Libro 10Aceptar el destino
1 Oh alma mía, llegará el tiempo, confío, en que serás buena, simple, única, más abierta y visible que ese cuerpo que te encierra. Algún día serás sensible a la felicidad de quienes tienen por fin el amor, y sus afectos están muertos para todas las cosas mundanas. Algún día estarás llena, y no necesitarás de ninguna cosa externa: no buscarás placer de nada, ni vivo ni insensible, que este mundo pueda ofrecer; ni necesitarás tiempo para la continuación de tu placer, ni lugar ni oportunidad, ni el favor del tiempo atmosférico ni de los hombres. Cuando tengas contentamiento en tu estado presente, y todas las cosas presentes añadan a tu contentamiento: cuando te persuadas a ti misma de que tienes todas las cosas; todas para tu bien, y todas por la providencia de los dioses: y de las cosas futuras también estés tan confiada de que todo irá bien, pues tiende al mantenimiento y preservación, en cierto modo, de su perfecta prosperidad y felicidad, que es perfección de vida, de bondad y de belleza; que engendra todas las cosas, y contiene todas las cosas en sí mismo, y en sí mismo recoge todas las cosas de todos los lugares que se disuelven, para que de ellas pueda engendrar otras de nuevo semejantes a ellas. Tal será un día tu disposición, que serás capaz, tanto respecto de los dioses como respecto de los hombres, de ajustar y ordenar tu conducta de modo que no te quejes de ellos en ningún momento, por nada de lo que hagan; ni hagas tú misma nada por lo que puedas ser justamente condenada.
2 Como alguien que está enteramente gobernado por la naturaleza, cuida de observar qué es lo que tu naturaleza en general requiere. Hecho eso, si encuentras que tu naturaleza, en tanto eres una criatura viviente y sensible, no empeorará por ello, puedes proceder. Luego debes examinar qué requiere tu naturaleza en tanto eres una criatura viviente y sensible. Y eso, sea lo que sea, puedes admitirlo y hacerlo, si tu naturaleza en tanto eres una criatura viviente racional, no empeorará por ello. Ahora bien, todo lo que es racional, es también sociable. Mantente fiel a estas reglas, y no te preocupes por cosas vanas.
3 Sea lo que sea que te suceda, estás naturalmente, por tu constitución natural, capacitado o no para soportarlo. Si eres capaz, no te ofendas, sino sopórtalo según tu constitución natural, o como la naturaleza te ha capacitado. Si no eres capaz, no te ofendas. Pues pronto acabará contigo, y ello mismo, sea lo que sea, acabará al mismo tiempo que tú. Pero recuerda que todo lo que, por la fuerza de la opinión, fundada en cierta aprehensión tanto del verdadero beneficio como del deber, puedas concebir tolerable; eso eres capaz de soportarlo por tu constitución natural.
4 Al que ofende, enséñale con amor y mansedumbre, y muéstrale su error. Pero si no puedes, entonces culpate a ti mismo; o mejor aún, ni siquiera a ti mismo, si tu voluntad y tus esfuerzos no han faltado.
5 Sea lo que sea que te suceda, es aquello que desde siempre te estaba destinado. Pues por la misma coherencia de causas, por la cual tu sustancia desde toda la eternidad fue designada para ser, fue también destinado y designado todo lo que le habría de suceder.
6 O bien, con Epicuro, debemos imaginar neciamente que los átomos son la causa de todas las cosas, o debemos necesariamente conceder una naturaleza. Sea esto entonces tu primer fundamento, que eres parte de ese universo que está gobernado por la naturaleza. Luego, en segundo lugar, que con aquellas partes que son del mismo tipo y naturaleza que tú, tienes relación de parentesco. Pues si tengo siempre presente esto, primero, en tanto soy una parte, nunca me disgustaré con nada que caiga a mi porción particular de las casualidades comunes del mundo. Pues nada que sea conveniente para el todo, puede ser verdaderamente dañino para lo que es parte de él. Pues siendo este el privilegio común de todas las naturalezas, que no contengan nada en sí mismas que les sea dañino; no puede ser que la naturaleza del universo (cuyo privilegio más allá de otras naturalezas particulares es que no puede ser constreñida contra su voluntad por ninguna causa externa superior) engendre algo y lo abrigue en su seno que tienda a su propio daño y perjuicio. Así pues, cuando tenga presente que soy una parte de tal universo, no me disgustaré con nada que suceda. Y como tengo relación de parentesco con aquellas partes que son del mismo tipo y naturaleza que yo, tendré cuidado de no hacer nada que sea perjudicial para la comunidad, sino que en todas mis deliberaciones estarán presentes los de mi tipo; y el bien común, ese, será aquello hacia lo que tiendan todas mis intenciones y resoluciones, y lo que sea contrario a ello, me esforzaré por todos los medios en prevenirlo y evitarlo. Una vez fijadas y establecidas estas cosas, así como considerarías feliz ciudadano a aquel cuyo estudio y práctica constantes fueran para el bien y beneficio de sus conciudadanos, y la conducta de la ciudad hacia él tal, que estuviera satisfecho con ella; así ha de ser necesariamente contigo, que vivirás una vida feliz.
