
Sócrates está en prisión, condenado a muerte, esperando el día de la ejecución. De madrugada, su viejo amigo Critón entra a escondidas con un plan: todo está dispuesto para que escape y salve la vida. Sócrates se niega. En este diálogo breve y afilado, Platón plantea una de las preguntas más incómodas de la filosofía política: ¿debemos obedecer las leyes incluso cuando nos condenan injustamente? Sócrates sostiene que sí —que romper el pacto con las leyes de su ciudad, aun para salvarse, sería una injusticia mayor que la que padece. Es el eslabón entre la Apología y el Fedón: el hombre que se defendió ante el tribunal, y que pronto beberá la cicuta, explica aquí por qué elige morir antes que traicionar sus principios.
El «Critón» es uno de los diálogos tempranos de Platón (c. 427-347 a.C.), ambientado en la prisión de Atenas en el 399 a.C., pocos días antes de la ejecución de Sócrates. Solo intervienen dos personajes: Sócrates y su acaudalado amigo Critón.
Critón llega de madrugada para convencer a Sócrates de que huya: tiene el dinero, los contactos y un lugar seguro donde acogerlo. Sócrates rechaza la oferta y construye su respuesta imaginando un diálogo con las propias Leyes de Atenas, que le reprochan que escapar sería destruir el pacto que lo ha hecho ciudadano y hombre libre.
Junto con la «Apología» y el «Fedón», el «Critón» forma el relato platónico del final de Sócrates. Es un texto fundacional de la filosofía política y de la ética: la primera gran reflexión occidental sobre la obediencia a la ley y la coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.

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