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Cuál leer primero

Apología de Sócrates o El Banquete: por dónde entrar a Platón

En uno, Sócrates se juega la vida ante quinientos jueces. En el otro, bebe y habla del amor hasta el amanecer.

Nadie debería empezar a Platón por «La República»: es larga y densa. Estos dos diálogos son la puerta, y son opuestos en tono. La «Apología» es un discurso de defensa real ante un tribunal; «El Banquete», una cena entre amigos donde cada uno pronuncia un elogio del amor.

La diferencia práctica es qué se lleva uno. De la «Apología» se sale sabiendo quién era Sócrates y por qué molestaba tanto: es el retrato del filósofo como incomodidad pública. De «El Banquete» se sale con la teoría platónica del amor, la escala que sube de los cuerpos a las ideas, y con la mejor escena de toda la filosofía griega: Alcibíades entrando borracho a decir la verdad.

Apología de Sócrates: el discurso ante el tribunal

Año 399 a.C. Sócrates, setenta años, es acusado de no creer en los dioses de la ciudad y de corromper a los jóvenes. En vez de suplicar, explica por qué ha vivido como ha vivido: el oráculo de Delfos, la búsqueda de alguien más sabio que él, el descubrimiento de que solo sabe que no sabe. Lo condenan. Y en la segunda votación, cuando puede proponer su propia pena, propone que lo mantengan a costa del Estado.

No es un diálogo, es un discurso. Se lee en menos de una hora y es, probablemente, el mejor texto para explicar qué es la filosofía a quien no ha leído ninguno.

El Banquete: siete discursos sobre el amor

En casa de Agatón, unos cuantos amigos deciden que cada uno hable del amor. Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes —que cuenta el mito de los seres partidos en dos, de donde viene la media naranja—, Agatón y por último Sócrates, que repite lo que le enseñó la sacerdotisa Diotima: el amor es deseo de lo que falta, y bien conducido lleva de un cuerpo hermoso a la belleza misma.

Cuando parece terminado, irrumpe Alcibíades, borracho, y en vez de elogiar al amor elogia a Sócrates y cuenta cómo intentó seducirlo sin conseguirlo. Ese giro final convierte un tratado en literatura.

En qué se parecen

Los dos tienen a Sócrates en el centro y los dos lo retratan más que lo explican: en el tribunal y en la fiesta, siempre igual de imperturbable. Los dos son cortos, los dos se leen sin formación previa y los dos están escritos por alguien que escribía muy bien, cosa que se olvida al hablar de Platón.

Y en los dos aparece la misma idea de fondo: la filosofía no es un saber que se posee, sino una carencia que empuja. Sócrates no sabe; por eso pregunta. El amor no tiene; por eso desea.

Una frase de cada uno

casi me hicieron olvidar quién era yo, tan persuasivamente hablaron; y sin embargo apenas han dicho una palabra de verdad
Apología de Sócrates · Platón

Los acusadores son elocuentes pero mentirosos; Sócrates contrasta retórica vacía con verdad desnuda.

Porque el principio que debe ser la guía de los hombres que quieren vivir noblemente —ese principio, digo—, ni el parentesco, ni el honor, ni la riqueza, ni ningún otro motivo es capaz de inculcarlo tan bien como el amor.
El Banquete · Platón

El amor es el mejor maestro de la virtud y del honor, superior a cualquier lazo familiar o ambición mundana.

Las diferencias, una a una

Apología de SócratesEl Banquete
Qué esUn discurso de defensaUn diálogo con siete discursos
EscenarioUn tribunal de AtenasUna cena en casa de Agatón
TonoSereno, desafiante, sin adornosFestivo, irónico, literario
Qué se aprendeQuién fue Sócrates y qué es filosofarLa teoría platónica del amor
Escena memorableProponer que lo mantenga el EstadoAlcibíades entrando borracho
DuraciónMenos de una horaAlgo más de una hora
Continúa en«Critón» y «Fedón», del mismo proceso«Fedro», que vuelve sobre el amor

Cuál leer primero

Empieza por la «Apología» casi siempre. Es más corta, no exige nada previo y deja al lector con la sensación de haber entendido para qué sirve la filosofía. En clase funciona como primera lectura de curso.

Empieza por «El Banquete» si el grupo ya está motivado o si el tema del amor es el gancho. Es más rico literariamente y da más juego para discutir, pero conviene saber ya quién era Sócrates para disfrutar del final.

El orden ideal: «Apología» para conocerlo, «El Banquete» para verlo en acción. Y si engancha, «Critón» y «Fedón» cierran el proceso que la «Apología» abre.

Para trabajarlo en clase

Cinco ejes de comparación, del más sencillo al que da para un comentario largo. Los dos textos están completos aquí, así que todo se puede comprobar sobre la obra.

  1. «Solo sé que no sé nada»: buscar la formulación real en el texto y comparar con la versión popular.
  2. La estructura de la Apología: acusación, defensa, condena y despedida. Marcar dónde cambia cada parte.
  3. Los siete discursos de El Banquete: resumir cada uno en una frase y ver cómo se corrigen entre sí.
  4. El mito de Aristófanes: de dónde viene la «media naranja» y qué dice realmente el texto.
  5. La escala de Diotima: ordenar los peldaños del cuerpo bello a la belleza en sí.

Por dónde entrar en cada uno

Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:

Preguntas frecuentes

¿La Apología es real?

Es la versión de Platón del discurso que Sócrates pronunció en su juicio del 399 a.C. No es una transcripción: Platón escribe años después y hay debate sobre cuánto hay de histórico. El juicio y la condena sí ocurrieron.

¿Cuál es más fácil?

La «Apología». Es un discurso seguido, sin cambios de voz ni tesis encadenadas. «El Banquete» exige seguir siete posiciones distintas y ver cómo cada una corrige a la anterior.

¿De dónde viene lo de la media naranja?

Del discurso de Aristófanes en «El Banquete»: los humanos eran seres dobles que Zeus partió, y desde entonces cada uno busca su mitad. Es un mito cómico dentro del diálogo, no la tesis de Platón.

¿Qué leer después?

«Critón» y «Fedón» continúan directamente la historia del juicio: la negativa a fugarse y el último día. Los tres seguidos son una de las mejores lecturas que ofrece la filosofía antigua.

¿Hay que saber griego o mitología?

No. Los nombres propios se explican con una nota y los mitos que aparecen los cuenta el propio texto.