En menos de un siglo, y casi sin tradición previa, media docena de escritores rusos inventaron la manera de contar por dentro a una persona. Todo lo que se ha escrito después —la novela psicológica, el monólogo interior, el interrogatorio de novela negra— viene de aquí.
Empieza con Pushkin, que fija el idioma literario en cuarenta páginas secas; sigue con Gógol, que pone en el centro al funcionario al que nadie mira; pasa por la claridad de Turguénev, llega a las dos cimas —Dostoievski, que se mete dentro de una cabeza y no sale, y Tolstói, que mira desde fuera con precisión de entomólogo— y se cierra con Chéjov, ya en el teatro, viendo marcharse aquel mundo.
La fama de difíciles viene de «Guerra y paz» y de «Los hermanos Karamázov». Aquí no hay nada de eso: casi todas estas obras se leen en una tarde, y todas están traducidas directamente del ruso al español de hoy.
Por una obra corta: «La dama de picas» de Pushkin o «Noches blancas» de Dostoievski se leen en menos de una hora. Si quieres reírte, «La nariz» de Gógol. «Crimen y castigo» es la novela grande y también la más leída.
La fama viene del tamaño de «Guerra y paz» y de los nombres rusos, que tienen nombre, patronímico, apellido y diminutivos. Los libros en sí son directos y casi todos cortos.
Tolstói mira a sus personajes desde fuera y con una precisión enorme; Dostoievski se mete dentro de una cabeza. Leídos seguidos se explican mejor: aquí están «La muerte de Iván Ilich» y «Crimen y castigo».
Sí, todas: traducción nueva y directa del original ruso al español de hoy, íntegra y gratis.