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Parte 12Quinto estásimo — Himno a Dioniso

Antígona · Sófocles · 1 min de lectura

CORO.—

Estrofa 1.ª

Tú, adorado con muchos nombres, hijo de Zeus el dios del trueno, maravilla de una novia tebana, señor protector de la hermosa Italia; en las profundidades de las glorietas de la reina de Eleusis, refugio de juerguistas, hombres y mujeres, se te ve, Dioniso. Donde el Ismeno hace correr sus aguas, donde se sembraron los dientes del dragón, donde las bacantes, tus hijas, vagan a tu alrededor, allí está tu hogar; Tebas, oh Baco, es tuya.

Antístrofa 1.ª

A ti te ven las antorchas de llama lívida sobre la roca de doble cima; donde acuden en tropel las doncellas corisias, a ti, las fuentes de Castalia. Junto al baluarte de Nisa cubierto de hiedra, junto a las orillas alegres de viñedos apiñados, allí resuena para ti el himno, y por nuestras calles los tebanos gritamos: ¡Salve a ti! ¡Evohé, evohé!

Estrofa 2.ª

Oh, puesto que amas esta ciudad más que ninguna otra, a ti, y a tu madre herida por el rayo, en nuestra terrible necesidad te invocamos; ves con qué plaga enferman nuestros ciudadanos. Anhelamos tu pronta ayuda, ya sea que desciendas por las alturas del Parnaso o que cruces veloz los estrechos rugientes. ¡Sálvanos, oh sálvanos!

Antístrofa 2.ª

El más brillante de todos los astros que exhalan luz, hijo auténtico de Zeus, rey inmortal, conductor de todas las voces de la noche, ven, y trae contigo tu cortejo de tíades, tu tropel enloquecido que danza ante ti toda la noche y grita. Somos tus sirvientas. ¡Evohé, evohé!

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