Libro 6La razón que ordena el mundo
1 La materia misma de la que se compone el universo es en sí muy dócil y maleable. Esa esencia racional que lo gobierna no tiene en sí motivo alguno para hacer el mal. No contiene mal alguno en sí misma; ni puede hacer nada que sea malo: ni nada puede ser dañado por ella. Y todas las cosas se hacen y determinan según su voluntad y disposición.
2 Que te sea indiferente estar medio helado o bien abrigado; si apenas dormitas o has descansado plenamente; si te desaprueban o te alaban cuando cumples tu deber: o si estás muriendo o haciendo cualquier otra cosa; pues también «morir» debe contarse entre los deberes y acciones de nuestra vida.
3 Mira hacia adentro, no dejes que se te escape ni la verdadera cualidad ni el valor auténtico de nada antes de haberlo comprendido plenamente.
4 Todas las sustancias llegan pronto a su transformación, y o bien se resolverán por evaporación (si es que todas las cosas han de reunirse en una sola sustancia), o como otros sostienen, se dispersarán y esparcirán. En cuanto a esa Esencia Racional por la que todas las cosas son gobernadas, como mejor se comprende a sí misma, tanto su propia disposición como lo que hace y con qué materia tiene que ver, y en consecuencia hace todas las cosas; así nosotros que no lo hacemos, no es de extrañar que nos asombremos de muchas cosas cuyas razones no podemos comprender.
5 La mejor clase de venganza es no volverte como ellos.
6 Que este sea tu único gozo y tu único consuelo: pasar sin interrupción de una acción social benéfica a otra, teniendo siempre a Dios en tu mente.
7 La parte racional que gobierna, así como puede estimularse y dirigirse a sí misma, así también hace que tanto ella misma como todo lo que sucede se le aparezca como ella misma lo quiere.
8 Según la naturaleza del universo todas las cosas particulares están determinadas, no según ninguna otra naturaleza, ya sea que las abarque y contenga desde fuera; o que esté dispersa y contenida dentro; o que dependa desde afuera. O bien este universo es una mera masa confusa y un enredo intrincado de cosas que con el tiempo se dispersarán y esparcirán de nuevo: o es una unión que consiste en orden y es administrada por la Providencia. Si lo primero, ¿por qué habría de desear continuar más tiempo en esta confusión y mezcla fortuita? ¿O por qué habría de preocuparme por otra cosa sino por volver a ser tierra cuanto antes? ¿Y por qué habría de inquietarme más mientras procuro complacer a los Dioses? Haga lo que haga, la dispersión es mi fin, y vendrá sobre mí lo quiera o no. Pero si es lo segundo, entonces no soy religioso en vano; entonces estaré tranquilo y paciente, y pondré mi confianza en Aquel que es el Gobernador de todo.
9 Siempre que por algunas duras circunstancias presentes te veas obligado a sentirte en cierto modo turbado y perturbado, vuelve a ti mismo tan pronto como puedas, y no permanezcas fuera de tono más tiempo del necesario. Pues así serás más capaz de mantener tu parte otra vez y conservar la armonía, si te acostumbras a esto continuamente; una vez desafinado, recurrir enseguida a ello y comenzar de nuevo.
10 Si fuera que tuvieras al mismo tiempo una madrastra y una madre natural viviendo, honrarías y respetarías también a aquella; no obstante, a tu propia madre natural acudirías y recurrirías continuamente. Así sean para ti la corte y tu filosofía. Recurre a ella con frecuencia y consuélate en ella, por quien es que esas otras cosas te son tolerables, y tú también en esas cosas no eres intolerable para los demás.
11 Cuán maravillosamente útil es para un hombre representarse las carnes y todas las cosas que son para la boca bajo una aprehensión e imaginación correctas. Como por ejemplo: esto es el cadáver de un pez; esto de un ave; y esto de un cerdo. Y de nuevo, más generalmente: este falerno, este vino excelente tan altamente recomendado, no es sino el mero jugo de una uva ordinaria. Esta túnica púrpura, solo pelos de oveja teñidos con la sangre de un molusco. En cuanto al coito, no es sino la fricción de una vulgar víscera baja y la excreción de un poco de vil mucosidad, con cierta especie de convulsión: según la opinión de Hipócrates. Cuán excelentemente útiles son estas fantasías vivas y representaciones de las cosas, penetrando así y atravesando los objetos para hacer conocida y aparente su verdadera naturaleza. Esto debes usar toda tu vida, y en todas las ocasiones: y entonces especialmente, cuando las cosas sean aprehendidas como de gran valor y respeto, tu arte y cuidado deben ser descubrirlas y contemplar su vileza, y quitarles todas esas circunstancias y expresiones serias bajo las que hacían tan grave exhibición. Pues la pompa y apariencia exterior es un gran engañador; y entonces especialmente estás en mayor peligro de ser burlado por ella, cuando (a juicio de uno) más pareces estar ocupado en asuntos de importancia.