7 Todas las partes del mundo (todas las cosas quiero decir que están contenidas dentro del mundo entero), deben necesariamente en algún momento llegar a la corrupción. Alteración debería decir, para hablar verdadera y propiamente; pero para ser mejor entendido, me conformo por ahora con usar esa palabra más común. Ahora bien, digo, si esto es tanto dañino para ellas como inevitable, ¿no crees que el todo mismo estaría en un dulce caso, estando todas sus partes sujetas a alteración, sí, y por su constitución misma dispuestas para la corrupción, pues consisten de cosas diferentes y contrarias? ¿Y acaso la naturaleza proyectó y propuso por sí misma la aflicción y miseria de sus partes, y por tanto las hizo de propósito, no solo para que pudieran, sino para que necesariamente debieran caer en el mal; o no sabía lo que hacía cuando las hizo? Pues decir cualquiera de estas dos cosas es igualmente absurdo. Pero dejando de lado la naturaleza en general, y razonando sobre las cosas particulares según sus propias naturalezas particulares; cuán absurdo y ridículo es, primero decir que todas las partes del todo están, por su propia constitución natural, sujetas a alteración; y luego cuando algo tal sucede, como cuando uno enferma y muere, lamentarse y asombrarse como si hubiera sucedido algo extraño. Aunque esto además podría mover a no lamentarse tan gravemente cuando algo tal sucede, que todo lo que se disuelve, se disuelve en aquellas cosas de las que estaba compuesto. Pues toda disolución es o bien una mera dispersión de los elementos en aquellos elementos de nuevo de los que todo consistía, o bien un cambio de lo que es más sólido en tierra; y de lo que es puro y sutil o espiritual, en aire. De modo que por estos medios nada se pierde, sino que todo es reabsorbido de nuevo en aquellas semillas generativas racionales del universo; y este universo, o bien después de cierto período de tiempo es consumido por el fuego, o bien por cambios continuos se renueva, y así perdura para siempre. Ahora bien, eso sólido y espiritual de lo que hablamos, no debes concebirlo como lo mismo que fue al principio, cuando naciste. Pues ¡ay!, todo esto que ahora eres en cualquiera de los dos tipos, ya sea en materia de sustancia o de vida, hace apenas dos o tres días ha recibido todo su influjo, en parte de alimentos comidos, y en parte de aire respirado, siendo entonces lo mismo solo en el sentido en que un río corriente, mantenido por el influjo perpetuo y nuevo suministro de aguas, es el mismo. Así pues, lo que has recibido desde entonces, no lo que vino de tu madre, es lo que llega al cambio y la corrupción. Pero supón que eso, en cuanto a la sustancia general y parte más sólida de ella, se adhiriera a ti tan estrechamente; sin embargo, ¿qué es eso para las cualidades y afecciones propias de ella, por las cuales se distinguen las personas, que ciertamente son del todo diferentes?
