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Libro 4El cambio y la naturaleza

Meditaciones · Marco Aurelio · 26 min de lectura

1 Esa parte interior que gobierna al hombre, si se encuentra en su temple natural y verdadero, está siempre dispuesta y preparada ante todos los acontecimientos y azares del mundo, de modo que fácilmente se adapta y se aplica a aquello que está dentro de su poder alcanzar, cuando no puede lograr lo que en principio pretendía. Pues nunca se entrega ni se dedica de manera absoluta a un solo objeto, sino que cualquier cosa que ahora se proponga y persiga, la persigue con salvedad y reserva; de manera que cualquier cosa que resulte contraria a sus primeras intenciones, eso mismo lo convierte después en su objeto propio. Igual que el fuego cuando domina sobre las cosas que encuentra en su camino; pues esas mismas cosas habrían apagado un pequeño fuego, pero un gran fuego pronto las convierte en su propia naturaleza, y así consume todo lo que se le pone delante: más aún, mediante esas mismas cosas se hace cada vez más grande.

2 Que nada se haga de manera precipitada y al azar, sino todas las cosas según las reglas más exactas y perfectas del arte.

3 Los hombres buscan para sí lugares privados de retiro, como aldeas campestres, la costa del mar, las montañas; incluso tú mismo sueles anhelar mucho tales lugares. Pero todo esto debes saber que procede de la más alta simplicidad. Pues en cualquier momento que quieras, está en tu poder retirarte dentro de ti mismo y estar en paz y libre de todos los asuntos. Un hombre no puede retirarse a ningún lugar mejor que a su propia alma; especialmente quien tiene de antemano provistas tales cosas dentro de sí, que cuando se retira a mirar en su interior, inmediatamente le proporcionan perfecta tranquilidad y paz. Por tranquilidad entiendo una disposición y conducta ordenada y decente, libre de toda confusión y tumulto. Procúrate entonces este retiro continuamente, y mediante él refrésgate y renuévate. Que estos preceptos sean breves y fundamentales, que tan pronto como los recuerdes, te basten para purificar tu alma por completo y enviarte de vuelta bien complacido con esas cosas, cualesquiera que sean, a las que ahora, después de este breve retiro de tu alma hacia sí misma, regresas. Pues ¿de qué te ofendes? ¿Puede ser de la maldad de los hombres, cuando recuerdas esta conclusión: que todas las criaturas racionales están hechas unas para otras, y que es parte de la justicia tolerarlas, y que es contra su voluntad que ofenden? ¿Y cuántos ya, que una vez persiguieron sus enemistades, sospecharon, odiaron y contendieron ferozmente, hace mucho tiempo que están tendidos y reducidos a cenizas? Ya es hora de que pongas fin. En cuanto a esas cosas que entre los azares comunes del mundo te suceden como tu porción y lote particular, ¿puedes estar descontento con alguna de ellas, cuando recuerdas nuestro dilema ordinario: o una providencia, o los átomos de Demócrito; y junto con ello, todo lo que hemos traído para probar que el mundo entero es como una sola ciudad? Y en cuanto a tu cuerpo, ¿qué puedes temer, si consideras que tu mente y entendimiento, una vez que se ha recobrado y conoce su propio poder, no tiene ningún interés en esta vida y respiración (ya sea que fluya suave y gentilmente, o áspera y rudamente), sino que es del todo indiferente? ¿Y qué más has oído y asentido concerniente al dolor o al placer? Pero quizá el cuidado de tu honor y reputación te distraiga. ¿Cómo puede ser eso, si miras hacia atrás y consideras tanto la rapidez con que todas las cosas que existen son olvidadas, como el inmenso caos de eternidad que hubo antes y que seguirá después de todas las cosas, y la vanidad de la alabanza, y la inconstancia y variabilidad de los juicios y opiniones humanos, y lo estrecho del lugar donde se limita y circunscribe? Pues toda la tierra no es sino un punto; y de ella, esta parte habitada es solo una parte muy pequeña; y de esta parte, ¿cuántos en número y qué clase de hombres son los que te elogiarán? ¿Qué queda entonces, sino que practiques a menudo este retiro hacia esta pequeña parte de ti mismo; y sobre todo, manténte libre de distracciones, y no te empeñes vehementemente en nada, sino sé libre y considera todas las cosas como un hombre cuyo objeto propio es la Virtud, como un hombre cuya verdadera naturaleza es ser amable y sociable, como un ciudadano, como una criatura mortal? Entre otras cosas que debes usar para retirarte a considerar y examinar, que estas dos estén entre las más obvias y a mano. Primera, que las cosas u objetos mismos no alcanzan el alma, sino que permanecen fuera, quietos y tranquilos, y que es solo de la opinión interior de donde procede todo el tumulto y toda la perturbación. Segunda, que todas estas cosas que ahora ves, dentro de muy poco tiempo habrán cambiado y ya no existirán más: y recuerda siempre de cuántos cambios y alteraciones en el mundo has sido ya testigo ocular en tu tiempo. Este mundo es puro cambio, y esta vida, opinión.