12 Mira lo que Crates pronuncia acerca del propio Jenócrates.
13 Aquellas cosas que la gente común admira son en su mayoría cosas muy generales, y pueden comprenderse bajo cosas meramente naturales, o naturalmente afectadas y cualificadas: como piedras, madera, higos, vides, olivos. Las que son admiradas por los que son más moderados y comedidos se comprenden bajo las cosas animadas: como rebaños y manadas. Los que son aún más refinados y curiosos, su admiración comúnmente se limita solo a las criaturas razonables; no en general por ser razonables, sino por ser capaces de arte, o de algún oficio e invención sutil: o quizá simplemente a criaturas razonables, como aquellos que se deleitan en la posesión de muchos esclavos. Pero aquel que honra un alma racional en general, por ser racional y naturalmente sociable, presta poca atención a cualquier otra cosa: y por encima de todo se cuida de preservar la suya propia en el hábito y ejercicio continuo tanto de la razón como de la sociabilidad: y así coopera con aquel de cuya naturaleza también participa: Dios.
14 Algunas cosas se apresuran a ser, y otras a dejar de ser. E incluso de lo que ahora existe, alguna parte ya ha perecido. Flujos y alteraciones perpetuas renuevan el mundo, como el curso perpetuo del tiempo hace que la edad del mundo (en sí infinita) aparezca siempre fresca y nueva. En tal flujo y curso de todas las cosas, ¿qué de estas cosas que se apresuran tan rápidamente debería considerar nadie, puesto que entre todas no hay ninguna a la que uno pueda asirse y fijarse? Como si alguien fuera a fijar su afecto en algún gorrión ordinario que vive junto a él, que no bien es visto desaparece de la vista. Pues no debemos pensar de otra manera sobre nuestras vidas que como una mera exhalación de sangre o una respiración ordinaria de aire. Pues lo que en nuestra comprensión común es inhalar el aire y exhalarlo de nuevo, lo cual hacemos diariamente: tanto es y no más, exhalar de una vez toda tu facultad respiratoria hacia ese aire común del que hace poco (pues fue solo desde ayer y hoy) la inhalaste por primera vez, y con ella, la vida.
15 No es la respiración vegetativa, ciertamente (que las plantas tienen), lo que en esta vida debería sernos tan querido; ni la respiración sensitiva, vida propia de las bestias, tanto domesticadas como salvajes; ni esta nuestra facultad imaginativa; ni que estemos sujetos a ser conducidos y arrastrados por la fuerza de nuestros apetitos sensuales; o que podamos congregarnos y vivir juntos; o que podamos alimentarnos: pues eso en efecto no es mejor que poder evacuar los excrementos de nuestra comida. ¿Qué es entonces lo que debería sernos querido? ¿Oír un ruido estridente? Si no eso, tampoco ser aplaudidos por las lenguas de los hombres. Pues las alabanzas de muchas lenguas no son en efecto mejores que el estrépito de tantas lenguas. Si entonces ni el aplauso, ¿qué queda que debiera serte querido? Esto creo: que en todos tus movimientos y acciones seas movido y restringido según tu propia verdadera constitución y construcción natural solamente. Y a esto incluso las artes y profesiones ordinarias nos conducen. Pues es aquello a lo que apunta todo arte, que cualquier cosa que sea efectuada y preparada por arte, sea apta para el trabajo para el que está preparada. Este es el fin al que apunta quien poda la vid, y quien toma sobre sí domar potros o entrenar perros. ¿A qué tiende la educación de los niños y todas las profesiones eruditas? Ciertamente entonces es eso lo que también debería sernos querido. Si en este particular te va bien, no te preocupes por obtener otras cosas. Pero ¿es acaso que no puedes sino respetar otras cosas también? Entonces no puedes ser verdaderamente libre; entonces no puedes tener contento de ti mismo: entonces estarás siempre sujeto a las pasiones. Pues no es posible sino que debas ser envidioso y celoso, y suspicaz de aquellos que sabes pueden privarte de tales cosas; y de nuevo, un socavador secreto de aquellos a quienes ves en posesión presente de lo que te es querido. En resumen, necesariamente debe estar lleno de confusión dentro de sí mismo y a menudo acusar a los Dioses, quienquiera que necesite estas cosas. Pero si honras y respetas solo tu mente, eso te hará aceptable para ti mismo, hacia tus amigos muy tratable; y conforme y concordante con los Dioses; es decir, aceptando con alabanzas todo lo que ellos piensen bueno designar y asignarte.
