21 frases sacadas una a una de nuestras traducciones. No son citas de internet: cada una está comprobada contra el texto que puedes leer aquí mismo.
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) combatió en Lepanto, donde un arcabuzazo le dejó inútil la mano izquierda, pasó cinco años cautivo en Argel, fue comisario de abastos para la Armada y estuvo dos veces en la cárcel por cuentas que no cuadraban. Publicó la primera parte en Madrid en 1605, en la imprenta de Juan de la Cuesta, a los cincuenta y siete años: se agotó en semanas y ese mismo año hubo ediciones piratas en Lisboa y Valencia.
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.
Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón casi todas las noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.
La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.
En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio.
Yo sé quién soy —respondió don Quijote—; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama
—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza. —Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos
—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
—No hay libro tan malo —dijo el bachiller— que no tenga algo bueno.
Callaron todos, tirios y troyanos; quiero decir, pendientes estaban todos los que el retablo miraban de la boca del declarador de sus maravillas
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida
—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno.
y una de las señales por donde conjeturaron que se moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco a cuerdo, porque a las ya dichas razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y con tanto concierto, que del todo les vino a quitar la duda, y a creer que estaba cuerdo.
Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno
Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos, y de nariz corva aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro.
Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio.
Óyote hablar, y sé que te hablo, y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.
De su natural condición era el más celoso hombre del mundo, aun sin estar casado.
Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras
yo soy el primero que he novelado en lengua castellana
no hay ninguna de quien no se pueda sacar un ejemplo provechoso
Quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de escribir este prólogo, porque no me fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote
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De nuestra propia traducción al español, hecha desde el original. Cada frase se ha comprobado palabra por palabra contra el texto publicado en Clasicalia; las que no aparecían literalmente se descartaron.
Sí. Sus 2 obras están en Clasicalia al completo, online y sin registro.