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Ciclo · 29 h 07 min de lectura en total

La novela rusa: por dónde empezar y en qué orden

Todo empieza con un jugador que quiere tres cartas y termina con un hacha talando un jardín. En medio caben ochenta años y la mitad de la literatura moderna.

«Toda la literatura rusa salió del capote de Gógol», dice la frase que se le atribuye a Dostoievski. Es exagerada y es cierta: en menos de un siglo, y casi sin tradición previa, seis escritores inventaron la manera de contar por dentro a una persona, y desde entonces todo el mundo escribe con esa herramienta.

Este ciclo reúne las nueve obras con las que se entra: dos relatos que fundan el género —Pushkin y Gógol—, dos novelas cortas de aprendizaje —Turguénev y el Dostoievski joven—, las dos que llevan la conciencia hasta el fondo —«Memorias del subsuelo» y «Crimen y castigo»—, la muerte contada por Tolstói y el final de todo aquel mundo en la última obra de Chéjov. Todas están aquí completas, traducidas directamente del ruso al español de hoy.

Ninguna pide conocimientos previos y solo una pasa de las doscientas páginas. La fama de difícil viene de «Guerra y paz» y de «Los hermanos Karamázov»; esto es la puerta.

Esta página es el orden de lectura. Si lo que quieres es ver la estantería entera y elegir por tu cuenta, está en Novela rusa.

El orden que recomendamos

Los dos que hay que leer juntos: Tolstói y Dostoievski

Nunca se conocieron, y son la pareja más útil de la literatura. Tolstói mira desde fuera, con una precisión de entomólogo: sabe qué hace cada personaje con las manos, qué piensa mientras habla y por qué miente. Dostoievski se mete dentro de una cabeza y no sale en trescientas páginas.

Leídos seguidos —«La muerte de Iván Ilich» y «Crimen y castigo»— se explican mutuamente: el uno cuenta a un hombre correcto que descubre al final que no ha vivido; el otro, a un hombre que hace algo irreparable y descubre que tiene que vivir igual.

Por qué San Petersburgo sale en casi todas

Cinco de estas nueve obras transcurren en la misma ciudad, y no es casualidad. San Petersburgo era una capital construida de golpe sobre un pantano por orden de un zar, llena de ministerios y de funcionarios ordenados en catorce grados que decidían cómo debía tratarse a cada persona.

Es el escenario perfecto para lo que interesa a estos autores: gente pequeña dentro de una maquinaria enorme. El barbero de «La nariz», el copista de «El capote», el estudiante de «Crimen y castigo» y el soñador de «Noches blancas» andan por las mismas calles.

La fama de difícil, y de dónde viene

Viene de tres cosas: del tamaño de «Guerra y paz», de los nombres —cada personaje ruso tiene nombre, patronímico, apellido y dos o tres diminutivos— y de las traducciones antiguas, escritas en un español que ya no se habla.

Aquí las tres están resueltas: ocho de las nueve obras se leen en menos de cuatro horas, los nombres se mantienen constantes a lo largo de cada libro y la traducción es nueva y directa del ruso.

Una frase de cada una

no estoy en condiciones de sacrificar lo necesario con la esperanza de adquirir lo superfluo
La dama de picas · Aleksandr Pushkin
En el departamento… pero mejor no decir en qué departamento.
El capote · Nikolái Gógol
El asesor colegiado Kovaliov saltó de la cama, se sacudió: ¡no hay nariz!…
La nariz · Nikolái Gógol
«Toma lo que puedas, pero no te dejes atrapar; pertenecerte a ti mismo, ahí está todo el secreto de la vida»
Primer amor · Iván Turguénev
Fue una noche maravillosa, una de esas noches que solo pueden existir cuando somos jóvenes, querido lector.
Noches blancas · Fiódor Dostoievski
Soy un hombre enfermo… Soy un hombre malvado. Soy un hombre desagradable.
Memorias del subsuelo · Fiódor Dostoievski
¿Soy una criatura temblorosa o tengo derecho…?
Crimen y castigo · Fiódor Dostoievski
La historia pasada de la vida de Iván Ilich fue de lo más simple y ordinaria, y de lo más terrible.
La muerte de Iván Ilich · Lev Tolstói
Toda Rusia es nuestro jardín.
El jardín de los cerezos · Antón Chéjov

Preguntas frecuentes

¿En qué orden conviene leerlas?

En el que está aquí, que es el cronológico salvo por las dos de Dostoievski, colocadas juntas para que se vea el salto: «La dama de picas» (1834), «El capote» (1842), «La nariz» (1836), «Primer amor» (1860), «Noches blancas» (1848), «Memorias del subsuelo» (1864), «Crimen y castigo» (1866), «La muerte de Iván Ilich» (1886) y «El jardín de los cerezos» (1904).

¿Cuál es la más fácil para empezar?

«La dama de picas» o «Noches blancas»: las dos se leen en menos de una hora y no piden nada. Si prefieres reírte, «La nariz».

¿Hace falta saber historia de Rusia?

Para ninguna de las cortas. Ayuda saber dos cosas: que hasta 1861 hubo siervos, es decir campesinos que pertenecían al dueño de la tierra, y que los funcionarios estaban ordenados en catorce grados que marcaban el trato. Con eso basta.

¿Y los nombres rusos?

Cada persona tiene nombre de pila, patronímico —el nombre del padre con una terminación— y apellido, más diminutivos cariñosos. Rodión Románovich Raskólnikov es Ródia para su madre. En estas ediciones cada personaje se llama siempre igual, y con dos capítulos ya no hace falta pensar en ello.

¿Faltan obras importantes?

Faltan las grandes de más de mil páginas —«Guerra y paz», «Ana Karénina», «Los hermanos Karamázov», «El idiota»— y «Padres e hijos» de Turguénev. Este ciclo es la puerta de entrada, no el catálogo completo.

¿Están completas y gratis?

Sí, las nueve, íntegras y traducidas directamente del ruso para Clasicalia, sin registro y sin descargas.