16 Abajo, arriba y alrededor están los movimientos de los elementos; pero el movimiento de la virtud no es ninguno de esos movimientos, sino algo más excelente y divino. Cuyo camino (para avanzar y prosperar en él) debe ser por un camino que no es fácilmente comprendido.
17 ¿Quién puede dejar de asombrarse de ellos? No hablarán bien de los que están al mismo tiempo con ellos y viven con ellos; sin embargo, ellos mismos son muy ambiciosos de que los que vendrán después, a quienes nunca han visto ni verán jamás, hablen bien de ellos. Como si alguien se afligiera de no haber sido elogiado por los que vivieron antes que él.
18 No concibas nunca nada imposible para el hombre, que tú no puedes, o no sin mucha dificultad efectuar; sino que cualquier cosa que en general puedas concebir posible y propia de cualquier hombre, piensa que eso es muy posible también para ti.
19 Supón que en la palestra alguien te ha desgarrado todo con sus uñas y te ha roto la cabeza. Bien, estás herido. Sin embargo no exclamas; no te ofendes con él. No sospechas de él después, como de uno que acecha para hacerte daño. Sí, incluso entonces, aunque haces tu mejor esfuerzo por protegerte de él, sin embargo no de él como de un enemigo. No es por medio de ninguna indignación suspicaz, sino por medio de una declinación gentil y amistosa. Conserva la misma mente y disposición también en otras partes de tu vida. Pues hay muchas cosas que debemos concebir y aprehender como si hubiéramos tenido que tratar con un antagonista en la palestra. Pues como dije, es muy posible para nosotros evitar y declinar, aunque ni sospechemos ni odiemos.
20 Si alguien me reprende y me hace evidente que en cualquier opinión o acción mía yerro, con mucho gusto me retractaré. Pues es la verdad lo que busco, por la cual estoy seguro de que nunca ningún hombre fue perjudicado; y tan seguro de que es perjudicado aquel que continúa en cualquier error o ignorancia.
21 Yo por mi parte haré lo que me corresponde; en cuanto a otras cosas, ya sean cosas insensibles o cosas irracionales; o si racionales, pero engañadas e ignorantes del verdadero camino, no me turbarán ni distraerán. Pues en cuanto a esas criaturas que no están dotadas de razón y todas las demás cosas y asuntos del mundo, libremente y generosamente, como alguien dotado de razón, de cosas que no tienen ninguna, hago uso de ellas. Y en cuanto a los hombres, hacia ellos como partícipes naturales de la misma razón, mi cuidado es comportarme sociablemente. Pero cualquiera que sea la cosa de la que te ocupes, acuérdate de invocar a los Dioses. Y en cuanto al tiempo de cuánto vivirás para hacer estas cosas, que te sea del todo indiferente, pues incluso tres horas tales son suficientes.
22 Alejandro de Macedonia y el que cuidaba sus mulas, una vez muertos ambos llegaron a lo mismo. Pues o bien ambos fueron reabsorbidos en esas esencias racionales originales de las que todas las cosas en el mundo se propagan; o ambos de igual manera fueron dispersados en átomos.
23 Considera cuántas cosas diferentes, ya conciernan a nuestros cuerpos o a nuestras almas, en un momento de tiempo ocurren en cada uno de nosotros, y así no te asombrarás de que muchas más cosas, o más bien todas las cosas que se hacen, puedan subsistir y coexistir al mismo tiempo en ese uno y general que llamamos el mundo.
