Libro 7Opinión y juicio
1 ¿Qué es la maldad? Es aquello que muchas veces ya has visto y conocido en el mundo. Y cada vez que suceda algo que de otro modo pudiera perturbarte, que este recuerdo acuda de inmediato a tu mente: que es algo que ya has visto y conocido muchas veces. En general, arriba y abajo, encontrarás las mismas cosas. Las mismas cosas de las que están llenas las historias antiguas, las historias de tiempos medios y las historias recientes; de las que están llenas las ciudades y las casas. No hay nada que sea nuevo. Todas las cosas que existen son habituales y de poca duración.
2 ¿Qué temor hay de que tus dogmas, o resoluciones y conclusiones filosóficas, se vuelvan inertes en ti y pierdan su poder propio y su eficacia para hacerte vivir feliz, mientras mantengas frescas y vivas aquellas representaciones e imágenes propias y correlativas de las cosas de las que mutuamente dependen (cuya reactivación y revitalización continua está en tu poder)? Está en mi poder, respecto de esta cosa que ha sucedido, sea cual sea, concebir aquello que es correcto y verdadero. Si lo está, ¿por qué entonces me perturbo? Aquellas cosas que están fuera de mi entendimiento, nada son para él: y eso es lo único que propiamente me concierne. Mantente siempre en esta disposición, y estarás bien.
3 Aquello que la mayoría de los hombres considerarían la mayor felicidad y preferirían por encima de todo, si los dioses se lo concedieran después de su muerte, tú puedes concedértelo a ti mismo mientras vives: vivir de nuevo. Contempla las cosas del mundo otra vez, como ya las has visto. Pues ¿qué otra cosa es vivir de nuevo? Espectáculos públicos y solemnidades con mucha pompa y vanidad, representaciones teatrales, rebaños y manadas; conflictos y disputas: un hueso arrojado a una jauría de perros hambrientos; un cebo para peces voraces; el esfuerzo penoso y la carga continua de las miserables hormigas; el correteo de ratones aterrorizados: pequeños títeres movidos arriba y abajo con alambres y nervios. Estos son los objetos del mundo; entre todos ellos debes mantenerte firme, afectado con dulzura y libre de toda forma de indignación; con esta justa consideración y aprehensión: que así como es el valor de aquellas cosas que un hombre desea, así es en verdad el valor de cada hombre, ni más ni menos.
4 Palabra tras palabra, cada una por sí misma, deben concebirse y entenderse las cosas que se dicen; y así las cosas que se hacen, propósito tras propósito, cada uno por sí mismo igualmente. Y así como en materia de propósitos y acciones debemos ver de inmediato cuál es el uso propio y la relación de cada uno, así respecto de las palabras debemos estar igual de dispuestos a considerar de cada una cuál es su verdadero significado y sentido según la verdad y la naturaleza, sea cual sea el sentido que tenga en el uso común.
5 ¿Son mi razón y mi entendimiento suficientes para esto, o no? Si son suficientes, sin ningún aplauso privado ni ostentación pública, haré uso de ellos para la tarea que tengo entre manos, como de un instrumento del que la naturaleza me ha provisto. Si no son suficientes, y además no me compete como deber particular y privado, o bien lo abandonaré y lo dejaré para otro que pueda hacerlo mejor, o bien me esforzaré en ello, pero con la ayuda de otro que, con el apoyo conjunto de mi razón, sea capaz de llevar a cabo algo que será ahora oportuno y útil para el bien común. Pues cualquier cosa que haga, ya sea por mí mismo o con otro, lo único que debo pretender es que sea bueno y conveniente para el público. Porque en cuanto a la alabanza, considera cuántos de los que una vez fueron muy elogiados ya están completamente olvidados, y aquellos que los elogiaban, cómo incluso ellos mismos hace tiempo que murieron y desaparecieron. No te avergüences, por tanto, cuando debas recurrir a la ayuda de otros. Pues cualquiera que sea la tarea que te corresponda realizar, debes proponértela como el asalto de murallas para un soldado. Y ¿qué importa si por cojera o algún otro impedimento no puedes alcanzar solo la cima de las almenas, pero con la ayuda de otro sí puedes? ¿Vas por ello a abandonarlo, o a abordarlo con menos valor y disposición, porque no puedes realizarlo completamente solo?
