Poesías: claves para leerla y comentarla
Garcilaso de la Vega · 3 h 32 min de lectura · texto completo y gratis
Leer la obra gratis →Un soldado de treinta y cinco años que murió asaltando una torre, no publicó un verso en vida, y aun así cambió para siempre la manera de escribir poesía en español.
De qué trata
Garcilaso escribe sobre una sola cosa —el amor que no se tiene— y la escribe con una métrica que en castellano no existía. El resultado son treinta y ocho sonetos, tres églogas de pastores que hablan como cortesanos, cinco canciones, dos elegías y una carta en verso a su amigo Boscán. Todo cabe en un tomo delgado y de ahí sale la poesía española moderna.
Estructura
| Sonetos (38) | El núcleo y lo más leído. Catorce versos endecasílabos, tema amoroso, tono contenido. Aquí están «Cuando me paro a contemplar mi estado», «Escrito está en mi alma vuestro gesto», «¡Oh dulces prendas por mi mal halladas!» y «En tanto que de rosa y azucena», el carpe diem español. |
| Canciones (5) | Poemas largos en estancias. La quinta, «A la flor de Gnido», es la que estrena la lira y la que más se estudia; la cuarta es la más oscura y la más apasionada. |
| Elegías y epístola (3) | Dos elegías en tercetos encadenados —una por la muerte del hermano del duque de Alba, otra escrita desde Sicilia a Boscán— y la epístola en verso suelto a Boscán, que es la primera carta en verso de la literatura española. |
| Coplas (8) | Lo único que escribió al modo castellano viejo, en octosílabos. Sirven para ver de dónde venía y cuánto cambió. |
| Égloga I | La obra maestra. Salicio se queja de haber sido dejado; Nemoroso llora a una muerta. Cuatrocientos veintiún versos y ni uno sobra. |
| Égloga II | La más larga y la más extraña: dos mil versos con la locura de amor de Albanio en el centro y un elogio de la casa de Alba al final. |
| Égloga III | Cuatro ninfas bordan en el Tajo cuatro historias trágicas, y la cuarta es la de Elisa. Es la más perfecta de las tres en factura. |
Temas para el comentario
La revolución métrica
Es el hecho central. Hasta 1526 el castellano culto se escribía en octosílabos o en arte mayor; Garcilaso y Boscán importan de Italia el endecasílabo, el soneto, el terceto encadenado, la estancia y la octava. No fue una moda: en veinte años se había impuesto y no volvió atrás.
El amor como pérdida
Casi nunca hay amor correspondido. Hay memoria, ausencia, muerte y unas prendas que hacen daño precisamente porque siguen ahí. La emoción es real y la expresión es contenida, y de esa tensión sale todo.
La naturaleza que escucha
Ríos, árboles, prados y pastores que hablan mejor que ninguna persona real. Es el paisaje heredado de Virgilio y de Sannazaro, pero Garcilaso lo llena de una tristeza que no es literaria.
Un soldado que escribe
Escribió entre campañas, en Nápoles, en Sicilia, en una isla del Danubio donde el emperador lo desterró. La epístola a Boscán y la segunda elegía están fechadas en el frente. Murió en una escaramuza sin importancia.
La lira
Cinco versos, dos largos y tres cortos. La inventa en la Canción V y parece un detalle técnico. Cuarenta años después, Fray Luis y San Juan de la Cruz escriben en ella lo mejor de la poesía religiosa española.
Un clásico en cuarenta años
En 1574 El Brocense y en 1580 Fernando de Herrera publicaron ediciones anotadas de sus poemas, con el aparato que se reservaba a los autores latinos. Ningún poeta español se había convertido en materia de estudio tan deprisa.
Personajes
- Salicioel pastor traicionadoAbre la Égloga I con la queja de quien ha sido dejado por otro: «¡Oh más dura que mármol a mis quejas!». Se ha querido ver en él al propio Garcilaso cuando Isabel Freyre se casó.
- Nemorosoel pastor viudoCierra la Égloga I llorando a una mujer que ha muerto. Su lamento —«¿Dó están agora aquellos claros ojos…?»— es el pasaje más citado de toda la poesía española del XVI.