8 Ahora que has tomado sobre ti estos nombres de bueno, modesto, verdadero; de ἔμφρων, σύμφρων, ὑπέρφρων; cuida de que en ningún momento, haciendo algo que sea contrario, seas impropiamente llamado así, y pierdas tu derecho a estas apelaciones. O si lo haces, regresa a ellas de nuevo con toda la rapidez posible. Y recuerda que la palabra ἔμφρων te indica una consideración intenta e inteligente de cada objeto que se te presenta, sin distracción. Y la palabra σύμφρων, una aceptación dispuesta y contenta de lo que sea que, por designio de la naturaleza común, te suceda. Y la palabra ὑπέρφρων, una superextensión, o una disposición trascendente y sobrepasante de tu mente, mediante la cual pasa por alto todos los dolores y placeres corporales, el honor y el crédito, la muerte y cualquier cosa que sea de la misma naturaleza, como asuntos de absoluta indiferencia, y de ningún modo dignos de ser considerados por un hombre sabio. Si observas esto inviolablemente, y no ambicionas ser así llamado por otros, tanto tú mismo te convertirás en un hombre nuevo, como comenzarás una vida nueva. Pues continuar siendo como hasta ahora has sido, soportar esas distracciones y desórdenes que necesariamente debes por una vida como la que hasta ahora has vivido, es propio de quien es muy necio, y está excesivamente apegado a su vida. A quien se podría comparar con uno de esos desdichados medio devorados, enfrentados en el anfiteatro con bestias salvajes; quienes, por más que estén todo el cuerpo cubierto de heridas y sangre, desean como gran favor que sean reservados hasta el día siguiente, para entonces también, y en el mismo estado, ser expuestos a los mismos clavos y dientes de antes. Por tanto, embárcate y aléjate; y de los problemas y distracciones de tu vida anterior transpórtate como si fuera a esos pocos nombres; y si puedes permanecer en ellos, o ser constante en la práctica y posesión de ellos, continúa allí tan contento y gozoso como uno que fuera trasladado a algún lugar de dicha y felicidad como ese que por Hesíodo y Platón es llamado las Islas de los Bienaventurados, y por otros llamado los Campos Elíseos. Y siempre que te encuentres en peligro de una recaída, y no seas capaz de dominar y vencer esas dificultades y tentaciones que se presentan en tu estado actual: retírate a cualquier rincón privado, donde puedas estar mejor capacitado. O si eso no sirve, abandona incluso tu vida. Pero de modo que no sea con pasión sino de manera llana, voluntaria y modesta: siendo esta la única acción encomiable de toda tu vida, que así hayas partido, o habiendo sido este el trabajo y ocupación principal de toda tu vida, que pudieras partir así. Ahora bien, para recordar mejor esos nombres de los que hemos hablado, te resultará de gran ayuda recordar a los dioses tan a menudo como sea posible: y que, lo que ellos requieren de nosotros, de tantos de nosotros como somos por naturaleza criaturas racionales, no es que con bellas palabras y muestra externa de piedad y devoción los adulemos, sino que nos volvamos semejantes a ellos: y que así como todas las demás criaturas naturales, el árbol de higo por ejemplo; el perro, la abeja: hacen todas ellas, y se aplican a aquello que por su constitución natural les es propio; así también el hombre debería hacer aquello que le corresponde por su naturaleza, en tanto es hombre.
9 Juguetes y frivolidades en casa, guerras en el extranjero: a veces terror, a veces torpor, o estúpido letargo: esta es tu esclavitud diaria. Poco a poco, si no cuidas mejor de ello, esos sagrados dogmas serán borrados de tu mente. ¿Cuántas cosas hay, que cuando como mero naturalista has considerado apenas según su naturaleza, dejas pasar sin ningún uso ulterior? Mientras que deberías en todas las cosas unir así la acción y la contemplación, que pudieras al mismo tiempo atender todas las ocasiones presentes, para realizar todo debida y cuidadosamente y sin embargo atender tanto la parte contemplativa también, que no se pierda parte alguna de ese deleite y placer que el conocimiento contemplativo de cada cosa según su verdadera naturaleza proporciona por sí mismo. O, que el verdadero conocimiento contemplativo de cada cosa según su propia naturaleza, pudiera por sí mismo (estando la acción sujeta a muchos impedimentos y obstáculos) proporcionarte suficiente placer y felicidad. No aparente ciertamente, pero no oculta. ¿Y cuándo alcanzarás la felicidad de la verdadera simplicidad y gravedad sin afectación? ¿Cuándo te regocijarás en el conocimiento cierto de cada objeto particular según su verdadera naturaleza: qué es su materia y sustancia; para qué uso está en el mundo: cuánto tiempo puede subsistir: de qué cosas consiste: quiénes son los capaces de él, y quiénes los que pueden darlo y quitarlo?