4 Si entender y ser razonable es común a todos los hombres, entonces esa razón por la cual somos llamados razonables es común a todos. Si la razón es general, entonces esa razón también que prescribe lo que debe hacerse y lo que no, es común a todos. Si eso, entonces la ley. Si la ley, entonces somos conciudadanos. Si es así, entonces somos partícipes de una misma comunidad política. Si es así, entonces el mundo es como una ciudad. Pues ¿de qué otra comunidad política puede decirse que todos los hombres son miembros? De esta ciudad común es de donde se derivan para nosotros el entendimiento, la razón y la ley, pues ¿de dónde más? Porque así como lo que en mí es terrestre lo tengo de alguna tierra común, y lo que es húmedo me es impartido de algún otro elemento, como mi aliento y vida tiene su fuente propia, y también aquello que es seco y ardiente en mí (pues no hay nada que no proceda de algo, como tampoco hay nada que pueda reducirse a la mera nada), así también hay algún principio común del cual ha procedido mi entendimiento.

5 Así como la generación es, así también lo es la muerte: un secreto de la sabiduría de la naturaleza, una mezcla de elementos, resuelta de nuevo en los mismos elementos, una cosa ciertamente de la que ningún hombre debería avergonzarse: en una serie de otros eventos y consecuencias fatales a los que una criatura racional está sujeta, no impropia ni incongruente, ni contraria a la constitución natural y propia del hombre mismo.

6 Tales y tales cosas, de tales y tales causas, deben necesariamente proceder. El que no quisiera que tales cosas sucedieran, es como el que quisiera que la higuera creciera sin savia ni humedad. En suma, recuerda esto: que dentro de muy poco tiempo, tanto tú como él estaréis ambos muertos, y poco después, ni siquiera vuestros nombres y memorias permanecerán.

7 Que se quite la opinión, y nadie pensará que ha sido agraviado. Si nadie piensa que ha sido agraviado, entonces ya no existe tal cosa como el agravio. Aquello que no hace al hombre mismo peor, no puede hacer su vida peor, ni puede dañarlo ni interior ni exteriormente. Era conveniente en la naturaleza que así fuera, y por tanto necesario.

8 Todo lo que sucede en el mundo, sucede justamente, y así si prestas buena atención, lo encontrarás. No digo solo en orden correcto por una serie de consecuencias inevitables, sino según la justicia y como por vía de distribución equitativa, según el verdadero valor de cada cosa. Continúa entonces prestando atención a esto, como has comenzado, y cualquier cosa que hagas, no lo hagas sin esta condición: que sea una cosa de tal naturaleza que un hombre bueno (como la palabra bueno se entiende propiamente) pueda hacerla. Observa esto cuidadosamente en cada acción.

9 No concibas tales cosas como concibe el que te agravia, o como quisiera que las concibieras, sino mira el asunto mismo y ve lo que es en verdad.

10 Estas dos reglas debes tener siempre preparadas. Primera, no hacer nada en absoluto, sino lo que la razón que procede de esa parte real y suprema te sugiera para el bien y beneficio de los hombres. Y segunda, si algún hombre presente puede rectificarte o apartarte de alguna persuasión errónea, que estés siempre dispuesto a cambiar de opinión, y que este cambio proceda no de ningún respeto por algún placer o crédito que de ello dependa, sino siempre de algún fundamento probable y aparente de justicia, o de algún bien público a ser promovido, o de algún otro inducement semejante.

11 ¿Tienes razón? La tengo. ¿Por qué entonces no haces uso de ella? Pues si tu razón hace su parte, ¿qué más puedes requerir?

