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Trío · 2 h 27 min de lectura en total

Sócrates desde tres lados: la burla, la defensa y la cárcel

Aristófanes lo puso colgado de un cesto en 423 a.C. Veinticuatro años después, Sócrates citó esa comedia en su propio juicio como el origen de todo. Aquí están las dos versiones, y el final.

De Sócrates no se conserva una sola línea escrita por él. Lo conocemos por lo que otros contaron, y lo que otros contaron no coincide: para Aristófanes era un charlatán que cobraba por enseñar a no pagar las deudas; para Platón, el hombre más justo de su tiempo. Leer las dos versiones seguidas es una experiencia rara en literatura: ver a un personaje histórico desde el escenario cómico y desde el banquillo, con veinticuatro años de distancia entre una imagen y la otra.

Y hay un dato que convierte el ejercicio en algo más que curiosidad: en la Apología, cuando Sócrates enumera a sus acusadores, empieza por los que lo calumniaron cuando el jurado era joven — y nombra a «un tal Aristófanes». La comedia no fue inocente. Preparó el terreno.

El orden que recomendamos

Dos hombres con el mismo nombre

El Sócrates de Aristófanes cobra, especula sobre los astros, mide el salto de las pulgas y enseña a ganar los pleitos con o sin razón. El de Platón no cobró nunca, dice no saber nada del cielo ni de la tierra, y su oficio es preguntar hasta desarmar al que cree saber. Son incompatibles.

La crítica lleva veinticinco siglos discutiendo cuánto hay de real en cada retrato. La respuesta más honrada es que Aristófanes no dibujó a Sócrates, sino al «intelectual nuevo» de Atenas —sofistas, físicos, retóricos— y le puso la cara más reconocible de todas. Fue eficaz, y fue injusto.

La comedia que ayudó a matarlo

En 399 a.C., ante el tribunal, Sócrates dice que sus acusadores son dos clases: los recientes —Meleto, Ánito— y los antiguos, los que llevaban toda la vida repitiendo que hay un hombre que investiga las cosas del cielo y hace fuerte al argumento débil. De esos, dice, «uno de ellos es un autor cómico». Es la única vez que un texto filosófico señala a una obra de teatro como causa de una condena a muerte.

Lo que enseña leerlos juntos

Que la caricatura pública tiene consecuencias, y que llega antes que el argumento. Que un hombre puede ser al mismo tiempo el más divertido de los personajes y el más serio de los acusados. Y que la Atenas que inventó la democracia y el teatro también inventó el linchamiento reputacional — con el mismo material.

Una frase de cada una

¿Y quién es ese hombre suspendido en un cesto?
Las nubes · Aristófanes
casi me hicieron olvidar quién era yo, tan persuasivamente hablaron; y sin embargo apenas han dicho una palabra de verdad
Apología de Sócrates · Platón
Cuando un hombre ha llegado a mi edad no debe lamentarse ante la llegada de la muerte.
Critón · Platón

¿Dudas de cuál abrir primero? Tenemos la comparativa: cuál leer antes →

Preguntas frecuentes

¿En qué orden hay que leerlos?

Cronológico y dramático a la vez: «Las nubes» (423 a.C.), «Apología» (el juicio de 399) y «Critón» (los días de cárcel posteriores). Así se recorre la vida pública de Sócrates desde la burla hasta la ejecución, y la Apología se lee sabiendo de qué se defiende.

¿Es justa «Las nubes» con Sócrates?

No, y ese es el asunto. Le atribuye lo que él combatía: cobrar por enseñar y hacer ganar la causa injusta. Aristófanes construyó un intelectual genérico con la cara del más conocido de la ciudad.

¿Hace falta saber filosofía para leerlos?

Ninguna. Los tres son cortos, narrativos y directos: una comedia con incendio final, un discurso de defensa y una conversación en una celda. Es probablemente el mejor primer contacto posible con la filosofía griega.

¿Qué falta para completar la historia?

El «Fedón», donde Platón cuenta la muerte de Sócrates: la conversación final sobre la inmortalidad del alma y la cicuta. En Clasicalia está completo, y forma con estos el ciclo entero.

¿Cuánto se tarda en leer los tres?

Unas dos horas y media en total: «Las nubes» ronda la hora y cuarto, la «Apología» los cuarenta minutos y el «Critón» apenas veinte. Una tarde.