10 Como la araña, cuando ha atrapado la mosca que perseguía, no está poco orgullosa, ni tiene poca estima de sí misma: como aquel igualmente que ha cazado una liebre, o ha tomado un pez con su red: como otro por haber tomado un jabalí, y otro un oso: así pueden estar orgullosos, y aplaudirse a sí mismos por sus actos valientes contra los sármatas, o naciones septentrionales recientemente derrotadas. Pues estos también, estos famosos soldados y hombres belicosos, si miras dentro de sus mentes y opiniones, ¿qué hacen en su mayoría sino cazar presas?
11 Descubrir y establecerte algún cierto modo y método de contemplación, mediante el cual puedas discernir claramente y representarte a ti mismo el cambio mutuo de todas las cosas, la una en la otra. Tenlo siempre presente en tu mente, y procura estar completamente bien ejercitado en este particular. Pues no hay nada más eficaz para engendrar verdadera magnanimidad.
12 Se ha liberado de las ataduras de su cuerpo, y percibiendo que dentro de muy poco debe necesariamente despedirse del mundo, y dejar todas estas cosas detrás, se aplicó enteramente, tanto a la rectitud en todas sus acciones, como a la naturaleza común en todas las cosas que le sucedieran. Y contentándose con estas dos cosas, hacer todas las cosas justamente, y cualquier cosa que Dios envíe apreciarla bien: lo que otros digan o piensen de él, o hagan contra él, ni siquiera turba sus pensamientos con ello. Seguir adelante en línea recta, adonde la razón y el sentido correcto lo dirigieran, y así seguir a Dios, era lo único que tenía en mente, ese, su único negocio y ocupación.
13 ¿Qué uso hay de la sospecha en absoluto? o, ¿por qué deberían pensamientos de desconfianza y sospecha acerca de lo que es futuro turbar tu mente en absoluto? ¿Qué hay que hacer ahora, si puedes investigar e indagar en ello, qué necesitas preocuparte por más? Y si eres bien capaz de percibirlo solo, no dejes que nadie te desvíe de ello. Pero si solo no lo percibes tan bien, suspende tu acción, y toma consejo de los mejores. Y si hay algo más que te obstaculice, prosigue con prudencia y discreción, según la ocasión y oportunidad presente, proponiendo siempre ante ti aquello que concibes más recto y justo. Pues acertar en eso, y tener éxito en su prosecución, debe necesariamente ser felicidad, ya que es eso solo de lo que podemos verdadera y propiamente decirse que erramos, o fracasamos.
14 ¿Qué es eso que es lento, y sin embargo rápido? ¿alegre, y sin embargo grave? Aquel que en todas las cosas sigue la razón como guía.
15 Por la mañana, tan pronto como despiertes, cuando tu juicio, antes de que tus afectos u objetos externos hayan actuado sobre él, esté todavía más libre e imparcial: hazte esta pregunta, si aquello que es recto y justo se hace, el hacerlo tú mismo, o por otros cuando tú no eres capaz; ¿es algo importante o no? Pues seguramente no lo es. Y en cuanto a estos que llevan tal vida, y tanto se basan en las alabanzas o censuras de otros hombres, ¿has olvidado qué clase de hombres son? que tales y tales en sus camas, y tales en su mesa: cuáles son sus acciones ordinarias: qué persiguen, y de qué huyen: qué robos y rapiñas cometen, si no con sus manos y pies, sin embargo con esa parte más preciosa suya, sus mentes: que (si tan solo lo admitiera) podría disfrutar de fe, modestia, verdad, justicia, buen espíritu.
16 Da lo que quieras, y toma lo que quieras, dice aquel que está bien instruido y verdaderamente modesto, a Aquel que da y quita. Y no lo dice con una resolución altiva y perentoria, sino en mero amor y humilde sumisión.
17 Vive tan indiferente al mundo y todos los objetos mundanos, como quien vive solo consigo mismo en alguna colina desierta. Pues ya sea aquí o allí, si el mundo entero es como una sola ciudad, no importa mucho el lugar. Que contemplen y vean a un hombre, que es un hombre en verdad, viviendo según la verdadera naturaleza del hombre. Si no pueden soportarme, que me maten. Pues mejor sería morir, que vivir como ellos querrían que vivas.
18 No hagas ya más tiempo materia de disputa o discurso cuáles son los signos y propiedades de un hombre bueno, sino realmente y efectivamente sé tal.