12 Como parte hasta ahora has tenido una subsistencia particular, y ahora te desvanecerás en la sustancia común de Aquel que primero te engendró, o más bien serás resumido de nuevo en esa sustancia racional original, de la cual todas las demás han surgido y se han propagado. Muchas pequeñas piezas de incienso se colocan sobre el mismo altar, una cae primero y se consume, otra después; y todo viene a ser uno.

13 Dentro de diez días, si así sucede, serás estimado un dios por aquellos que ahora, si volvieras a los dogmas y a honrar la razón, no te estimarán mejor que un mero bruto y un mono.

14 No actúes como si tuvieras miles de años para vivir. La muerte pende sobre ti: mientras aún vivas, mientras puedas, sé bueno.

15 Cuánto tiempo y ocio gana el que no es curioso por saber lo que su vecino ha dicho, o ha hecho, o ha intentado, sino solo lo que él mismo hace, para que sea justo y santo; o para expresarlo en palabras de Agato: no mirar las malas condiciones de otros, sino correr derecho en línea, sin ninguna agitación suelta y extravagante.

16 Quien es ávido de crédito y reputación después de su muerte, no considera que aquellos mismos por quienes es recordado, pronto después cada uno de ellos estará muerto; e igualmente los que les sucedan; hasta que al final toda memoria, que hasta ahora por la sucesión de hombres que admiran y pronto después mueren ha tenido su curso, se extinga por completo. Pero supón que tanto los que te recordarán como tu memoria con ellos fueran inmortales, ¿qué es eso para ti? No diré para ti después de que estés muerto, sino incluso para ti viviendo, ¿qué es tu alabanza? Sino solo por una consideración secreta y política, que llamamos οἰκονομίαν, o dispensación. Porque en cuanto a que sea don de la naturaleza, cualquier cosa que sea alabada en ti, lo que pudiera objetarse de ello, déjalo ahora que estamos en otra consideración como inoportuno. Aquello que es bello y bueno, cualquiera que sea, y en cualquier respecto que sea, que es bello y bueno, lo es por sí mismo y termina en sí mismo, sin admitir la alabanza como parte o miembro: por tanto aquello que es alabado, no por ello se hace ni mejor ni peor. Esto lo entiendo incluso de aquellas cosas que comúnmente se llaman bellas y buenas, como aquellas que son alabadas ya sea por la materia misma o por el curioso trabajo manual. En cuanto a lo que es verdaderamente bueno, ¿qué más puede necesitar que la justicia o la verdad; o más que la bondad y la modestia? ¿Cuál de todas estas se hace buena o bella porque sea alabada, o sufre algún daño si es censurada? ¿Acaso la esmeralda se vuelve peor en sí misma, o más vil si no es alabada? ¿Y el oro, el marfil o la púrpura? ¿Hay algo que lo haga, por muy común que sea, como un cuchillo, una flor o un árbol?

17 Si es así que las almas permanecen después de la muerte (dirán los que no lo creen), ¿cómo es que el aire desde toda la eternidad es capaz de contenerlas? ¿Cómo es que la tierra (digo yo) desde ese tiempo es capaz de contener los cuerpos de los que están enterrados? Pues así como aquí el cambio y la resolución de los cuerpos muertos en otro tipo de subsistencia (cualquiera que esta sea) hace lugar para otros cuerpos muertos, así las almas después de la muerte transferidas al aire, después de haber permanecido allí un tiempo, son ya sea por vía de transmutación, o transfusión, o conflagración, recibidas de nuevo en esa sustancia racional original, de la cual todas las demás proceden, y así dan paso a aquellas almas que, antes acopladas y asociadas a cuerpos, ahora comienzan a subsistir solas. Esto, sobre la suposición de que las almas después de la muerte subsisten durante un tiempo solas, puede ser respondido. Y aquí (además del número de cuerpos enterrados y contenidos por la tierra) podemos considerar además el número de varias bestias comidas por nosotros los hombres y por otras criaturas. Pues a pesar de que tal multitud de ellas es diariamente consumida y como enterrada en los cuerpos de los comedores, sin embargo el mismo lugar y cuerpo es capaz de contenerlas, por razón de su conversión, en parte en sangre, en parte en aire y fuego. ¿Cuál es en estas cosas la especulación de la verdad? Dividir las cosas en aquello que es pasivo y material, y aquello que es activo y formal.

18 No vagar fuera del camino, sino en cada movimiento y deseo, realizar lo que es justo, y estar siempre atento a alcanzar la verdadera aprehensión natural de cada fantasía que se presenta.

