Fábula 37El labrador y la serpiente
Un invierno, un labrador encontró una serpiente rígida y helada por el frío. Sintió compasión por ella y, recogiéndola, la colocó en su pecho. La serpiente se reanimó rápidamente con el calor y, recuperando sus instintos naturales, mordió a su bienhechor, infligiéndole una herida mortal. «Oh», exclamó el labrador con su último aliento, «me lo merezco por haber compadecido a un canalla». La mayor bondad no obligará nunca al ingrato.
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