19 Representarte siempre y poner ante ti, tanto la edad y tiempo general del mundo, como la sustancia entera de él. Y cómo todas las cosas particulares respecto a estas son, por su sustancia, como una de las más pequeñas semillas que hay: y por su duración, como el giro del mortero una vez alrededor. Luego fijar tu mente en cada objeto particular del mundo, y concebirlo (como es en verdad) como ya estando en el estado de disolución y de cambio; tendiendo a algún tipo de putrefacción o dispersión; o cualquier otra cosa que sea, que es la muerte por así decirlo de cada cosa en su propio tipo.
20 Contémpialos a través de todas las acciones y ocupaciones de sus vidas: como cuando comen, y cuando duermen: cuando están en el acto de la excreción necesaria, y cuando en el acto de la lujuria. De nuevo, cuando están en su mayor exultación; y en medio de toda su pompa y gloria; o estando enojados y disgustados, en gran estado y majestad, como desde un lugar superior, reprenden y reprochan. Cuán bajos y serviles, hace solo un poco, tuvieron que ser, para poder llegar a esto; y dentro de muy poco cuál será su estado, cuando la muerte se haya apoderado de ellos.
21 Eso es lo mejor para cada uno, que la naturaleza común de todos envía a cada uno, y entonces es lo mejor, cuando ella lo envía.
22 La tierra, dice el poeta, a menudo anhela la lluvia. Así también el glorioso cielo a menudo está tan deseoso de caer sobre la tierra, lo que argumenta una mutua especie de amor entre ellos. Y así (digo yo) el mundo tiene cierto afecto de amor hacia cualquier cosa que haya de suceder. Con tus afectos coincidirán los míos, oh mundo. Lo mismo (y no otro) será el objeto de mi anhelo que es del tuyo. Ahora bien, que el mundo lo ama es ciertamente verdad así como se dice y reconoce comúnmente, cuando, según la frase griega, imitada por los latinos, de cosas que suelen ser, decimos comúnmente, que aman ser.
23 O bien continúas en este tipo de vida y eso es aquello a lo que tanto tiempo has estado acostumbrado y por tanto tolerable: o te retiras, o dejas el mundo, y eso por tu propia voluntad, y entonces tienes tu propósito: o tu vida es cortada; y entonces puedes regocijarte de que has terminado tu encargo. Una de estas debe ser necesariamente. Por tanto, ten buen ánimo.
24 Que siempre te parezca y sea manifiesto que la soledad, y los lugares desiertos, tan estimados y buscados por muchos filósofos, son de por sí solo así y así; y que todas las cosas son para ellos lo que son para los que viven en ciudades, y conversan con otros, de la misma naturaleza en todas partes a ser vistas y observadas: para aquellos que se han retirado a las cimas de montañas, y a refugios desiertos, o cualesquiera otros lugares desiertos e inhabitados. Pues en cualquier lugar, si lo quieres, puedes encontrar rápidamente y aplicar a ti mismo aquello que Platón dice de su filósofo, en un pasaje: tan privado y retirado, dice, como si estuviera encerrado en algún refugio de pastor, en la cima de una colina. Allí, por ti mismo, hazte estas preguntas o entra en estas consideraciones: ¿Cuál es mi parte principal y predominante, que tiene poder sobre el resto? ¿Cuál es ahora su estado presente, según la uso; y en qué la empleo? ¿Está ahora vacía de razón o no? ¿Está libre y separada; o tan fija, tan congelada y crecida junto con la carne, que es balanceada por los movimientos e inclinaciones de ella?
25 El que huye de su amo es un fugitivo. Pero la ley es el amo de cada hombre. Aquel por tanto que abandona la ley, es un fugitivo. Así también lo es, quienquiera que sea, que esté triste, enojado o temeroso, o por cualquier cosa que haya sido, es, o será por su designio, que es el Señor y Gobernador del universo. Pues él verdadera y propiamente es Νόμος, o la ley, como el único νέμων, o distribuidor y dispensador de todas las cosas que suceden a cualquiera en su vida—Quienquiera entonces que esté triste, enojado o temeroso, es un fugitivo.