19 Todo lo que te es conveniente, oh Mundo, me es conveniente a mí; nada puede ser intempestivo para mí, ni fuera de fecha, que para ti sea oportuno. Todo lo que tus estaciones traen, será siempre por mí estimado como feliz fruto y aumento. ¡Oh Naturaleza! De ti son todas las cosas, en ti todas las cosas subsisten, y hacia ti todas tienden. Si pudo decir de Atenas: «Tú, ciudad amada de Cécrope», ¿no dirás tú del mundo: «Tú, ciudad amada de Dios»?

20 Comúnmente dirán: no te metas en muchas cosas, si quieres vivir alegremente. Ciertamente no hay nada mejor que un hombre se limite a las acciones necesarias; a tantas y solo tales como la razón en una criatura que se sabe nacida para la sociedad comandará y ordenará. Esto no solo procurará esa alegría que procede de la bondad, sino también la que procede de la escasez de acciones. Pues siendo así que la mayoría de las cosas que decimos o hacemos son innecesarias, si un hombre las suprimiera, debe necesariamente seguirse que ganará mucho ocio y ahorrará mucha molestia, y por tanto en cada acción un hombre debe sugerirse privadamente por vía de advertencia: ¿Qué? ¿no puede ser esto que ahora emprendo, del número de acciones innecesarias? Ni debe acostumbrarse a suprimir solo acciones, sino también pensamientos e imaginaciones innecesarias, pues así las acciones consecuentes innecesarias serán mejor prevenidas y suprimidas.

21 Prueba también cómo te conviene la vida de un hombre bueno (de uno que está bien complacido con todas esas cosas, cualesquiera que sean, que entre los cambios y azares comunes de este mundo caen en su propio lote y porción, y puede vivir bien contento y plenamente satisfecho en la justicia de su propia acción presente y en la bondad de su disposición para el futuro). Has tenido experiencia de ese otro tipo de vida: haz ahora prueba de esta también. No te turbes más de aquí en adelante, redúcete a perfecta simplicidad. ¿Algún hombre te ofende? Es contra sí mismo que ofende: ¿por qué habría de perturbarte? ¿Te ha sucedido algo? Está bien, cualquiera que sea, es aquello que de todos los azares comunes del mundo desde el principio mismo, en la serie de todas las otras cosas que han sucedido o sucederán, fue destinado y señalado para ti. Para comprenderlo todo en pocas palabras, nuestra vida es corta; debemos esforzarnos por aprovechar el tiempo presente con la mejor discreción y justicia. Usa la recreación con sobriedad.

22 O bien este mundo es un κόσμος o pieza hermosa, porque todo está dispuesto y gobernado por cierto orden, o si es una mezcla, aunque confusa, aún así es una pieza hermosa. Pues ¿es posible que en ti haya alguna belleza, y que en el mundo entero no haya nada sino desorden y confusión? ¿Y todas las cosas en él también, por propiedades naturales diferentes diferenciadas y distinguidas unas de otras, y sin embargo todas difundidas a través, y por simpatía natural, unidas unas a otras, como lo están?

23 Una disposición negra o maligna, una disposición afeminada; una disposición dura e inexorable, una disposición salvaje e inhumana, una disposición ovejuna, una disposición infantil; una disposición obtusa, una falsa, una bufonesca, una fraudulenta, una tiránica: ¿qué entonces? Si es un extraño en el mundo, quien no conoce las cosas que hay en él, ¿por qué no ser también un extraño que se maravilla de las cosas que se hacen en él?

24 Es un verdadero fugitivo el que huye de la razón, por la cual los hombres son sociables. Es ciego quien no puede ver con los ojos de su entendimiento. Es pobre quien depende de otro y no tiene en sí mismo todas las cosas necesarias para esta vida. Es un apostema del mundo quien, al estar descontento con aquellas cosas que le suceden en el mundo, como si apostatara y se separara de la administración racional de la naturaleza común. Pues es la misma naturaleza la que te trae esto, cualquiera que sea, que primero te trajo al mundo. Levanta sedición en la ciudad quien por acciones irracionales retira su propia alma de esa alma única y común de todas las criaturas racionales.

25 Hay quien sin siquiera un abrigo, y hay quien sin siquiera un libro, pone en práctica la filosofía. Estoy medio desnudo, ni tengo pan que comer, y sin embargo no me aparto de la razón, dice uno. Pero yo digo: carezco del alimento de las buenas enseñanzas e instrucciones, y sin embargo no me aparto de la razón.

