Parte 4Primer estásimo — ¿Quién es el culpable?
CORO.—
Estrofa 1.ª
¿Quién es aquel a quien la voz inmortal nombra desde la rocosa celda de Pitia, autor de acciones viles de derramamiento de sangre, horrores que ninguna lengua puede contar? Necesita pies para huir más veloces que corceles rápidos como la tormenta, porque le sigue pisando los talones, armado con los rayos de su padre, Apolo. Y también como perros de caza le persiguen las Parcas.
Antístrofa 1.ª
Sí, pero ahora ha relampagueado la orden desde el nevado pico del Parnaso: «¡Buscad cerca y lejos al autor no descubierto de este asesinato!». Ahora vaga como un toro hosco por espesuras del bosque y arboledas de las alturas, y en vano busca huir de la condena que siempre cercana revolotea sobre su cabeza, todavía acosado por el vengador Febo, la voz divina, desde el santuario central de la Tierra.
Estrofa 2.ª
Estoy muy perplejo por las palabras del maestro adivino. ¿Son verdaderas, son falsas? No lo sé y refreno mi lengua por temor, agitado por vagas sospechas; ni el presente ni el futuro están claros. No conozco ninguna disputa de fecha antigua ni en días todavía recientes entre la casa de Lábdaco y nuestro gobernante, el hijo de Pólibo. No hay prueba alguna: ¿cómo entonces puedo poner en duda el buen nombre de nuestro rey, cómo unirme a una venganza de sangre por un acto vergonzoso del que no hay rastro?
Antístrofa 2.ª
Sabios del todo son Zeus y Apolo, y nada se oculta a su conocimiento; son dioses; y en ingenio un hombre puede superar a sus semejantes; pero que un adivino mortal sepa más de lo que yo sé, ¿dónde ha sido demostrado esto? ¿O cómo, sin señal segura, puedo yo culpar a quien salvó nuestro Estado cuando vino la alada cantora, probado y contrastado a la luz de todos nosotros, como oro ensayado? ¿Cómo puedo ahora asentir cuando se imputa un crimen a Edipo?
CREONTE.— Amigos, compatriotas, me entero de que el rey Edipo ha lanzado contra mí una acusación muy grave, y vengo a vosotros protestando. Si él considera que le he dañado o perjudicado en algo, con palabra o acción, en esta nuestra presente desgracia, no me importa prolongar el tiempo de vida con semejante mala reputación; porque la calumnia no afecta a una sola mancha, sino que arruina mi nombre, si por voz general soy denunciado como falso al Estado y falso por vosotros, mis amigos.
CORO.— Esta burla bien puede ser que haya sido pronunciada con petulancia, no dicha con deliberación.
CREONTE.— ¿Se atrevió alguien a pretender que fui yo quien incitó al adivino a pronunciar una acusación falsa?
CORO.— Tales cosas se dijeron; con qué intención no lo sé.
CREONTE.— ¿No estaban su juicio y su visión totalmente extraviados cuando fijó en mí esta monstruosa acusación?
CORO.— No lo sé; soy ciego ante los actos de mi soberano. Pero mira, él viene a responder por sí mismo.
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