26 Del hombre viene la semilla, que una vez arrojada en el vientre, el hombre no tiene más que hacer con ella. Otra causa sucede, y emprende el trabajo, y con el tiempo trae un niño (¡ese efecto maravilloso de tal comienzo!) a la perfección. De nuevo, el hombre deja caer el alimento por su garganta; y una vez abajo, no tiene más que hacer con él. Otra causa sucede y distribuye este alimento en los sentidos y las afecciones: en vida, y en fuerza; y hace con él esas otras muchas y maravillosas cosas, que pertenecen al hombre. Estas cosas por tanto que son tan secreta e invisiblemente obradas y llevadas a cabo, debes acostumbrarte a contemplar; y no solo las cosas mismas, sino también el poder por el cual son efectuadas; para que puedas contemplarlo, aunque no con los ojos del cuerpo, sin embargo tan clara y visiblemente como puedes ver y discernir la causa eficiente externa de la depresión y elevación de cualquier cosa.
27 Tener siempre presente y considerar contigo mismo; cómo todas las cosas que ahora son, han sido antiguamente de la misma manera, y según la misma forma que ahora son: y pensar así en aquellas cosas que serán de aquí en adelante también. Además, dramas enteros, y escenas uniformes, o escenas que comprenden las vidas y acciones de hombres de un mismo oficio y profesión, tantos como ya sea en tu propia experiencia has conocido, o por lectura de historias antiguas; (como toda la corte de Adriano, toda la corte de Antonino Pío, toda la corte de Filipo, la de Alejandro, la de Creso): ponerlos todos ante tus ojos. Pues encontrarás que todos son de una misma clase y forma: solo que los actores eran otros.
28 Como un cerdo que grita y se agita cuando le cortan el cuello, imagínate a cada uno que se lamenta por cualquier cosa mundana y se queja. Tal es también aquel que, solo en su cama, lamenta las miserias de esta nuestra vida mortal. Y recuerda esto, que solo a las criaturas racionales les es concedido que puedan voluntaria y libremente someterse a la Providencia: pero someterse absolutamente, es una necesidad impuesta sobre todas las criaturas por igual.
29 Sea lo que sea aquello que emprendas, considéralo por ti mismo, y pregúntate: ¿Qué? ¿porque ya no haré esto cuando esté muerto, debería por tanto la muerte parecerme penosa?
30 Cuando te ofendas por la transgresión de algún hombre, reflexiona inmediatamente sobre ti mismo; y considera de qué eres tú mismo culpable en el mismo tipo. Como que tú también quizás piensas que es una felicidad ya sea ser rico, o vivir en placer, o ser alabado y elogiado, y así sucesivamente en particular. Pues si traes esto a la memoria, pronto olvidarás tu enojo; especialmente cuando al mismo tiempo esto también concurra en tus pensamientos, que él fue constreñido por su error e ignorancia a hacer así: pues ¿cómo puede elegir mientras tenga esa opinión? Haz tú por tanto si puedes, quitar de él aquello que lo fuerza a hacer como hace.
31 Cuando veas a Sátiro, piensa en Socrático y Eutiques, o Himen, y cuando en Eufrates, piensa en Eutiquio y Silvano, cuando en Alcífrón, en Trofaeóforo, cuando en Jenofonte, en Critón o Severo. Y cuando te mires a ti mismo, imagínate a alguno u otro de los Césares; y así para cada uno, a alguno u otro que haya sido por estado y profesión semejante a él. Entonces que esto venga a tu mente al mismo tiempo; ¿y dónde están ahora todos ellos? En ninguna parte o en cualquier parte. Pues así podrás en todo momento percibir cómo todas las cosas mundanas son solo como el humo, que se desvanece: o, ciertamente, mera nada. Especialmente cuando traigas a la mente esto también, que lo que una vez se cambia, no volverá a ser jamás mientras el mundo dure. Y tú entonces, ¿cuánto tiempo durarás? ¿Y por qué no te basta, si virtuosamente, y como te corresponde, puedes pasar esa porción de tiempo, por pequeña que sea, que te está asignada?
32 ¡Qué sujeto, y qué curso de vida es ese, del que tanto deseas deshacerte! Pues todas estas cosas, ¿qué son, sino objetos aptos para un entendimiento que contempla todo según su verdadera naturaleza, para ejercitarse sobre él? Sé paciente, por tanto, hasta que (como un estómago fuerte que convierte todas las cosas en su propia naturaleza; y como un gran fuego que convierte en llama y luz, cualquier cosa que arrojes en él) hayas hecho también estas cosas familiares, y como si fueran naturales para ti.