6 No dejes que las cosas futuras te perturben. Pues si la necesidad requiere que sucedan, estarás (cuando llegue el momento) provisto para ellas con la misma razón mediante la cual todo lo que es ahora presente se te hace tolerable y aceptable. Todas las cosas están vinculadas y unidas entre sí, y el nudo es sagrado; no hay nada en el mundo que no sea afín y natural respecto de cualquier otra cosa, o que no tenga algún tipo de referencia y correspondencia natural con todo lo demás que hay en el mundo. Pues todas las cosas están ordenadas juntas, y por la decencia del lugar y orden que cada cosa particular observa, todas concurren a hacer un mismo y único cosmos o mundo: como si dijeras, una pieza armoniosa, o una composición ordenada. Pues a través de todas las cosas hay un solo y mismo orden; y a través de todas las cosas, un solo y mismo Dios, la misma sustancia y la misma ley. Hay una razón común y una verdad común que pertenece a todas las criaturas racionales, pues no hay sino una sola perfección de todas las criaturas que son de la misma clase y participan de la misma razón.
7 Todo lo que es material pronto se desvanece en la sustancia común del todo; y todo lo que es formal, o todo lo que anima lo que es material, pronto es reabsorbido en la razón común del todo; y la fama y memoria de cualquier cosa pronto queda tragada por la edad y duración general del todo.
8 Para una criatura racional, la misma acción es tanto conforme a la naturaleza como conforme a la razón.
9 Recto por sí mismo, no enderezado.
10 Como varios miembros unidos en un cuerpo, así son las criaturas racionales en un cuerpo dividido y disperso, todas hechas y preparadas para una operación común. Y esto lo comprenderás mejor si acostumbras a decirte a ti mismo: soy mélos, un miembro de la masa y el cuerpo de las sustancias racionales. Pero si dices que eres méros, una parte, aún no amas a los hombres de corazón. El gozo que experimentas en el ejercicio de la bondad aún no está fundado en una justa consideración y aprehensión correcta de la naturaleza de las cosas. Lo ejercitas todavía sobre esta base simplemente, como algo conveniente y apropiado; no como haciendo bien a ti mismo cuando haces bien a otros.
11 De las cosas externas, que suceda lo que quiera a aquello que puede sufrir por accidentes externos. Que se quejen esas cosas que sufren, si así lo quieren; en cuanto a mí, mientras no conciba tal cosa, que lo que ha sucedido es un mal, no sufro daño alguno; y está en mi poder no concebir tal cosa.
12 Haga o diga cualquier hombre lo que sea, tú debes ser bueno; no por consideración a ningún hombre, sino por la naturaleza propia de tu ser; como si el oro, o la esmeralda, o la púrpura, estuvieran siempre diciéndose a sí mismos: haga o diga cualquier hombre lo que sea, yo debo seguir siendo una esmeralda y conservar mi color.
13 Este puede ser siempre mi consuelo y seguridad: mi entendimiento, que gobierna sobre todo, no se traerá a sí mismo problemas y vejaciones. Esto digo: no se pondrá a sí mismo en ningún temor, no se conducirá a sí mismo hacia ninguna concupiscencia. Si está en el poder de otro obligarlo a temer o afligirse, es libre de usar su poder. Pero sin duda, si él mismo no se inclina, por alguna opinión o suposición falsa, hacia tal disposición, no hay temor. Pues en cuanto al cuerpo, ¿por qué habría de hacer que el dolor de mi cuerpo sea el dolor de mi mente? Si el cuerpo mismo puede temer o quejarse, que lo haga. Pero en cuanto al alma, que de hecho es la única que puede verdaderamente ser sensible al temor o al dolor, a la cual únicamente le corresponde, según sus diferentes imaginaciones y opiniones, admitir cualquiera de estas o sus contrarios, puedes velar tú mismo para que no sufra nada. No la induzcas a tal opinión o persuasión. El entendimiento se basta a sí mismo, y no necesita (si él mismo no se lleva a necesitar) ninguna otra cosa fuera de sí mismo, y por consiguiente, como no necesita nada, tampoco puede ser perturbado ni obstaculizado por nada, si él mismo no se perturba ni se obstaculiza.