26 Cualquiera que sea el arte y profesión que hayas aprendido, esfuérzate por aplicarte a ella y consolarte en ella, y pasa el resto de tu vida como alguien que de todo corazón se encomienda a sí mismo y todo lo que le pertenece a los dioses: y en cuanto a los hombres, no te comportes ni tiránica ni servilmente hacia ninguno.

27 Considera en tu mente, por ejemplo, los tiempos de Vespasiano: verás las mismas cosas: algunos casándose, algunos criando hijos, algunos enfermos, algunos muriendo, algunos luchando, algunos festejando, algunos comerciando, algunos cultivando, algunos adulando, algunos jactándose, algunos sospechando, algunos intrigando, algunos deseando morir, algunos quejándose y murmurando de su estado presente, algunos cortejando, algunos atesorando, algunos buscando magistraturas y algunos reinos. ¿Y no está esa época completamente terminada y acabada? Considera ahora de nuevo los tiempos de Trajano. Allí igualmente ves las mismas cosas, y esa época también ha terminado y acabado. De igual manera considera otros períodos, tanto de tiempos como de naciones enteras, y ve cuántos hombres, después de haber pretendido y perseguido con todas sus fuerzas alguna cosa mundana, poco después cayeron y se resolvieron en los elementos. Pero especialmente debes recordar a aquellos que tú mismo en tu vida has conocido muy distraídos con cosas vanas, y mientras tanto descuidando hacer aquello, y adherirse estrecha e inseparablemente a ello (como plenamente satisfechos con ello), que su propia constitución requería. Y aquí debes recordar que tu conducta en cada asunto debe ser según el valor y la debida proporción de este, pues así no te cansarás ni agobiarás fácilmente, si no te detienes en asuntos pequeños más tiempo del que es apropiado.

28 Aquellas palabras que una vez fueron comunes y ordinarias, ahora se han vuelto oscuras y obsoletas; y así los nombres de hombres una vez comúnmente conocidos y famosos, ahora se han convertido en cierto modo en nombres oscuros y obsoletos. Camilo, Ceso, Volesio, Leonato; poco después, Escipión, Catón, luego Augusto, luego Adriano, luego Antonino Pío: todos estos en poco tiempo estarán pasados de moda y, como cosas de otro mundo por así decir, se volverán fabulosos. Y esto lo digo de ellos, que una vez brillaron como las maravillas de sus épocas, porque en cuanto al resto, tan pronto como expiran, con ellos toda su fama y memoria. ¿Y qué es entonces lo que siempre será recordado? Todo es vanidad. ¿Qué es aquello en lo que debemos poner nuestro cuidado y diligencia? Incluso solo en esto: que nuestras mentes y voluntades sean justas, que nuestras acciones sean caritativas, que nuestro discurso nunca sea engañoso, o que nuestro entendimiento no esté sujeto al error; que nuestra inclinación esté siempre dispuesta a abrazar todo lo que nos suceda, como necesario, como usual, como ordinario, como fluyendo de tal principio y de tal fuente, de la cual tú mismo y todas las cosas proceden. Por tanto, voluntariamente y completamente entrégate a esa concatenación fatal, entregándote a los hados para ser dispuesto a su placer.

29 Todo lo que ahora está presente y tiene su existencia día a día, todos los objetos de las memorias, y las mentes y memorias mismas, considera incesantemente que todas las cosas que existen tienen su ser por el cambio y la alteración. Acostúmbrate por tanto a menudo a meditar sobre esto: que la naturaleza del universo no se deleita en nada más que en alterar aquellas cosas que son, y en hacer otras semejantes a ellas. Así que podemos decir que todo lo que es, no es sino como la semilla de aquello que será. Porque si piensas que solo es semilla aquello que la tierra o el vientre recibe, eres muy simple.

30 Ahora estás listo para morir, y sin embargo no has alcanzado esa perfecta simplicidad: todavía estás sujeto a muchos problemas y perturbaciones; aún no libre de todo temor y sospecha de accidentes externos; ni todavía tan mansamente dispuesto hacia todos los hombres como deberías, ni tan afectado como alguien cuyo único estudio y única sabiduría es ser justo en todas sus acciones.

31 Contempla y observa cuál es el estado de su parte racional; y aquellos que el mundo considera sabios, ve de qué cosas huyen y tienen miedo, y qué cosas persiguen.