33 Que no esté en poder de ningún hombre decir con verdad de ti, que no eres verdaderamente simple, o sincero y abierto, o no bueno. Que se engañe quienquiera que tenga tal opinión de ti. Pues todo esto depende de ti. Pues ¿quién es el que debería impedirte ser verdaderamente simple o bueno? Tú solo resuelve más bien no vivir, que no ser tal. Pues ciertamente tampoco está de acuerdo con la razón que quien no es tal, viva. ¿Qué es entonces lo que en esta ocasión presente según la mejor razón y discreción, puede ser dicho o hecho? Pues sea lo que sea, está en tu poder hacerlo o decirlo, y por tanto no busques pretextos, como si estuvieras obstaculizado. Nunca cesarás de gemir y quejarte, hasta el momento en que aquello, lo que el placer es para el voluptuoso, sea para ti, hacer en todo lo que se presente, cualquier cosa que pueda hacerse conforme y agradablemente a la constitución propia del hombre, o, al hombre en tanto es hombre. Pues debes considerar placer, sea lo que sea, que puedas hacer según tu propia naturaleza. Y hacer esto, todo lugar te conviene. Al cilindro, o rodillo, no le es concedido moverse en todas partes según su propio movimiento propio, como tampoco al agua, ni al fuego, ni a ninguna otra cosa que sea meramente natural, o natural y sensible; pero no racional: pues muchas cosas hay que pueden obstaculizar sus operaciones. Pero de la mente y el entendimiento este es el privilegio propio, que según su propia naturaleza, y como quiere ella misma, puede pasar a través de todo obstáculo que encuentre, y seguir adelante en línea recta. Poniendo por tanto ante tus ojos esta felicidad y dicha de tu mente, mediante la cual es capaz de pasar a través de todas las cosas, y es capaz de todos los movimientos, ya sea como el fuego, hacia arriba; o como la piedra hacia abajo, o como el cilindro a través de lo que es inclinado: conténtate con ella, y no busques ninguna otra cosa. Pues todos los demás tipos de obstáculos que no son obstáculos de tu mente o bien son propios del cuerpo, o bien meramente proceden de la opinión, no haciendo la razón la resistencia que debiera, sino dejándose vencer vil y cobardemente; y de sí mismos no pueden ni herir, ni hacer daño alguno. De otro modo, necesariamente, quienquiera que sea que se encuentre con cualquiera de ellos, se volvería peor de lo que era antes. Pues así es en todos los demás sujetos, que aquello se considera dañino para ellos, por lo cual se vuelven peores. Pero aquí por el contrario, el hombre (si hace el buen uso que debiera de ellos) es más bien mejor y más digno de alabanza por cualquiera de esos tipos de obstáculos, que de otro modo. Pero en general recuerda que nada puede herir a un ciudadano natural, que no sea dañino para la ciudad misma, ni nada herir a la ciudad, que no sea dañino para la ley misma. Pero ninguna de estas casualidades, u obstáculos externos, perjudica la ley misma; o, son contrarios a ese curso de justicia y equidad, por el cual las sociedades públicas se mantienen: tampoco por tanto perjudican ni a la ciudad ni al ciudadano.
34 Como aquel que es mordido por un perro rabioso, tiene miedo de casi todo lo que ve: así para aquel, a quien los dogmas han mordido una vez, o en quien el verdadero conocimiento ha hecho una impresión, casi todo lo que ve o lee, por breve u ordinario que sea, le proporciona un buen recordatorio; para sacarlo de toda pena y temor, como aquel del poeta: 'Los vientos soplan sobre los árboles, y sus hojas caen sobre el suelo. Entonces los árboles comienzan a brotar de nuevo, y en primavera brotan nuevas ramas. Así es la generación de los hombres; algunos vienen al mundo, y otros se van de él.' De estas hojas entonces son tus hijos. Y también aquellos que te aplauden tan gravemente, o que aplauden tus discursos, con esa su aclamación usual, ἀξιοπίστως, ¡Oh sabiamente hablado! y hablan bien de ti, como por otro lado, aquellos que no vacilan en maldecirte, aquellos que privada y secretamente te desprecian y se burlan de ti, ellos también son solo hojas. Y también aquellos que seguirán, en cuyas memorias se preservan los nombres de hombres famosos después de la muerte, ellos tampoco son sino hojas. Pues así es de todas estas cosas mundanas. Llega su primavera, y brotan. Entonces sopla el viento, y bajan. Y luego en lugar de ellas crecen otras de la madera o materia común de todas las cosas, semejantes a ellas. Pero, durar solo por un tiempo, es común a todas. ¿Por qué entonces deberías tan seriamente buscar o huir de estas cosas, como si debieran durar para siempre? Todavía un poco, y tus ojos se cerrarán, y por aquel que te lleve a tu tumba, otro llorará dentro de poco tiempo después.