14 ¿Qué es eudaimonía, o felicidad, sino agathos daimon, un buen demon o espíritu? ¿Qué haces aquí entonces, oh opinión? Por los dioses te conjuro, que te vayas como viniste: pues no te necesito. Viniste a mí ciertamente según tu antigua costumbre habitual. Eso es a lo que todos los hombres siempre han estado sujetos. Que vinieras, por tanto, no me enfada contigo; sólo vete, ahora que he descubierto lo que eres.
15 ¿Hay alguien tan necio como para temer el cambio, al cual todas las cosas que alguna vez no existieron deben su ser? ¿Y qué hay que sea más grato y más familiar a la naturaleza del universo? ¿Cómo podrías tú mismo disfrutar de tus baños calientes habituales, si la madera que los calienta no se transformara primero? ¿Cómo podrías recibir algún alimento de las cosas que has comido, si no se transformaran? ¿Puede algo más (que sea útil y provechoso) realizarse sin cambio? ¿No percibes entonces que para ti también llegar al cambio por medio de la muerte es algo de la misma naturaleza, e igualmente necesario para la naturaleza del universo?
16 A través de la sustancia del universo, como a través de un torrente, pasan todos los cuerpos particulares, siendo todos de la misma naturaleza, y todos colaboradores con el universo mismo, como en uno de nuestros cuerpos tantos miembros entre sí. Cuántos como Crisipo, cuántos como Sócrates, cuántos como Epicteto, hace ya mucho que la edad del mundo los tragó y devoró. Que esto, ya se trate de hombres o de asuntos, en los que tengas ocasión de pensar, venga de inmediato a tu mente, para que tus pensamientos no se distraigan y tu mente no se fije demasiado intensamente en nada. De todos mis pensamientos y preocupaciones, una sola cosa será el objeto: que yo mismo no haga nada que sea contrario a la constitución propia del hombre (ya sea en cuanto a la cosa misma, o en cuanto al modo o al momento de hacerla). El tiempo en que habrás olvidado todas las cosas está cerca. Y ese tiempo también está cerca en que tú mismo serás olvidado por todos. Mientras existas, aplícate especialmente a aquello que es más propio y adecuado al hombre en cuanto hombre, y eso es amar incluso a aquellos que pecan contra él. Esto será posible si al mismo tiempo que sucede algo tal, recuerdas que son tus parientes; que es por ignorancia y contra su voluntad que pecan; y que dentro de muy poco tiempo, tanto tú como él dejarán de existir. Pero sobre todo, que no te ha hecho ningún daño; pues por él tu mente y entendimiento no se han vuelto peores ni más viles de lo que eran antes.
17 La naturaleza del universo, de la sustancia común de todas las cosas, como si fuera de tanta cera, ha formado quizás ahora un caballo; y luego, destruyendo esa figura, ha templado y moldeado nuevamente la materia en la forma y sustancia de un árbol; después aquello de nuevo en la forma y sustancia de un hombre; y después aquello de nuevo en alguna otra. Ahora bien, cada una de estas cosas subsiste sólo por muy poco tiempo. Si no es una cosa penosa para el cofre o el baúl ser ensamblados, ¿por qué habría de ser más penoso ser desarmados?
18 Un semblante airado va mucho contra la naturaleza, y es a menudo el semblante propio de aquellos que están al borde de la muerte. Pero aunque fuera así, que toda ira y pasión estuvieran tan completamente extinguidas en ti que fuera del todo imposible encenderlas de nuevo, aun así no debes conformarte con esto, sino que debes esforzarte más, por buena consecuencia de verdadera consideración racional, en concebir y entender perfectamente que toda ira y pasión es contraria a la razón. Pues si no eres sensible a tu inocencia; si también te abandona el consuelo de una buena conciencia, de que haces todas las cosas según la razón: ¿para qué habrías de vivir más tiempo? Todas las cosas que ahora ves son solo por un momento. Esa naturaleza por la cual todas las cosas en el mundo son administradas pronto traerá cambio y alteración sobre ellas, y luego de sus sustancias hará otras cosas semejantes a ellas; y luego, poco después, otras más de la materia y sustancia de estas: de modo que por estos medios el mundo pueda aparecer siempre fresco y nuevo.
