida de tal persona, la muerte nunca puede sorprenderla como imperfecta; como de un actor que muriera antes de haber terminado, o antes de que la obra misma hubiera acabado, podría decirse.

10 Usa tu facultad de opinar con todo honor y respeto, porque en ella reside todo: que tu opinión no engendre en tu entendimiento nada contrario ni a la naturaleza, ni a la constitución propia de una criatura racional. El fin y objeto de una constitución racional es no hacer nada precipitadamente, estar afectuosamente dispuesto hacia los hombres, y en todas las cosas someterse voluntariamente a los dioses. Dejando por tanto a un lado todas las demás cosas, guárdate a estas pocas, y recuerda además que nadie propiamente puede decirse que vive más que lo que es ahora presente, que es solo un momento de tiempo. Todo lo demás o ya pasó, o es incierto. El tiempo por tanto que cualquier hombre vive no es sino poco, y el lugar donde vive no es sino un rincón muy pequeño de la tierra, y la mayor fama que puede quedar de un hombre después de su muerte, incluso esa es solo pequeña, y esa también, tal como es mientras es, se preserva por la sucesión de necios hombres mortales, que igualmente pronto morirán, e incluso mientras viven no saben qué son en verdad ellos mismos: y mucho menos pueden conocer a uno que hace mucho tiempo está muerto y desaparecido.

11 A estas ayudas y recordatorios siempre presentes, añádase uno más: hacer siempre una descripción y delineación particular, por así decirlo, de cada objeto que se presente a tu mente, para que puedas contemplarlo total y completamente en su propia naturaleza propia, desnudo y descubierto; totalmente y por separado; dividido en sus varias partes y componentes: y luego por ti mismo en tu mente llamar tanto a él como a aquellas cosas de las que consiste, y en las que se resolverá, por sus propios nombres verdaderos y apropiados. Porque no hay nada tan eficaz para engendrar verdadera magnanimidad, como ser capaz de examinar verdadera y metódicamente y considerar todas las cosas que acontecen en esta vida, y penetrar en sus naturalezas, de modo que al mismo tiempo esto también concurra en nuestras aprehensiones: ¿cuál es el verdadero uso de ello? y ¿cuál es la verdadera naturaleza de este universo para el cual es útil? ¿cuánto puede estimarse en relación con el universo? ¿cuánto en relación con el hombre, un ciudadano de la ciudad suprema, de la cual todas las demás ciudades del mundo son por así decirlo solo casas y familias?

12 ¿Qué es esto sobre lo que ahora se fija mi fantasía? ¿de qué cosas consiste? ¿cuánto puede durar? ¿cuál de todas las virtudes es la virtud propia para este presente uso? ¿acaso la mansedumbre, la fortaleza, la verdad, la fe, la sinceridad, el contentamiento, o alguna otra? De todo por tanto debes acostumbrarte a decir: Esto viene inmediatamente de Dios, esto por aquella conexión y concatenación fatal de cosas, o (lo que casi viene a ser lo mismo) por alguna casualidad coincidental. Y en cuanto a esto, procede de mi vecino, mi pariente, mi compañero: por su ignorancia ciertamente, porque no sabe lo que es verdaderamente natural para él: pero yo lo sé, y por tanto me comporto hacia él según la ley natural de la compañía; es decir, bondadosamente y justamente. En cuanto a aquellas cosas que en sí mismas son del todo indiferentes, según mi mejor juicio concibo que todo merece más o menos, así me comporto hacia ello.

13 Si atiendas a lo que es presente, siguiendo la regla de lo recto y la razón cuidadosa, sólida, mansamente, y no entremezclares ningún otro asunto, sino que estudies solo esto: preservar tu espíritu sin polución y puro, y te adhieras a él sin esperanza ni temor de nada, en todas las cosas que hagas o hables, contentándote con la verdad heroica, vivirás felizmente; y de esto no hay hombre que pueda impedirte.

14 Así como los médicos y cirujanos tienen siempre sus instrumentos a mano para todas las curas súbitas; así ten tú siempre tus dogmas en disposición para el conocimiento de las cosas, tanto divinas como humanas: y cualquier cosa que hagas, incluso en las cosas más pequeñas que hagas, debes recordar siempre aquella mutua relación y conexión que hay entre estas dos: las cosas divinas y las cosas humanas. Porque sin relación a Dios nunca prosperarás en ninguna acción mundana; ni por otro lado en ninguna divina, sin tener algún respeto a las cosas humanas.

15 No te engañes; porque nunca vivirás para leer tus comentarios morales, ni los actos de los famosos romanos y griegos; ni aquellos extractos de varios libros; todos los cuales habías provisto y guardado para ti contra tu vejez. Apresúrate por tanto a un fin, y abandonando todas las vanas esperanzas, ayúdate a ti mismo a tiempo si te importas a ti mismo, como debieras hacerlo.

16 Robar, sembrar, comprar, estar en reposo, ver lo que debe hacerse (que no se ve con los ojos, sino con otra clase de visión): qué significan estas palabras, y de cuántas maneras deben entenderse, no lo comprenden. El cuerpo, el alma, el entendimiento. Así como los sentidos pertenecen naturalmente al cuerpo, y los deseos y afecciones al alma, así los dogmas al entendimiento.

17 Ser capaz de fantasías e imaginaciones es común al hombre y a la bestia. Ser violentamente arrastrado y movido por las codicias y deseos del alma es propio de bestias salvajes y monstruos, como lo fueron Fálaris y Nerón. Seguir la razón para los deberes y acciones ordinarias es común también a aquellos que no creen que haya dioses, y quienes para su provecho no tendrían escrúpulo en traicionar a su propio país, y quienes una vez que las puertas se cierren sobre ellos, se atreverían a hacer cualquier cosa. Si por tanto todas las demás cosas son comunes también a estos, se sigue que para un hombre gustar y abrazar todas las cosas que acontecen y están destinadas a él, y no turbar ni molestar ese espíritu que está sentado en el templo de su propio pecho con una multitud de vanas fantasías e imaginaciones, sino mantenerlo propicio y obedecerle como a un dios, nunca hablando nada contrario a la verdad ni haciendo nada contrario a la justicia, es la única propiedad verdadera de un hombre bueno. Y tal hombre, aunque nadie creyera que vive como vive, ya sea sincera y concienzudamente, o alegre y contentamente; sin embargo no está enojado con nadie por ello, ni desviado por ello del camino que conduce al fin de su vida, por el cual un hombre debe pasar puro, siempre dispuesto a partir, y voluntarioso por sí mismo sin compulsión alguna para ajustarse y acomodarse a su propia suerte y porción.

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