35 Un buen ojo debe ser bueno para ver cualquier cosa que haya que ver, y no solo cosas verdes. Pues eso es propio de ojos enfermos. Así también un buen oído, y un buen olfato deben estar listos para cualquier cosa que haya que oír u oler: y un buen estómago tan indiferente a toda clase de alimentos, como una piedra de molino es, para cualquier cosa que fue hecha para moler. Tan lista por tanto debe estar una comprensión sana para cualquier cosa que suceda. Pero el que dice: ¡Oh, que mis hijos pudieran vivir! y, ¡Oh, que todos los hombres me elogiaran por cualquier cosa que haga! es un ojo que busca cosas verdes; o como dientes, aquello que es tierno.
36 No hay ningún hombre que sea tan feliz en su muerte, que algunos de aquellos que están junto a él cuando muere, no estén listos para regocijarse de su supuesta calamidad. ¿Es uno que fue virtuoso y sabio en verdad? ¿no se encontrará alguien u otro, que así dirá para sí mismo; 'Bien ahora por fin estaré en paz de este pedagogo. No nos molestaba mucho de otro modo: pero sé bien que en su corazón, nos condenaba mucho.' Así hablarán de los virtuosos. Pero en cuanto a nosotros, ¡ay! cuántas cosas hay, por las cuales hay muchos que con gusto querrían librarse de nosotros. Si piensas en esto siempre que mueras, morirás más voluntariamente, cuando pienses contigo mismo: Ahora voy a partir de ese mundo, en el cual aquellos que han sido mis amigos y conocidos más cercanos, ellos por quienes tanto he sufrido, por quienes he orado tan a menudo, y por quienes he tenido tanto cuidado, incluso ellos querrían que yo muriera, esperando que después de mi muerte vivirán más felices que antes. ¿Qué entonces debería algún hombre desear continuar aquí más tiempo? Sin embargo, siempre que mueras, no debes ser menos amable y cariñoso con ellos por ello; sino como antes, verlos, continuar siendo su amigo, desearles bien, y suave y gentilmente comportarte hacia ellos, pero así que por otro lado, no te haga más reacio a morir. Sino como le sucede a aquellos que mueren una muerte fácil y rápida, cuya alma se separa pronto de sus cuerpos, así debe ser tu separación de ellos. A estos me había unido y anexado la naturaleza: ahora nos separa; estoy listo para partir, como de amigos y parientes, pero sin embargo sin reluctancia ni compulsión. Pues esto también está de acuerdo con la Naturaleza.
37 Acostúmbrate; tan a menudo como veas a algún hombre hacer algo, inmediatamente (si es posible) a decirte a ti mismo: ¿Cuál es el fin de este hombre en esta su acción? Pero comienza este curso primero de todo contigo mismo, y examínate diligentemente a ti mismo acerca de cualquier cosa que hagas.
38 Recuerda, que aquello que pone a un hombre a trabajar, y tiene poder sobre las afecciones para atraerlas de una manera u otra, no es propiamente ninguna cosa externa, sino aquello que está oculto dentro de los dogmas y opiniones de cada hombre: Eso, esa es la retórica; esa es la vida; ese (para decir verdad) es el hombre mismo. En cuanto a tu cuerpo, que como un recipiente, o estuche, te rodea, y los muchos y curiosos instrumentos que tiene anexados, que no turben tus pensamientos. Pues de por sí mismos son solo como el hacha de un carpintero, pero que han nacido con nosotros, y se adhieren naturalmente a nosotros. Pero de otro modo, sin la causa interna que tiene poder para moverlos y restringirlos, esas partes son de por sí de no más uso para nosotros, que la lanzadera es de por sí para el tejedor, o la pluma para el escritor, o el látigo para el cochero.
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