19 Cuando cualquier hombre peque contra otro, considera de inmediato contigo mismo qué era lo que él suponía ser bueno, qué ser malo, cuando pecó. Pues cuando sepas esto, le compadecerás; no tendrás motivo ni para asombrarte ni para enojarte. Porque o tú mismo vives todavía en ese error e ignorancia, de modo que supones que eso mismo que él hace, u otra cosa mundana semejante, es buena; y entonces estás obligado a perdonarlo si ha hecho lo que tú en el mismo caso habrías hecho. O bien, si ya no supones que las mismas cosas sean buenas o malas que él supone, ¿cómo no puedes ser indulgente con quien está en un error?
20 No te imagines las cosas futuras como si estuvieran presentes, sino de aquellas que están presentes, toma aparte algunas de las que más provecho sacas, y considera particularmente cuánto las echarías de menos si no estuvieran presentes. Pero cuídate al mismo tiempo de que, mientras asientas tu satisfacción en las cosas presentes, no llegues con el tiempo a sobrevalorarlas tanto, que su ausencia (cuando así suceda) sea para ti un problema y una vejación. Recógete en ti mismo. Tal es la naturaleza de tu parte rectora racional, que si ejercita la justicia y tiene por ese medio tranquilidad dentro de sí, descansa plenamente satisfecha consigo misma sin ninguna otra cosa.
21 Borra toda opinión; detén la fuerza y violencia de las pasiones y afectos irracionales; circunscribe el tiempo presente; examina lo que sea que haya sucedido, ya sea a ti o a otro; divide todos los objetos presentes, ya sea en lo que es formal o material; piensa en la hora postrera. Aquello que tu prójimo ha cometido, donde reside la culpa de ello, allí déjala descansar. Examina en orden todo lo que se dice. Que tu mente penetre tanto en los efectos como en las causas. Regocíjate con verdadera simplicidad y modestia; y en que todas las cosas intermedias entre la virtud y el vicio te son indiferentes. Finalmente, ama a la humanidad; obedece a Dios.
22 Todas las cosas (dice él) son por cierto orden y designio. ¿Y qué si solo los elementos? Bastará recordar que todas las cosas en general son por cierto orden y designio; o si son solo unas pocas. Y en cuanto a la muerte, que o bien sobrevendrá dispersión, o los átomos, o aniquilación, o extinción, o traslación. Y en cuanto al dolor, que lo que es intolerable pronto termina con la muerte; y lo que se prolonga debe ser tolerable; y que la mente mientras tanto (que es todo en todo) puede, por vía de interclusión o intercepción, deteniendo todo tipo de comercio y simpatía con el cuerpo, conservar aún su propia tranquilidad. Tu entendimiento no se vuelve peor por ello. En cuanto a aquellas partes que sufren, que ellas, si pueden, declaren su dolor. En cuanto a alabanzas y encomios, observa su mente y entendimiento, en qué estado están; qué clase de cosas evitan y qué cosas buscan; y que como en la orilla del mar, todo lo que antes se veía es pronto ocultado y cubierto por la continua sucesión de nuevos montones de arena arrojados unos sobre otros; así en esta vida, todas las cosas anteriores por aquellas que inmediatamente las suceden.
23 De Platón: 'Aquel cuya mente está dotada de verdadera magnanimidad, que se ha acostumbrado a la contemplación tanto de todos los tiempos como de todas las cosas en general, ¿puede (piensas tú) esta vida mortal parecerle algo de gran importancia? No es posible, respondió él. Entonces tampoco considerará tal hombre la muerte como algo penoso. De ninguna manera.'
24 De Antístenes: 'Es cosa principesca obrar bien y ser mal hablado. Es cosa vergonzosa que el rostro esté sujeto a la mente, para ser puesto en la forma que ella quiera y ser dispuesto por ella como ella quiera; y que la mente no dedique tanto cuidado a sí misma como para modelarse y componerse del modo que mejor le conviene.'
