Las bacantes o Medea: por dónde entrar a Eurípides
En una, un dios entra en la ciudad y no queda nada en pie. En la otra no hace falta ningún dios: basta con un hombre que abandona a su mujer.
Eurípides escribió unas noventa obras y conservamos dieciocho. Estas dos son las que aparecen en todas las listas: la primera que escribió de las dos, «Medea» (431 a.C.), y la última de su vida, «Las bacantes» (405 a.C.), estrenada después de su muerte. Entre ellas hay veintiséis años y un cambio de mundo.
Las dos terminan con una madre y sus hijos muertos, y en las dos el horror lo comete ella. Pero el mecanismo es opuesto: Medea decide, calcula y ejecuta con plena conciencia; Ágave no sabe lo que hace hasta que despierta con la cabeza de su hijo en las manos.
Medea: la venganza con los ojos abiertos
Jasón repudia a Medea para casarse con la hija del rey de Corinto. Ella es extranjera, hechicera y no tiene a dónde ir: ha traicionado a su padre y matado a su hermano por él. Y decide cobrárselo de la única manera que lo dejará destruido de verdad.
El monólogo en el que duda ante sus hijos —y decide igual— es uno de los textos más citados del teatro universal. Medea sabe exactamente lo que hace y explica por qué.
Las bacantes: el dios que entra en la ciudad
Dioniso llega disfrazado a Tebas, la ciudad que niega su divinidad. Enloquece a las mujeres, se deja apresar por el joven rey Penteo y luego lo seduce con una idea: disfrazarse de mujer para espiar los ritos del monte. Allí lo esperan las bacantes, y entre ellas su madre.
Es su última obra y la más perturbadora: nunca queda claro si el dios tiene razón o es un monstruo. Nietzsche construyó sobre ella lo apolíneo y lo dionisíaco.
En qué se parecen
Las dos ponen en el centro a una mujer que destruye a los suyos y las dos se niegan a juzgarla del todo. En las dos hay un discurso brillante que defiende lo indefendible. Y en las dos, Eurípides le da los mejores argumentos al personaje que la sociedad de su tiempo habría condenado sin escuchar.
También comparten la crueldad estructural: el castigo cae sobre quien no lo merece — los hijos de Medea, Penteo, la propia Ágave — mientras el causante sobrevive para verlo.
Una frase de cada uno
La astucia no es sabiduría, ni lo es pensar en cosas impropias para mortales.
El estribillo del coro: la advertencia que Penteo no escucha
Ojalá que la nave Argo no hubiese volado hacia la Cólquide y las cerúleas Simplégades.
La primera línea de la nodriza: deshacer el viaje que lo empezó todo — el prólogo más imitado del teatro
Las diferencias, una a una
| Las bacantes | Medea | |
|---|---|---|
| Año | 405 a.C. (póstuma) | 431 a.C. |
| Quién causa el desastre | Un dios ofendido, Dioniso | Un marido que repudia a su mujer |
| La protagonista | Ágave, que no sabe lo que hace | Medea, que sabe exactamente lo que hace |
| El tema de fondo | Lo irracional que una ciudad niega | La condición de la mujer y del extranjero |
| Dificultad | Media: conviene saber quién es Dioniso | Baja: se entiende sola |
| Duración | Alrededor de una hora | Alrededor de una hora |
Cuál leer primero
Empieza por «Medea» si es tu primera tragedia griega. No requiere ningún conocimiento previo, el conflicto es doméstico y reconocible, y el discurso de Medea sobre lo que soportan las mujeres suena escrito ayer. Es la puerta de entrada clásica a Eurípides.
Empieza por «Las bacantes» si ya has leído tragedia griega o si vienes de la filosofía. Es más extraña, más ambigua y más grande: la obra en la que un autor de ochenta años se pregunta qué le ocurre a una sociedad que decide que ciertas fuerzas no existen.
Por dónde entrar en cada uno
Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:
Preguntas frecuentes
¿Cuál es más dura?
«Las bacantes». El horror de Medea ocurre fuera de escena y se cuenta; el de Las bacantes entra en escena en brazos de la propia madre. La escena del reconocimiento de Ágave no tiene equivalente en el teatro griego.
¿Hace falta conocer la mitología?
Muy poco. «Medea» apenas requiere saber que Jasón trajo el vellocino de oro; «Las bacantes» que Dioniso es el dios del vino y del éxtasis. Los prólogos de Eurípides explican lo demás.
¿Cuál se estudia más?
«Medea», en literatura y en estudios de género. «Las bacantes» aparece más en filosofía, por Nietzsche, y en antropología de la religión.
¿Hay más Eurípides en Clasicalia?
Sí: «Hipólito», la tragedia del deseo y el juramento, con la que forman un trío excelente. Están las tres completas y traducidas.