32 Tu mal no puede subsistir en la mente y entendimiento de otro hombre, ni en ningún temple o destemple propio de la constitución natural de tu cuerpo, que no es sino como el abrigo o cabaña de tu alma. ¿En dónde entonces, sino en aquella parte de ti en la que puede subsistir la concepción y aprehensión de cualquier miseria? No permitas entonces que esa parte admita tal concepción, y todo estará bien. Aunque tu cuerpo, que está tan cerca de ella, sea cortado o quemado, o sufra cualquier corrupción o putrefacción, sin embargo deja que esa parte a la que pertenece juzgar de estas cosas permanezca en reposo; es decir, deja que juzgue esto: que cualquiera que sea, que puede suceder igualmente a un hombre malvado y a uno bueno, no es ni bueno ni malo. Porque lo que sucede igualmente al que vive según la naturaleza y al que no, no es ni según la naturaleza ni contra ella; y por consiguiente, ni bueno ni malo.

33 Considera y piensa siempre en el mundo como siendo una sola sustancia viviente y teniendo una sola alma, y cómo todas las cosas en el mundo están limitadas a un solo poder sensitivo, y se hacen por un solo movimiento general como si fuera, y deliberación de esa alma única; y cómo todas las cosas que son, concurren en la causa del ser mutuo, y de qué manera de conexión y concatenación suceden todas las cosas.

34 ¿Qué eres tú, exceptuada esa parte mejor y divina, sino como dijo bien Epicteto, una pobre alma designada para llevar un cadáver arriba y abajo?

35 Sufrir cambio no puede ser daño; como no es beneficio por el cambio alcanzar el ser. La edad y el tiempo del mundo es como una inundación y corriente veloz, consistente en las cosas que suceden en el mundo. Pues tan pronto como algo ha aparecido y ha pasado, otro le sucede, y ese también pronto estará fuera de la vista.

36 Todo lo que sucede en el mundo es, en el curso de la naturaleza, tan usual y ordinario como una rosa en la primavera y la fruta en el verano. De la misma naturaleza es la enfermedad y la muerte; la calumnia y el acecho, y cualquier otra cosa que ordinariamente suele ser para los necios ocasión de alegría o tristeza. Aquello, cualquiera que sea, que viene después, siempre muy naturalmente, y por así decir familiarmente, sigue a aquello que fue antes. Pues debes considerar las cosas del mundo, no como un número suelto e independiente, consistente meramente en eventos necesarios, sino como una conexión discreta de cosas ordenadas y armoniosamente dispuestas. Se ve entonces en las cosas del mundo, no una mera sucesión, sino una admirable correspondencia y afinidad.

37 Que aquello de Heráclito nunca salga de tu mente: que la muerte de la tierra es agua, y la muerte del agua es aire, y la muerte del aire es fuego, y así a la inversa. Recuerda también a aquel que ignoraba adónde conducía el camino, y cómo esa razón que es la cosa por la cual todas las cosas en el mundo son administradas, y con la cual los hombres están continua y más íntimamente conversando, sin embargo es la cosa con la que ordinariamente están más en oposición, y cómo esas cosas que diariamente suceden entre ellos no cesan diariamente de ser extrañas para ellos, y que no debemos hablar ni hacer nada como hombres dormidos, por opinión y mera imaginación: pues entonces pensamos que hablamos y hacemos, y que no debemos ser como niños que siguen el ejemplo de su padre, alegando como mejor razón su mero καθότι παρειλήφαμεν; o, como por tradición sucesiva de nuestros antepasados lo hemos recibido.

38 Incluso si alguno de los dioses te dijera: ciertamente morirás mañana, o pasado mañana, no lo tomarías, a menos que fueras extremadamente bajo y pusilánime, como un gran beneficio, morir al día siguiente en vez de mañana (pues, ay, ¿cuál es la diferencia?); así, por la misma razón, no pienses que es gran cosa morir muchos años después en vez del día siguiente.