24 Si alguien te planteara esta pregunta, cómo se escribe esta palabra Antonino, ¿no fijarías enseguida tu atención en ella y pronunciarías en orden cada letra de ella? Y si alguien comenzara a contradecirte y a discutir contigo sobre ello, ¿discutirías con él de nuevo, o más bien continuarías mansamente como has comenzado, hasta que hayas enumerado cada letra? Aquí entonces igualmente recuerda que todo deber que pertenece a un hombre consiste en ciertas letras o números por así decirlo, a los cuales sin ruido ni tumulto manteniéndote debes proceder ordenadamente hacia tu fin propuesto, absteniéndote de discutir con quien quisiera discutir y reñir contigo.
25 ¿No es una cosa cruel prohibir a los hombres buscar aquellas cosas que conciben estar más de acuerdo con sus propias naturalezas y tender más a su propio bien y beneficio apropiados? Pero tú de algún modo les niegas esta libertad, tan a menudo como te enojas con ellos por sus pecados. Pues ciertamente son conducidos a esos pecados, cualesquiera que sean, como a su propio bien y conveniencia. Pero no es así (objetarás quizá). Tú entonces enséñales mejor y hazles evidente: pero no te enojes con ellos.
26 La muerte es un cese de la impresión de los sentidos, de la tiranía de las pasiones, de los errores de la mente y de la servidumbre del cuerpo.
27 Si en esta clase de vida tu cuerpo es capaz de aguantar, es una vergüenza que tu alma desfallezca primero y se rinda; ten cuidado, no sea que de filósofo te conviertas en un mero César con el tiempo, y recibas un nuevo tinte de la corte. Pues puede suceder si no te cuidas. Consérvate por tanto verdaderamente simple, bueno, sincero, grave, libre de toda ostentación, amante de lo que es justo, religioso, bondadoso, tierno de corazón, fuerte y vigoroso para emprender todo lo que te convenga. Esfuérzate por continuar tal como la filosofía (si te hubieras aplicado a ella total y constantemente) te habría hecho y asegurado. Adora a los Dioses, procura el bienestar de los hombres; esta vida es corta. Las acciones caritativas y una disposición santa son el único fruto de esta vida terrenal.
28 Haz todas las cosas como conviene al discípulo de Antonino Pío. Recuerda su constancia resuelta en las cosas que hacía según la razón, su ecuanimidad en todas las cosas, su santidad; la alegría de su semblante, su dulzura, y cuán libre era de toda vanagloria; cuán cuidadoso en llegar al conocimiento verdadero y exacto de los asuntos en cuestión, y cómo de ningún modo cedería hasta que comprendiera plena y claramente todo el estado del asunto; y cuán pacientemente y sin contestación alguna soportaría a los que injustamente lo condenaban: cómo nunca sería precipitado en nada, ni daría oídos a calumnias y falsas acusaciones, sino que examinaría y observaría con la mejor diligencia las diversas acciones y disposiciones de los hombres. Además, cómo no era maldiciente, ni fácilmente asustado, ni suspicaz, y en su lenguaje libre de toda afectación y curiosidad: y cómo fácilmente se contentaba con pocas cosas, como alojamiento, lecho, vestido, alimentación ordinaria y atención. Cuán capaz de soportar trabajo, cuán paciente; capaz por su dieta frugal de continuar desde la mañana hasta la tarde sin ninguna necesidad de retirarse antes de sus horas acostumbradas a las necesidades de la naturaleza: su uniformidad y constancia en asuntos de amistad. Cómo soportaría a los que con toda osadía y libertad se oponían a sus opiniones; e incluso se regocijaría si alguien pudiera aconsejarle mejor: y finalmente, cuán religioso era sin superstición. Todas estas cosas de él recuerda, para que cuando tu última hora llegue sobre ti, te encuentre, como lo encontró a él, preparado para ella en posesión de una buena conciencia.
29 Despierta tu mente y recupera tus sentidos de nuevo de tus sueños y visiones naturales, y cuando estés perfectamente despierto y puedas percibir que no eran sino sueños los que te turbaban, como alguien recién despertado de otro tipo de sueño mira estas cosas mundanas con la misma mente con que miraste aquellas que viste en tu sueño.
30 Consisto de cuerpo y alma. Para mi cuerpo todas las cosas son indiferentes, pues de por sí no puede afectar una cosa más que otra con aprehensión de ninguna diferencia; en cuanto a mi mente, todas las cosas que no están dentro del ámbito de su propia operación le son indiferentes, y en cuanto a sus propias operaciones, esas dependen enteramente de ella; ni se ocupa de ninguna sino de las que están presentes; pues en cuanto a operaciones futuras y pasadas, esas también son ahora en este presente indiferentes para ella.