25 De varios poetas y cómicos: 'Poco te valdrá volver tu ira e indignación sobre las cosas mismas que te han sobrevenido. Pues en cuanto a ellas, no son sensibles a ello, etc. Solo te harás objeto de risa tanto para los dioses como para los hombres, etc. Nuestra vida es segada como una espiga madura de trigo; una aún está en pie y otra caída, etc. Pero si yo y mis hijos somos desatendidos por los dioses, hay alguna razón incluso para eso, etc. Mientras la justicia y la equidad estén de mi lado, etc. No lamentarse con ellos, no temblar, etc.'
26 De Platón: 'Mi respuesta, llena de justicia y equidad, debería ser esta: Tu discurso no es correcto, oh hombre, si supones que un hombre que es de algún valor debería considerar la vida o la muerte como un asunto de gran riesgo y peligro; y no debería hacer más bien de esto su único cuidado: examinar sus propias acciones, si son justas o injustas; si son acciones de un hombre bueno o de un hombre malvado, etc. Pues así en verdad están las cosas, oh hombres de Atenas. Cualquier lugar o posición que un hombre haya elegido para sí, juzgándola lo mejor para sí mismo, o en la que haya sido puesto y establecido por autoridad legítima, en ella pienso yo (a pesar de toda apariencia de peligro) que debe permanecer, como uno que no teme ni la muerte ni ninguna otra cosa tanto como teme cometer algo que sea vicioso y vergonzoso, etc. Pero, oh noble señor, considera te ruego, si la verdadera generosidad y la verdadera felicidad no consisten más bien en algo más que en la preservación de nuestra vida o la de otros hombres. Pues no es propio de un hombre que es realmente un hombre desear vivir mucho o hacer gran caso de su vida mientras viva; sino más bien (él que es tal) se remitirá en estas cosas enteramente a los dioses, y creyendo lo que cualquier mujer puede decirle, que ningún hombre puede escapar a la muerte, la única cosa de la que se cuida y preocupa es de esta: que mientras viva, pueda vivir tan bien y tan virtuosamente como pueda posiblemente, etc. Mirar alrededor, y con los ojos seguir el curso de las estrellas y los planetas como si fueras a correr con ellos; y considerar perpetuamente los diversos cambios de los elementos unos en otros. Pues tales fantasías e imaginaciones ayudan mucho a purgar la escoria y suciedad de esta nuestra vida terrena', etc. Ese también es un hermoso pasaje de Platón, donde habla de las cosas mundanas en estas palabras: 'Debes también, como desde algún lugar más elevado, mirar hacia abajo, por así decirlo, sobre las cosas de este mundo, como rebaños, ejércitos, labores de labradores, matrimonios, divorcios, generaciones, muertes; el tumulto de tribunales y lugares de justicia; lugares desiertos; las diversas naciones de bárbaros, festivales públicos, lutos, ferias, mercados.' Cómo todas las cosas en la tierra están revueltas; y cómo milagrosamente las cosas contrarias unas a otras concurren a la belleza y perfección de este universo.
27 Mirar hacia atrás sobre las cosas de épocas anteriores, sobre los múltiples cambios y conversiones de diversas monarquías y estados. También podemos prever las cosas futuras, pues serán todas del mismo tipo; no es posible que se salgan de la melodía o rompan el concierto que ha comenzado ahora, por así decirlo, con estas cosas que ahora se hacen y se cumplen en el mundo. Todo viene a ser lo mismo, por tanto, sea que un hombre sea espectador de las cosas de esta vida solo cuarenta años, o que las vea diez mil años juntos: pues ¿qué más verá? 'Y en cuanto a aquellas partes que vinieron de la tierra, volverán a la tierra de nuevo; y aquellas que vinieron del cielo, también volverán a aquellos lugares celestiales.' Ya sea una mera disolución y desatamiento de las múltiples complicaciones y enredos de los átomos confusos; o alguna dispersión tal de los elementos simples e incorruptibles... 'Con comidas y bebidas y diversos sortilegios, buscan desviar el canal, para no morir. Sin embargo, debemos sin duda soportar esa ráfaga de viento que viene de arriba, aunque trabajemos y nos esforcemos cuanto podamos.'
