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Fábula 44Mercurio y el leñador

Fábulas · Esopo · 1 min de lectura

Un leñador que estaba cortando madera a la orilla de un río dejó caer su hacha accidentalmente en un estanque profundo. Al verse privado de su medio de subsistencia, se sentó en la ribera y se lamentó de su dura suerte. Apareció Mercurio y le preguntó la causa de sus lágrimas. Después de que le contó su desgracia, Mercurio se sumergió en la corriente y, sacando un hacha de oro, le preguntó si era esa la que había perdido. Al responder él que no era la suya, Mercurio desapareció bajo el agua por segunda vez, volvió con un hacha de plata en la mano y le preguntó de nuevo al leñador si era la suya. Cuando el leñador dijo que no lo era, se zambulló en el estanque por tercera vez y sacó el hacha que se había perdido. El leñador la reclamó y expresó su alegría por recuperarla. Mercurio, complacido por su honradez, le regaló las hachas de oro y de plata además de la suya. El leñador, al regresar a su casa, relató a sus compañeros todo lo que había sucedido. Uno de ellos decidió de inmediato intentar conseguir la misma buena fortuna para sí mismo. Corrió al río y arrojó su hacha a propósito al estanque en el mismo lugar, y se sentó en la ribera a llorar. Mercurio se le apareció tal como esperaba; y habiendo conocido la causa de su pesar, se sumergió en la corriente y sacó un hacha de oro, preguntándole si la había perdido. El leñador la agarró con avidez y declaró que en verdad era la misma hacha que había perdido. Mercurio, disgustado por su picardía, no solo se llevó el hacha de oro, sino que se negó a recuperar para él el hacha que había arrojado al estanque.

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