31 Mientras el pie haga lo que le corresponde hacer, y la mano lo que le pertenece, su trabajo, sea cual sea, no es antinatural. Así un hombre mientras haga lo que es propio de un hombre, su trabajo no puede ser contra la naturaleza; y si no es contra la naturaleza, entonces tampoco es dañino para él. Pero si fuera así que la felicidad consistiera en el placer: ¿cómo es que notorios ladrones, libidinosos abominables, parricidas y tiranos han tenido en tan amplia medida su parte de placeres?
32 ¿No ves cómo incluso aquellos que profesan artes mecánicas, aunque en cierto sentido no son mejores que meros idiotas, sin embargo se mantienen firmes al curso de su oficio, ni pueden encontrar en su corazón desviarse de él: y no es una cosa grave que un arquitecto o un médico respeten el curso y misterios de su profesión más que un hombre el curso y condición apropiados de su propia naturaleza, la razón, que es común a él y a los Dioses?
33 Asia, Europa; ¿qué son sino rincones del mundo entero, del cual el mar entero no es sino una gota; y el gran Monte Atos no es sino un terrón, como todo el tiempo presente no es sino un punto de la eternidad? Todo, cosas pequeñas; todas las cosas que pronto son alteradas, pronto perecidas. Y todas las cosas vienen de un solo principio; ya sea todas separada y particularmente deliberadas y resueltas por el gobernante y rector general de todo; o todas por consecuencia necesaria. De modo que el terrible hiato de un león que bosteza, y todo veneno, y todas las cosas dañinas, son solo (como la espina y el fango) las consecuencias necesarias de las cosas bellas y justas. No pienses por tanto en estas como cosas contrarias a aquellas que tanto honras y respetas; sino considera en tu mente la verdadera fuente de todo.
34 El que ve las cosas que son ahora ha visto todo lo que alguna vez fue o alguna vez será, pues todas las cosas son de un solo tipo; y todas semejantes unas a otras. Medita a menudo sobre la conexión de todas las cosas en el mundo; y sobre la relación mutua que tienen unas con otras. Pues todas las cosas están de algún modo plegadas e involucradas una dentro de otra, y por estos medios todas concuerdan bien juntas. Pues una cosa es consecuente de otra, por movimiento local, por conspiración y acuerdo natural, y por unión sustancial, o reducción de todas las sustancias en una.
35 Adáptate y acomódate a ese estado y a esas circunstancias que por los destinos te han sido anexados; y ama a esos hombres con quienes es tu destino vivir; pero ámalos verdaderamente. Un instrumento, una herramienta, un utensilio, sea lo que sea, si es apto para el propósito para el que fue hecho, es como debe ser aunque aquel que lo hizo y adaptó quizá esté fuera de vista y se haya ido. Pero en las cosas naturales, ese poder que las ha formado y adaptado está y permanece dentro de ellas todavía: por cuya razón debe también ser más respetado, y estamos más obligados (si podemos vivir y pasar nuestro tiempo según su propósito e intención) a pensar que todo está bien con nosotros y según nuestras propias mentes. De esta manera también, y en este respecto, es que aquel que es todo en todo disfruta su felicidad.
36 Cualesquiera cosas que no estén dentro del poder y jurisdicción propios de tu propia voluntad para alcanzar o evitar, si te propones cualquiera de esas cosas como buena o mala; debe necesariamente ser que según caigas en lo que piensas malo, o yerres de lo que piensas bueno, así estarás dispuesto tanto a quejarte de los Dioses como a odiar a esos hombres que o bien sean así en verdad, o sean por ti sospechados como la causa de que yerres lo uno o caigas en lo otro. Y en verdad debemos necesariamente cometer muchos males, si nos inclinamos a cualquiera de estas cosas más o menos, con una opinión de alguna diferencia. Pero si atendemos y estimamos solo aquellas cosas como buenas y malas que dependen enteramente de nuestras propias voluntades, ya no hay más ocasión de que murmuremos contra los Dioses o estemos en enemistad con ningún hombre.