39 Sea tu meditación perpetua cuántos médicos que una vez parecían tan serios y tan teatralmente fruncían el ceño sobre sus pacientes, están muertos y desaparecidos ellos mismos. Cuántos astrólogos, después de haber pronosticado con gran ostentación la muerte de algunos otros, cuántos filósofos después de tantos tratados y volúmenes elaborados sobre la mortalidad o la inmortalidad; cuántos valientes capitanes y comandantes, después de la muerte y matanza de tantos; cuántos reyes y tiranos, después de haber abusado de su poder sobre las vidas de los hombres con tal horror e insolencia, como si ellos mismos fueran inmortales; cuántas, si puedo decirlo así, ciudades enteras tanto hombres como pueblos: Hélice, Pompeya, Herculano y otros innumerables están muertos y desaparecidos. Repásalos también, a quienes tú mismo, uno tras otro, has conocido en tu tiempo caer. Tal y tal persona se encargó del entierro de tal y tal persona, y pronto después fue enterrada ella misma. Así uno, así otro: y todas las cosas en poco tiempo. Pues aquí radica todo en verdad: siempre mirar todas las cosas mundanas como cosas cuya continuidad es solo por un día, y cuyo valor es vilísimo y despreciable, como por ejemplo, ¿qué es el hombre? Aquello que hace solo el otro día cuando fue concebido era viles mocos, y dentro de pocos días será o un cadáver embalsamado o meras cenizas. Así debes según la verdad y la naturaleza, considerar a fondo cómo la vida del hombre es solo por un brevísimo momento de tiempo, y así partir manso y contento: como si una aceituna madura al caer alabara la tierra que la sostuvo y diera gracias al árbol que la engendró.

40 Debes ser como un promontorio del mar, contra el cual aunque las olas golpean continuamente, sin embargo él mismo permanece, y alrededor de él aquellas olas hinchadas son calmadas y aquietadas.

41 ¡Oh, desdichado yo, a quien esta desgracia ha sucedido! No, feliz yo, a quien habiendo sucedido esta cosa, puedo continuar sin pesar; ni herido por lo que está presente, ni en temor de lo que está por venir. Pues en cuanto a esto, podría haberle sucedido a cualquier hombre, pero cualquier hombre habiendo tenido tal cosa acontecida, no podría haber continuado sin pesar. ¿Por qué entonces debería aquello ser más bien una infelicidad, que esto una felicidad? Pero en cualquier caso, ¿puedes tú, oh hombre, llamar infelicidad a aquello que no es una desgracia para la naturaleza del hombre? ¿Puedes pensar que es una desgracia para la naturaleza del hombre aquello que no es contrario al fin y voluntad de su naturaleza? ¿Qué entonces has aprendido que es la voluntad de la naturaleza del hombre? ¿Acaso entonces lo que te ha sucedido te impide ser justo, o magnánimo, o temperado, o sabio, o circunspecto, o veraz, o modesto, o libre, o de cualquier otra cosa de todas aquellas cosas en cuya posesión y disfrute presente la naturaleza del hombre (como entonces disfrutando de todo lo que le es propio) está plenamente satisfecha? Ahora para concluir: en toda ocasión de tristeza recuerda de ahora en adelante hacer uso de este dogma, que cualquiera que sea lo que te ha sucedido, en verdad no es tal cosa en sí misma como una desgracia; sino que soportarla generosamente es ciertamente gran felicidad.

42 Es solo un remedio ordinario y tosco, pero es un buen remedio eficaz contra el miedo a la muerte, que un hombre considere en su mente los ejemplos de aquellos que, codiciosa y avariciosamente (por así decir) disfrutaron sus vidas por largo tiempo. ¿Qué han ganado más que aquellos cuyas muertes han sido prematuras? ¿No están ellos mismos muertos al final? Como Cadiciano, Fabio, Juliano Lépido, o cualquier otro que en su vida habiendo enterrado a muchos, fueron al final enterrados ellos mismos. Todo el espacio de la vida de cualquier hombre es poco, y tan poco como es, ¡con qué problemas, con qué clase de disposiciones, y en la compañía de qué cuerpo tan miserable debe ser pasado! Sea por tanto para ti del todo como un asunto de indiferencia. Pues si miras hacia atrás, he aquí, qué infinito caos de tiempo se presenta ante ti; y un caos tan infinito, si miras hacia adelante. En aquello que es tan infinito, ¿qué diferencia puede haber entre aquello que vive solo tres días y aquello que vive tres edades?

43 Que tu curso sea siempre el camino más compendioso. El más compendioso es el que es según la naturaleza: es decir, en todas las palabras y acciones, seguir siempre lo que es más sano y perfecto. Pues tal resolución liberará a un hombre de todo problema, disputa, disimulo y ostentación.

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