- Elisala mujer ausenteNunca habla. Está muerta o está con otro, y es el hueco alrededor del cual gira el libro entero. Detrás está Isabel Freyre, aunque Garcilaso jamás la nombra.
- Albanioel enamorado que enloqueceProtagonista de la larguísima Égloga II. Pierde la razón por amor y hay que sujetarlo. Es lo más raro y lo más ambicioso que escribió: dos mil versos con una historia de locura dentro de un elogio a la casa de Alba.
- Juan Boscánel amigoEl otro responsable de todo. Fue a él a quien el embajador veneciano Navagero sugirió en Granada que probara los metros italianos en castellano, y fue él quien arrastró a Garcilaso. La epístola en verso de este libro va dirigida a él, y fue su viuda quien imprimió los versos de los dos en 1543.
Lengua y estilo
Lo primero que se nota es la naturalidad. Garcilaso escribe con una métrica importada y no suena a traducción: el endecasílabo respira en castellano desde el primer verso. Esa facilidad aparente costó siglos de imitación fallida.
El vocabulario es corto y limpio, sin latinismos de exhibición. La emoción se dice a media voz —«¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas!»— y por eso llega. Es lo contrario del barroco que vendrá después.
Sobre esta edición: los versos NO se han tocado. El texto viene de una edición de 1919 con la ortografía ya modernizada, y en poesía cualquier retoque —quitar una diéresis, deshacer una elisión como «d’aquella»— rompe la medida del verso. Se han conservado tal cual porque son marcas métricas, no erratas.
Contexto
En 1526, en Granada, durante las bodas de Carlos V, el embajador veneciano Andrea Navagero le sugirió a Juan Boscán que probara a escribir sonetos y otras formas italianas en castellano. Boscán lo intentó y arrastró a su amigo Garcilaso. De esa conversación de sobremesa sale la poesía española moderna.
Garcilaso era noble toledano y hombre del emperador: soldado, diplomático y cortesano. En 1532 Carlos V lo desterró a una isla del Danubio por asistir a una boda prohibida; después estuvo en Nápoles, donde trató a los humanistas italianos y escribió lo mejor que tiene.
Murió el 14 de octubre de 1536 en Niza, veintiún días después de subir sin casco a asaltar una torre en Le Muy, en Provenza, y recibir una pedrada. Tenía treinta y cinco años. Sus poemas se publicaron en 1543, dentro de las obras de Boscán, por iniciativa de la viuda de este.
Lo esencial, en cinco puntos
- Empieza por los sonetos: son cortos, son los más famosos y entran solos.
- Si solo lees un poema largo, que sea la Égloga I. Es la mejor y la más estudiada.
- La Égloga II tiene dos mil versos y es la más difícil: déjala para el final o sáltatela.
- Las diéresis («demasïado», «crüeza») no son erratas: marcan que ahí hay dos sílabas.
- Las elisiones («d’aquella», «l’alma») tampoco: si las deshaces, el verso deja de medir once sílabas.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos sonetos escribió?
Treinta y ocho en la numeración habitual, que es la que sigue esta edición. Algunas ediciones cuentan cuarenta porque añaden dos de atribución discutida.
¿Cuál es su poema más famoso?
El soneto XXIII, «En tanto que de rosa y azucena», el carpe diem español por excelencia, y el lamento de Nemoroso en la Égloga I. Los dos se estudian en bachillerato.
¿Por qué está el texto sin modernizar?
Porque en poesía no se puede. Las diéresis y las elisiones son marcas de medida: quitarlas cambiaría el número de sílabas y el verso dejaría de ser endecasílabo. La ortografía general ya está actualizada en la edición de la que parte este texto.
¿Qué relación tiene con Boscán?
Fueron amigos y cómplices en la misma empresa: meter la métrica italiana en castellano. Boscán llegó primero y Garcilaso lo hizo mejor. La epístola en verso de este libro va dirigida a él, y fue la viuda de Boscán quien imprimió los versos de los dos juntos en 1543.
¿Cuánto se tarda en leerlo?
Los sonetos, en una tarde. La obra completa, unas cuatro horas, y no hace falta leerla seguida: está pensada para volver.
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