37 Todos trabajamos hacia un efecto, algunos voluntariamente y con aprehensión racional de lo que hacemos: otros sin tal conocimiento. Como creo que Heráclito dice en un lugar de los que duermen, que incluso ellos obran a su manera y contribuyen a las operaciones generales del mundo. Un hombre por tanto coopera de una manera, y otro de otra; pero incluso aquel que murmura y en la medida de su poder resiste y obstaculiza; incluso él tanto como cualquiera coopera. Pues de tales también el mundo necesitaba. Ahora considera entre cuáles de estos te situarás. Pues en cuanto a aquel que es el Administrador de todo, hará buen uso de ti lo quieras o no, y te hará (como parte y miembro del todo) cooperar de tal manera con él, que cualquier cosa que hagas se convertirá en el avance de sus propios consejos y resoluciones. Pero no seas tú por vergüenza tal parte del todo, como ese vil y ridículo verso (que Crisipo menciona en un lugar) es parte de la comedia.
38 ¿Acaso el sol se arroga hacer lo que pertenece a la lluvia? ¿O su hijo Esculapio aquello que pertenece propiamente a la tierra? ¿Cómo es con cada una de las estrellas en particular? Aunque todas difieren unas de otras y tienen sus diversas cargas y funciones por sí mismas, ¿no concurren todas sin embargo y cooperan hacia un mismo fin?
39 Si es que los Dioses han deliberado en particular de aquellas cosas que habrían de sucederme, debo atenerme a su deliberación, como discreta y sabia. Pues que un Dios sea un Dios imprudente es cosa difícil incluso de concebir: y ¿por qué habrían de resolver hacerme daño? Pues ¿qué provecho para ellos o para el universo (del cual especialmente se ocupan) podría surgir de ello? Pero si es que no han deliberado sobre mí en particular, ciertamente lo han hecho del todo en general, y aquellas cosas que en consecuencia y coherencia de esta deliberación general me suceden en particular, estoy obligado a abrazar y aceptar. Pero si es que no han deliberado en absoluto (lo cual en verdad es muy irreligioso que alguien crea: pues entonces no sacrifiquemos más, ni oremos, ni respetemos nuestros juramentos, ni usemos más ninguna de esas cosas que, persuadidos de la presencia y conversación secreta de los Dioses entre nosotros, diariamente usamos y practicamos:) pero, digo, si es que en verdad no han deliberado ni en general ni en particular sobre ninguna de esas cosas que nos suceden en este mundo; sin embargo, gracias a Dios, que de aquellas cosas que me conciernen, me es lícito deliberar yo mismo, y toda mi deliberación no es sino concerniente a aquello que puede serme más provechoso. Ahora bien, para cada uno es más provechoso aquello que está según su propia constitución y naturaleza. Y mi naturaleza es ser racional en todas mis acciones y como un miembro bueno y natural de una ciudad y comunidad, hacia mis conciudadanos estar siempre sociable y bondadosamente dispuesto y afectado. Mi ciudad y patria como Antonino es Roma; como hombre, el mundo entero. Aquellas cosas por tanto que son convenientes y provechosas para esas ciudades son las únicas cosas que son buenas y convenientes para mí.
40 Cualquier cosa que en cualquier tipo suceda a alguien, es conveniente para el todo. Y tanto esto podría bastarnos para contentarnos, que es conveniente para el todo en general. Pero aun esto también percibirás generalmente, si prestas atención diligentemente, que cualquier cosa que suceda a un hombre o a hombres... Y ahora me contento con que la palabra conveniente sea entendida más generalmente de aquellas cosas que de otro modo llamamos cosas intermedias o indiferentes: como salud, riqueza y similares.
41 Como los espectáculos ordinarios del teatro y de otros lugares tales, cuando se te presentan, te afectan; como las mismas cosas vistas siempre, y de la misma manera, hacen la vista ingrata y tediosa; así deben afectarnos todas las cosas que vemos toda nuestra vida. Pues todas las cosas, arriba y abajo, son siempre las mismas, y de las mismas causas. ¿Cuándo entonces habrá un fin?
42 Que las diversas muertes de hombres de todas clases, y de todas clases de profesiones, y de toda clase de naciones, sean objeto perpetuo de tus pensamientos... de modo que puedas incluso descender hasta Filistión, Febo y Origanión. Pasa ahora a otras generaciones. Allí iremos después de muchos cambios, donde tantos valientes oradores están; donde tantos graves filósofos: Heráclito, Pitágoras, Sócrates. Donde tantos héroes de los tiempos antiguos; y luego tantos valientes capitanes de los tiempos posteriores; y tantos reyes. Después de todos estos, donde Eudoxo, Hiparco, Arquímedes; donde tantas otras disposiciones agudas, generosas, industriosas, sutiles, perentorias; y entre otros, incluso aquellos que han sido los mayores burladores y detractores de la fragilidad y brevedad de esta nuestra vida humana; como Menipo, y otros tantos como ha habido como él. De todos estos considera que hace mucho que están todos muertos y se han ido. ¿Y qué sufren por ello? Más aún, los que ni siquiera tienen un nombre que permanezca, ¿qué pierden con ello? Una cosa hay, y solo una, que vale la pena en este mundo y debe ser por nosotros muy estimada; y esa es, según la verdad y la rectitud, conversar mansa y amorosamente con hombres falsos e injustos.