28 Él tiene un cuerpo más fuerte y es mejor luchador que yo. ¿Y qué? ¿Es más generoso? ¿Es más modesto? ¿Soporta todas las adversidades con más ecuanimidad, o las ofensas de su prójimo con más dulzura y gentileza que yo?
29 Donde el asunto puede llevarse a cabo de acuerdo con esa razón que es común tanto a los dioses como a los hombres, no puede haber causa justa de dolor o tristeza. Pues donde puede recogerse y obtenerse el fruto y beneficio de una acción bien comenzada y ejecutada según la constitución propia del hombre, o es seguro y cierto, es contrario a la razón que allí se sospeche daño alguno. En todos los lugares y en todos los tiempos, está en tu poder abrazar religiosamente todo lo que por designio de Dios te ha acontecido, y conversar justamente con aquellos hombres con los que debes tratar, y examinar cuidadosamente cada imagen que se presente, para que nada se deslice y se cuele antes de que hayas aprehendido correctamente la verdadera naturaleza de ello.
30 No mires las mentes y entendimientos de otros hombres; sino mira directamente hacia adelante, hacia donde la naturaleza, tanto la del universo en aquellas cosas que te suceden, como la tuya en particular en aquellas cosas que son hechas por ti, te conduce y dirige. Ahora bien, cada uno está obligado a hacer aquello que es consecuente y acorde con el fin para el cual fue ordenado por su verdadera constitución natural. En cuanto a todas las demás cosas, están ordenadas para el uso de las criaturas racionales: como en todas las cosas vemos que lo que es peor e inferior está hecho para lo que es mejor. Las criaturas racionales están ordenadas unas para otras. Lo que es principal, por tanto, en la constitución de cada hombre es que atienda al bien común. Lo segundo es que no ceda a ninguna pasión ni movimiento de la carne. Pues es parte y privilegio de la facultad racional e intelectiva que pueda delimitarse a sí misma, de modo que ni la facultad sensitiva ni la apetitiva puedan de modo alguno prevalecer sobre ella. Pues ambas son brutales. Y por tanto sobre ambas ella reclama dominio, y no puede de modo alguno soportar, si está en su temple correcto, estar sujeta a ninguna de ellas. Y esto ciertamente con toda justicia. Pues por naturaleza fue ordenada para comandar todo en el cuerpo. La tercera cosa propia del hombre por su constitución es evitar toda precipitación e irreflexión, y no estar sujeto al error. A estas cosas, pues, aplíquese la mente y vaya directamente adelante, sin distracción alguna sobre otras cosas, y tiene su fin, y por consiguiente su felicidad.
31 Como uno que ha vivido y va ahora a morir por derecho, todo lo que aún queda, otórgalo como un excedente generoso a una vida virtuosa. Ama y aprecia solo aquello, sea lo que sea, que te suceda y es asignado a ti por los hados. Pues ¿qué puede ser más razonable? Y cuando te suceda algo por vía de contrariedad o calamidad, recuerda de inmediato y pon ante tus ojos los ejemplos de otros hombres a quienes la misma cosa les sucedió igualmente. Bien, ¿qué hicieron ellos? Se afligieron; se asombraron; se quejaron. ¿Y dónde están ahora? Todos muertos y desaparecidos. ¿Quieres tú también ser como uno de ellos? O más bien, dejando a los hombres del mundo (cuya vida tanto en lo que a ellos mismos respecta como a aquellos con quienes conviven no es sino mera mutabilidad; u hombres de mentes tan voluble como cuerpos volubles; siempre cambiando y pronto cambiados ellos mismos), que sea tu único cuidado y estudio cómo hacer un uso correcto de todos esos accidentes. Pues se puede hacer buen uso de ellos, y demostrarán ser materia adecuada para que trabajes sobre ella, si es tu cuidado y tu deseo que, hagas lo que hagas, tú mismo te agrades y te apruebes a ti mismo por ello. Y ambas cosas, mira que las recuerdes bien, según la diversidad de la materia de la acción que estés a punto de realizar lo requiera. Mira dentro; dentro está la fuente de todo bien. Tal fuente donde las aguas manantes nunca pueden faltar, si cavas aún más y más profundo.
