Coplas a la muerte de su padre: claves para leerla y comentarla
Jorge Manrique · 14 min de lectura · texto completo y gratis
Cuarenta coplas escritas por un soldado de treinta y pocos años al morir su padre. En veinte minutos de lectura está el verso más citado del español, la mejor definición de la muerte que se ha escrito en esta lengua y un consuelo que todavía funciona.
De qué trata
Muerto don Rodrigo Manrique, maestre de Santiago, su hijo Jorge escribe una elegía que no se queda en el duelo privado. Primero razona sobre el tiempo: la vida se pasa sin que lo notemos, los placeres duelen al recordarlos, todo lo temporal se acaba. Después mira alrededor y pregunta por los muertos recientes de la corte castellana, con nombres que sus lectores conocían. Y sólo entonces llega a su padre: cuenta sus virtudes, sus hazañas, y pone en escena a la Muerte, que viene a hablar con él. Don Rodrigo la acepta de pie, rodeado de los suyos, y muere en paz. El consuelo es la memoria.
Estructura
| Coplas 1-13 | La reflexión general. El tiempo que se pasa sin sentirlo, los placeres que duelen al recordarse, los ríos que van a dar en la mar. La muerte iguala a todos: pastores y reyes. |
| Coplas 14-24 | El ubi sunt. ¿Dónde están los grandes de ayer? El rey Juan II, los infantes de Aragón, don Álvaro de Luna, las justas y los trajes. Nombres reales y recientes, no leyendas. |
| Coplas 25-32 | El elogio de don Rodrigo. Sus virtudes comparadas con las de los grandes de Roma, y sus hechos de armas al servicio de Castilla. |
| Coplas 33-39 | El diálogo con la Muerte. Viene a buscarle y le razona: le ofrece la tercera vida, la eterna, a cambio de la temporal. Don Rodrigo acepta sin resistirse. |
| Copla 40 | La muerte, rodeado de mujer, hijos, hermanos y criados. El poema no acaba en el cadáver sino en lo que queda: «nos dejó harto consuelo / su memoria». |
Temas para el comentario
El paso del tiempo
No es una idea abstracta: Manrique la hace física con el río que corre y la vida que «se pasa» sin ruido. La muerte viene «tan callando», sin avisar.
La igualdad ante la muerte
Los ríos caudales, los medianos y los chicos acaban todos en el mismo mar. «Allegados son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos»: al llegar, la diferencia desaparece.
El ubi sunt
«¿Qué se hizo el rey don Juan?» El tópico medieval con nombres concretos y recientes. La eficacia está ahí: no pregunta por Troya, pregunta por gente que sus lectores habían visto.
Las tres vidas
La terrenal, que se acaba; la de la fama, que dan las buenas obras y las armas; y la eterna, que se gana muriendo bien. Don Rodrigo obtiene las tres, y por eso su muerte se cuenta como victoria.
La Fortuna y los bienes temporales
Hacienda, hermosura, linaje, poder: todo lo que la Fortuna presta lo reclama después. Frente a esa rueda, sólo la virtud queda quieta.
El consuelo cristiano sin retórica
Manrique acepta la muerte sin espanto ni macabro. No hay danza de la muerte ni esqueletos: hay un hombre que se despide de los suyos y una memoria que sigue.
Personajes
- Don Rodrigo ManriqueprotagonistaPadre del poeta, maestre de la Orden de Santiago y conde de Paredes. Militar de toda su vida, muere en su casa tras una larga carrera de armas. En el poema es el ejemplo de las tres vidas: la terrenal, la de la fama y la eterna.
- La MuertepersonificaciónAparece en las últimas coplas y habla con don Rodrigo. No viene a arrebatarle nada: viene a ofrecerle la tercera vida, la eterna, a cambio de la que ya ha vivido. Es cortés, razonada, casi respetuosa.
- La FortunapersonificaciónLa rueda que sube y baja: los bienes que reparte son «temporales» y se van con quien los trajo. Contra ella, el poema opone la fama y la virtud.
- El rey don Juan y los infantes de AragónevocadosLos grandes de la corte castellana anterior, con sus justas y sus galas. Manrique los nombra para preguntar dónde están ahora: es el ubi sunt del poema.
- Don Álvaro de LunaevocadoCondestable de Castilla, el hombre más poderoso del reino, decapitado en Valladolid en 1453. Su caída es el ejemplo mayor de lo que la Fortuna hace con quien encumbra.
Lengua y estilo
Lo primero, la estrofa. Copla de pie quebrado o «manriqueña»: dos sextillas de 8-8-4 con rima abc abc. El verso corto interrumpe cada tres y obliga a bajar la voz; ese tropiezo es el que da al poema su paso de campana. Conviene poder escandir la primera copla de memoria.
Lo segundo, la sencillez deliberada. Manrique escribe en pleno siglo XV, cuando la moda culta era el latinismo de Juan de Mena, y elige lo contrario: palabras llanas, sintaxis clara, apenas mitología. Por eso se sigue leyendo sin notas.
Y tercero, los recursos que hay que saber nombrar: la metáfora continuada de los ríos, el ubi sunt anafórico («¿Qué se hizo…?», «¿Qué fue de…?»), la personificación de la Muerte y la Fortuna, y las antítesis constantes entre lo temporal y lo eterno.
Contexto
Jorge Manrique (c. 1440-1479) pertenecía a una de las grandes familias de Castilla y fue sobrino del marqués de Santillana. Su vida fue la de un soldado en las guerras civiles del reinado de Enrique IV y en el bando de Isabel la Católica.
Su padre, don Rodrigo, maestre de Santiago, murió en 1476. Las coplas se escribieron poco después. Tres años más tarde Jorge moría en combate ante el castillo de Garcimuñoz, con menos de cuarenta años.
El poema circuló enseguida y no ha dejado de hacerlo: Lope lo citaba, Cervantes lo elogió y Longfellow lo tradujo al inglés en 1833. Es, con diferencia, el texto más citado de la poesía medieval española.
Lo esencial, en cinco puntos
- Estructura de embudo: de la ley universal (coplas 1-13) a los muertos recientes (14-24) y de ahí a un solo hombre (25-40).
- «Cualquiera tiempo pasado fue mejor» va precedido de «a nuestro parecer»: es cómo funciona la memoria, no una tesis sobre la historia.
- El ubi sunt de Manrique usa muertos recientes y con nombre, no leyendas antiguas: ahí está su fuerza.
- Tres vidas: terrenal, de la fama y eterna. Don Rodrigo gana las tres.
- El pie quebrado no es un adorno métrico: es el que impone el ritmo lento del poema.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas coplas son?
Cuarenta, de doce versos cada una: 480 versos. Se leen en unos veinte minutos.
¿Cómo es la copla manriqueña?
Dos sextillas de pie quebrado: versos octosílabos con el tercero y el sexto reducidos a tetrasílabo (8-8-4, 8-8-4), con rima abc abc.
¿Por qué se llama elegía?
Porque es un poema de lamento por la muerte de alguien. Lo particular de esta es que apenas se lamenta: razona y consuela.
¿Qué diferencia hay con las danzas de la muerte medievales?
Que aquí no hay macabro ni esqueletos ni terror. La Muerte de Manrique llega hablando, razona con don Rodrigo y le ofrece la vida eterna. Es una despedida serena, no un aviso de espanto.
¿Qué texto se lee en esta edición?
El de la primera edición crítica (Foulché-Delbosc, 1902), con la grafía del siglo XV modernizada a la norma actual. Se ha conservado el léxico y la métrica de Manrique: por eso se leen todavía formas como «nadi», «ge la» o «allegados».
