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InicioLeer en conjuntoEurípides: los dioses no perdonan
Trío · 3 h 02 min de lectura en total

Medea, Hipólito y Las bacantes: cuando el dios entra en casa

Eurípides no escribió sobre dioses lejanos. Escribió sobre lo que pasa cuando entran en una casa y alguien les cierra la puerta.

De los tres grandes trágicos griegos, Eurípides es el que peor lo pasó en vida —ganó pocos concursos, Aristófanes lo puso a parir— y el que mejor ha envejecido. Sus personajes hablan como personas, sus mujeres razonan mejor que sus hombres y sus dioses son francamente insoportables. Por eso es el más moderno de los tres.

Estas tres tragedias comparten un mecanismo: alguien desprecia a una fuerza que no se puede despreciar. Jasón cree que puede repudiar a una extranjera sin consecuencias. Hipólito cree que puede consagrarse a Ártemis e ignorar a Afrodita. Penteo cree que puede prohibir a Dioniso en su ciudad. Los tres se equivocan, y el castigo siempre llega desde dentro de la familia.

El orden que recomendamos

El dios como fuerza, no como personaje

Afrodita y Dioniso aparecen en escena en dos de estas obras, y en las dos son crueles con una tranquilidad administrativa: anuncian el castigo en el prólogo y lo ejecutan. No hay debate teológico. Lo que Eurípides pone en escena es lo que ocurre cuando una parte de la vida —el deseo, el éxtasis, el vínculo de sangre— se declara inexistente: vuelve, y vuelve con intereses.

Las víctimas colaterales

En las tres, quien paga no es solo el culpable. Mueren los hijos de Medea, muere Hipólito por una acusación falsa, muere Penteo a manos de su madre. Eurípides no reparte justicia poética: reparte consecuencias, que es distinto y mucho más incómodo.

Tres papeles enormes

Medea, Fedra y Ágave están entre los personajes más codiciados del teatro. Los tres exigen a la actriz recorrer en una hora el trayecto completo del amor al horror. Y en los tres casos Eurípides les da los mejores argumentos de la obra: el discurso de Medea sobre la condición de las mujeres sigue siendo citado veinticinco siglos después.

Una frase de cada una

Ojalá que la nave Argo no hubiese volado hacia la Cólquide y las cerúleas Simplégades.
Medea · Eurípides
Mi lengua ha jurado... mi mente sigue sin jurar.
Hipólito · Eurípides
La astucia no es sabiduría, ni lo es pensar en cosas impropias para mortales.
Las bacantes · Eurípides

¿Dudas de cuál abrir primero? Tenemos la comparativa: cuál leer antes →

Preguntas frecuentes

¿Cuál leer primero?

«Medea»: es la más famosa, la más directa y la que menos contexto mitológico requiere. «Hipólito» después, y «Las bacantes» al final, que es la más extraña y la que más gana sabiendo cómo funciona el mundo de Eurípides.

¿Hace falta conocer la mitología griega?

No. Cada una empieza con un prólogo que explica quién es quién y qué ha pasado antes — Eurípides ya escribía para un público que no siempre se acordaba. Nuestras fichas añaden además el contexto de cada obra.

¿Por qué Aristófanes se metía tanto con él?

Porque le parecía un sofista que había bajado la tragedia a la calle: personajes andrajosos, reyes mendigos, mujeres razonando en público. En «Las ranas» lo hace competir con Esquilo en el más allá — y pierde. El tiempo le ha dado la vuelta al veredicto.

¿Cuál es la más dura?

«Las bacantes», sin duda: la escena en que Ágave vuelve con la cabeza de su hijo creyendo que es la de un león no tiene equivalente. «Medea» es más conocida pero el horror queda fuera de escena.

¿Cuánto se tarda en leer las tres?

Unas tres horas: cada una ronda la hora de lectura. Se pueden leer las tres en un fin de semana, o una por tarde.