32 Debes también acostumbrarte a mantener tu cuerpo fijo y estable; libre de todo movimiento o postura floja y fluctuante. Y así como sobre tu rostro y apariencia tu mente tiene fácil poder sobre ellos para mantenerlos en lo que es grave y decente, así debe reclamar el mismo poder sobre el cuerpo entero también. Pero observa todas las cosas de este tipo de modo que sea sin ningún tipo de afectación.
33 El arte de vivir verdaderamente en este mundo se parece más a la práctica de un luchador que a la de un bailarín. Pues en esto ambos coinciden: enseñar a un hombre que, caiga sobre él lo que caiga, pueda estar preparado para ello, y que nada pueda derribarlo.
34 Debes considerar y ponderar continuamente contigo mismo qué clase de hombres son, y en cuanto a sus mentes y entendimientos cuál es su estado presente, aquellos cuya buena opinión y testimonio deseas. Pues entonces no verás causa para quejarte de aquellos que pecan contra su voluntad, ni encontrarás que te falte su aplauso, si una vez penetras en la verdadera fuerza y fundamento tanto de sus opiniones como de sus deseos. 'Ningún alma (dice él) es privada voluntariamente de la verdad', y por consiguiente tampoco de la justicia, ni de la templanza, ni de la bondad, ni de la mansedumbre, ni de nada que sea del mismo tipo. Es muy necesario que recuerdes siempre esto. Pues así serás mucho más suave y moderado hacia todos los hombres.
35 Sea cual sea el dolor en que estés, que esto venga de inmediato a tu mente: que no es algo de lo que debas avergonzarte, ni es algo por lo que tu entendimiento, que tiene el gobierno de todo, pueda volverse peor. Pues ni en cuanto a su sustancia, ni en cuanto a su fin (que es atender al bien común) puede alterarlo y corromperlo. Esto también de Epicuro puede en la mayoría de los dolores brindarte alguna ayuda: que no es 'ni intolerable ni eterno'; siempre que te mantengas en los verdaderos límites y confines de la razón y no cedas a la opinión. Esto también debes considerar: que hay muchas cosas que a menudo insensiblemente te perturban y te irritan, pues no estás armado contra ellas con paciencia, porque no van ordinariamente bajo el nombre de dolores, que en verdad son de la misma naturaleza que el dolor; como dormir inquietamente, sufrir calor, carecer de apetito: cuando por tanto alguna de estas cosas te cause descontento, repréndete con estas palabras: Ahora el dolor te ha vencido; tu valor te ha fallado.
36 Cuídate de que en ningún momento te sientas tan dispuesto, aunque sea hacia hombres antinaturales malvados, como los hombres ordinarios están comúnmente unos hacia otros.
37 ¿Cómo sabemos si Sócrates fue realmente tan eminente y de disposición tan extraordinaria? Pues que murió más gloriosamente, que disputó con los sofistas más sutilmente; que vigiló en la escarcha más asiduamente; que habiendo sido mandado a buscar al inocente Salaminius, se negó a hacerlo más generosamente; todo esto no sirve. Ni que caminara por las calles con mucha gravedad y majestad, como le fue objetado por sus adversarios: lo cual, no obstante, un hombre puede bien dudar si fue así o no, o, lo cual por encima de todo el resto, si en efecto fuera verdad, un hombre consideraría bien si es loable o censurable. Lo que debemos indagar, por tanto, es esto: qué clase de alma tenía Sócrates; si su disposición era tal que todo lo que buscaba y procuraba en este mundo era simplemente esto: que pudiera siempre comportarse justamente con los hombres y santamente con los dioses. Sin vejarse a sí mismo en vano por la maldad de otros, ni condescendiendo jamás con el hecho o las intenciones malvadas de ningún hombre, ya sea por temor o por compromiso de amistad. Si de aquellas cosas que le sucedieron por designio de Dios, no se maravillaba de ninguna cuando sucedía, ni la consideraba intolerable en la prueba de ella. Y por último, si nunca permitió que su mente simpatizara con los sentidos y afecciones del cuerpo. Pues no debemos pensar que la naturaleza la ha mezclado y templado con el cuerpo de tal modo que no tenga poder para circunscribirse a sí misma y atender por sí misma sus propios fines y ocasiones.