43 Cuando quieras confortarte y animarte, trae a la mente los diversos dones y virtudes de aquellos con quienes conversas diariamente; como por ejemplo, la diligencia del uno; la modestia de otro; la liberalidad de un tercero; de otro alguna otra cosa. Pues nada puede tanto regocijarte como las semejanzas y paralelos de diversas virtudes, visibles y eminentes en las disposiciones de quienes viven contigo; especialmente cuando, todas a la vez, en la medida de lo posible, se presentan ante ti. Y por tanto debes tenerlas siempre en disposición.
44 ¿Te afliges de que pesas solo tantas libras y no trescientas más bien? Exactamente tanta razón tienes para afligirte de que debes vivir solo tantos años y no más. Pues así como para volumen y sustancia te contentas con esa proporción que te está asignada, así deberías para el tiempo.
45 Hagamos nuestros mejores esfuerzos para persuadirlos; pero sin embargo, si la razón y la justicia te conducen a ello, hazlo, aunque ellos estén muy en contra de ello. Pero si alguno por fuerza te resiste y te obstaculiza en ello, convierte tu inclinación virtuosa de un objeto a otro, de la justicia a la ecuanimidad contenta y la paciencia alegre: de modo que lo que en lo uno es tu obstáculo, puedas usarlo para el ejercicio de otra virtud: y recuerda que fue con debida excepción y reserva que al principio te inclinaste y deseaste. Pues no pusiste tu mente en cosas imposibles. ¿En qué entonces? En que todos tus deseos pudieran siempre ser moderados con esta debida clase de reserva. Y esto tienes, y puedes siempre obtener, esté o no en tu poder la cosa deseada. Y ¿qué me importa más, si aquello para lo que nací y fui traído al mundo (gobernar todos mis deseos con razón y discreción) puede ser?
46 El ambicioso supone que el acto de otro hombre, la alabanza y el aplauso, son su propia felicidad; el voluptuoso su propio sentido y sentimiento; pero el que es sabio, su propia acción.
47 Está en tu poder excluir absolutamente toda manera de concepto y opinión concerniente a este asunto; y por los mismos medios, excluir toda pena y dolor de tu alma. Pues en cuanto a las cosas y objetos mismos, ellos de por sí no tienen tal poder por el cual engendrar y forzar sobre nosotros opinión alguna.
48 Acostúmbrate cuando algún hombre te habla, a escucharlo de tal manera que en el ínterin no des paso a ningún otro pensamiento; para que así puedas (en la medida de lo posible) parecer fijo y sujeto a su alma misma, quienquiera que sea el que te habla.
49 Lo que no es bueno para la colmena no puede ser bueno para la abeja.
50 ¿Encontrarán falta y se quejarán los pasajeros o los pacientes, unos si son bien transportados, u otros si bien curados? ¿Se preocupan por algo más que esto; unos, que su capitán del barco los traiga sanos a tierra, y los otros, que su médico efectúe su recuperación?
51 ¿Cuántos de los que vinieron al mundo al mismo tiempo que yo ya se han ido de él?
52 A los que están enfermos de ictericia, la miel les parece amarga; y a los que son mordidos por un perro rabioso, el agua terrible; y a los niños, una pequeña pelota les parece una cosa hermosa. ¿Y por qué entonces debería yo enojarme? ¿O pienso acaso que el error y la opinión falsa son menos poderosos para hacer transgredir a los hombres, que la cólera, siendo inmoderada y excesiva, para causar la ictericia; o el veneno para causar la rabia?
53 Ningún hombre puede impedirte vivir como tu naturaleza requiere. Nada puede sucederte sino lo que el bien común de la naturaleza requiere.
54 Qué clase de hombres son aquellos a quienes buscan complacer, y qué obtener, y por qué acciones: cuán pronto el tiempo cubrirá y enterrará todas las cosas, y cuántas ya ha enterrado.
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