Capítulo 20La soledad del sabio
Abandona el estudio: no habrá aflicción. ¿Cuánta diferencia hay entre el sí y el no? ¿Cuánta diferencia hay entre el bien y el mal?
Lo que otros temen, yo también debo temerlo: ¡qué desolación! ¡Aún no ha llegado a su fin!
Todos los hombres son radiantes, como en un gran festín, como subiendo a la terraza en primavera. Solo yo permanezco quieto, sin señales, como un bebé que aún no sonríe, desvalido, como quien no tiene a dónde volver.
Todos los hombres tienen de sobra, solo yo parezco haber perdido todo. Tengo el corazón de un necio: ¡tan confuso, tan oscuro!
La gente común es brillante, solo yo parezco sumido en tinieblas. La gente común es perspicaz, solo yo soy torpe y embotado.
Deriva como el mar, sopla como el viento sin cesar. Todos los hombres tienen un propósito, solo yo soy terco e inculto.
Solo yo soy diferente de los demás: valoro alimentarme de la Madre.
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