38 Pues es algo muy posible que un hombre sea muy divino y, sin embargo, ser completamente desconocido. Esto debes tenerlo siempre presente, como también esto otro: que la verdadera felicidad de un hombre consiste en muy pocas cosas. Y que aunque desesperes de llegar a ser un buen lógico o naturalista, no por ello estás más lejos de ser liberal, o modesto, o caritativo, u obediente a Dios.
39 Libre de toda compulsión, con toda alegría y vivacidad puedes acabar tu tiempo, aunque los hombres clamen contra ti cuanto quieran y las bestias salvajes despedacen los pobres miembros de tu masa de carne consentida. Pues ¿qué en cualquiera de estos o semejantes casos podría impedir que la mente conserve su propio descanso y tranquilidad, consistiendo tanto en el juicio correcto de aquellas cosas que le suceden, como en el uso pronto de todos los asuntos y ocasiones presentes? De modo que su juicio pueda decir a lo que le ha sobrevenido por vía de contrariedad: esto eres tú en verdad, y según tu verdadera naturaleza, sin importar que en el juicio de la opinión aparezcas de otro modo; y su discreción al objeto presente: tú eres aquello que yo buscaba. Pues sea lo que sea que ahora esté presente, será siempre abrazado por mí como un objeto apropiado y oportuno, tanto para mi facultad racional como para mi inclinación sociable o caritativa a trabajar sobre él. Y lo que es principal en este asunto es que puede referirse ya sea a la alabanza de Dios o al bien de los hombres. Pues ya sea a Dios o al hombre, todo lo que sucede en el mundo tiene en el curso ordinario de la naturaleza su referencia propia; no hay nada que en cuanto a la naturaleza sea nuevo, o reacio e intratable, sino que todas las cosas son habituales y fáciles.
40 Entonces ha alcanzado un hombre el estado de perfección en su vida y conversación, cuando pasa cada día como si fuera su último día: nunca vehemente y ardiente en sus afecciones, ni tan frío y estúpido como uno que no tuviera sentido, y libre de toda forma de disimulo.
41 ¿Pueden los dioses, que son inmortales, durante la continuidad de tantas edades soportar sin indignación a tantos pecadores como siempre ha habido, y no solo eso, sino también cuidar de ellos de modo que no les falte nada; y tú te lamentas tan gravemente, como uno que no puede soportarlos más; tú que eres solo por un momento en el tiempo? ¿Tú que eres uno de esos pecadores tú mismo? Muy ridícula es la cosa: que cualquier hombre dispense el vicio y la maldad en sí mismo, lo cual está en su poder contener, y vaya a tratar de suprimirlo en otros, lo cual es del todo imposible.
42 Cualquier objeto que encuentre nuestra facultad racional y sociable, que no ofrezca nada ni para la satisfacción de la razón ni para la práctica de la caridad, ella juzga dignamente indigno de sí misma.
43 Cuando has obrado bien y otro se ha beneficiado de tu acción, ¿debes como un verdadero necio buscar una tercera cosa además, como que parezca también a otros que has obrado bien, o que puedas a su tiempo recibir un favor a cambio de otro? Ningún hombre suele cansarse de lo que le es beneficioso. Pero toda acción conforme a la naturaleza es beneficiosa. No te canses entonces de hacer lo que te es beneficioso, mientras lo sea para otros.
44 La naturaleza del universo ciertamente, antes de que fuera creado, deliberó y así resolvió sobre la creación del mundo, cualquier cosa que haya hecho desde entonces. Ahora desde ese tiempo, cualquier cosa que es y sucede en el mundo es solo una consecuencia de aquella primera deliberación; o si es así que esta parte racional rectora del mundo tiene algún cuidado y consideración de las cosas particulares, son seguramente sus criaturas racionales y principales las que son el objeto propio de su cuidado y providencia particulares. Esto pensado a menudo contribuirá mucho a tu tranquilidad.
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