
Filosofía griega
h. 427 – h. 347 a.C. · Atenas
Escribió toda su filosofía en forma de conversación, y nunca habla en primera persona: el que discute siempre es Sócrates.
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Nació en Atenas en una familia aristocrática cuando la ciudad estaba en guerra con Esparta, y creció viendo cómo la democracia que había hecho grande a Atenas la conducía a la derrota. Tenía unos veintiocho años cuando esa misma ciudad condenó a muerte a su maestro, Sócrates, por preguntar demasiado. Toda su obra puede leerse como una respuesta a ese día.
Viajó, estuvo en Sicilia intentando —sin éxito— convertir a un tirano en rey filósofo, y fundó en Atenas la Academia, que funcionó novecientos años. Escribió siempre en forma de diálogo y nunca aparece en ellos: el que pregunta es Sócrates, hasta el punto de que todavía se discute dónde acaba el Sócrates histórico y empieza el personaje de Platón.
Su idea central es que lo que vemos no es lo real: las cosas hermosas pasan, la belleza no; los actos justos cambian, la justicia no. Esas realidades estables —las Ideas— son lo que la filosofía busca conocer. De ahí sale el mito de la caverna, y de ahí sale también su desconfianza hacia la política tal como la conocía.
Le tocó la Atenas de después: la peste, la derrota frente a Esparta, la dictadura de los Treinta y una democracia restaurada que ejecutó a Sócrates. Escribe en una ciudad que ha perdido la confianza en sí misma, y eso explica que su obra política busque cimientos en algo que no dependa de la opinión de la mayoría.
Los cuatro primeros forman una sola historia: el proceso y la muerte de Sócrates, del día de la acusación al último. Se pueden leer seguidos en una tarde larga y es la mejor manera de entrar.
EutifrónDiálogo socrático · s. IV a.C.
Apología de SócratesDiálogo socrático · 399 a.C.
CritónDiálogo socrático · s. IV a.C.
FedónDiálogo socrático · s. IV a.C.
El BanqueteDiálogo sobre el amor · s. IV a.C.
La RepúblicaFilosofía política · s. IV a. C.Lo que vemos cambia; lo que las cosas son, no. Las cosas bellas pasan, la belleza no. Conocer es alcanzar esas realidades estables, no acumular opiniones sobre las copias.
Unos prisioneros toman por real la sombra proyectada en un muro. El que sale y ve el sol vuelve a contarlo y no le creen. Es a la vez teoría del conocimiento y advertencia política.
Razón, ánimo y apetito. La justicia en una persona —y en una ciudad— consiste en que cada parte haga lo suyo y ninguna mande donde no le toca.
Si gobernar bien exige conocer el bien, debería gobernar quien lo conozca. Es la propuesta más discutida de la filosofía política y Platón la defendió sabiendo que sonaba a imposible.
El método de Sócrates: no enseñar, preguntar hasta que el otro descubra que no sabía lo que creía saber. Incómodo por diseño.
Empieza por la «Apología de Sócrates». Es corta, no exige nada previo y deja claro de golpe qué era filosofar para estos griegos: incomodar a la ciudad preguntando.
Después, el orden natural es «Critón» —por qué no se fuga de la cárcel— y «Fedón», el último día. Con esos tres se tiene entera la historia que fundó la filosofía occidental.
Luego, «El Banquete», que es el más literario y el más disfrutable. Y solo al final «La República»: es la obra mayor, pero empezar por ella es la forma más segura de abandonar a Platón.
De los treinta y cinco diálogos que se le atribuyen, aquí hay seis. Faltan piezas grandes —el «Fedro», el «Teeteto», el «Gorgias», las «Leyes»— y se irán sumando.
Para seguir: Aristóteles, que discute con él en casi cada página, y Cicerón, que llevó estas ideas al latín y a través de él a Europa.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Platón, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Porque para él la filosofía es una actividad, no un cuerpo de doctrinas: algo que ocurre entre dos personas que discuten. Un tratado daría respuestas; el diálogo enseña a preguntar.
Sí. Fue un ateniense real, ejecutado en el 399 a.C. Lo que se discute es cuánto del Sócrates de los diálogos es histórico y cuánto es un personaje que Platón usa para exponer sus propias ideas.
Por «La República». Es su obra mayor y la más citada, pero también larga y densa: como primera lectura desanima. Mejor llegar a ella con dos o tres diálogos cortos ya leídos.
Realidades estables que no cambian —la belleza, la justicia, el bien— de las que las cosas concretas participan. Las cosas bellas pasan; la belleza, no. Conocer es alcanzar eso, no acumular opiniones.
Los cuatro del proceso se leen en una tarde larga. «El Banquete» ronda la hora y «La República» es la única que pide varios días.