Clasicalia
InicioGuías de lecturaEl alcalde de Zalamea
El alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca
Guía de lectura

El alcalde de Zalamea: claves para leerla y comentarla

Pedro Calderón de la Barca · 1 h 57 min de lectura · texto completo y gratis

Leer la obra gratis →

Un campesino rico es nombrado alcalde la misma mañana en que un capitán del rey deshonra a su hija. Y decide juzgarlo él.

De qué trata

Verano de 1580. El ejército de Felipe II baja hacia Portugal y una compañía se aloja en Zalamea de la Serena. Al capitán le toca la casa de Pedro Crespo, el labrador más rico del pueblo, que ha escondido a su hija Isabel en el desván. El capitán la ve, la corteja, monta una pelea fingida para entrar donde ella está y, la noche en que la tropa se marcha, vuelve, la rapta y la fuerza en el monte. A la mañana siguiente Crespo es alcalde. Y el hombre al que tiene que juzgar es el que ha destrozado su casa.

Estructura

Jornada primera — El alojamientoLa tropa llega cansada y de mal humor. Reparten alojamientos: al capitán le toca la casa de Crespo. Aparecen don Mendo y Nuño, el hidalgo hambriento y su criado. El capitán descubre a Isabel escondida y decide que la quiere. Llega don Lope de Figueroa y choca con Crespo en la escena donde suena la frase del honor.
Jornada segunda — La ronda y el raptoCena en el jardín, guitarras de noche bajo la ventana, cuchilladas a oscuras. Juan se marcha soldado con don Lope. Cuando la compañía ya ha salido del pueblo, el capitán vuelve sobre sus pasos, se lleva a Isabel y deja a Crespo atado a un árbol.
Jornada tercera — La varaIsabel desata a su padre y le pide que la mate. Crespo, ya alcalde, prende al capitán, le ruega de rodillas que se case con ella, se lo niegan, y ordena el proceso. Llega el rey: encuentra al capitán ejecutado, discute la forma con Crespo y termina nombrándole alcalde perpetuo de Zalamea.

Temas para el comentario

El honor no es de sangre

Es la tesis de la obra y la razón de que siga viva. En el teatro de la época el honor iba con el linaje; aquí lo tiene el labrador y no lo tiene el capitán. La frase de Crespo —«al Rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios»— pone un límite a lo que el poder puede pedirte.

El drama de honor que no acaba en sangre familiar

En «El médico de su honra» o en «El castigo sin venganza» el ofendido lava la mancha matando en casa. Aquí Juan intenta hacer justamente eso y su padre lo mete en la cárcel. Crespo no mata a Isabel: la mete en un convento y va a por el culpable con la ley en la mano.

Jurisdicción civil contra jurisdicción militar

El conflicto legal de fondo, y no es un adorno: don Lope reclama al capitán para el consejo de guerra y Crespo alega que el delito se cometió en su término y bajo su vara. La obra le da la razón al alcalde, y el rey lo confirma.

El hidalgo de mentira

Don Mendo se pasea con criado y espada y no ha comido. Frente a él, Crespo, que tiene dinero de sobra y se niega a comprar una hidalguía porque sería falsa. Los dos juntos dicen lo mismo que la trama, pero en cómico.

Un ejército sobre el pueblo

La obra empieza con soldados quejándose y termina con un pueblo entero armado. Entre medias está el alojamiento forzoso, que era la manera real en que la guerra caía sobre los civiles. Calderón había sido soldado y lo sabía.

La justicia llega tarde

El rey aparece cuando ya no hay nada que decidir. Que la obra funcione depende de que Crespo actúe sin esperarle: es un elogio de la justicia local y, de paso, un aviso sobre la que viene de arriba.

Personajes

Lengua y estilo

Tres jornadas en verso, con la variedad métrica del teatro del Siglo de Oro: romance para la narración, redondillas para el diálogo rápido, silvas para los momentos graves. Muchos versos van partidos entre dos personajes, media línea cada uno: por eso el diálogo suena tan vivo.

Calderón alterna sin costura el registro trágico y el cómico. La misma obra tiene el monólogo de Isabel pidiéndole a la aurora que no salga y a un hidalgo discutiendo con su criado si conviene o no comer. Esa mezcla es deliberada.

Sobre esta edición: no es una traducción, porque ya está en español. Se ha modernizado la ortografía y la puntuación y se han sustituido las palabras que hoy no dicen nada, respetando el verso uno a uno. El vocabulario militar y jurídico —boleta, bengala, vara, villano, ejecutoria— se conserva, porque es de lo que trata la obra.

Contexto

La acción se sitúa en 1580, cuando el ejército de Felipe II atraviesa Extremadura camino de Portugal para hacer valer los derechos del rey a aquella corona. El alojamiento de tropas en casas particulares era obligatorio y odiado, y las quejas de los pueblos llenan los archivos de la época.

Calderón escribe hacia 1636, más de cincuenta años después, y sabe de lo que habla: sirvió como soldado en Cataluña. Don Lope de Figueroa existió, fue un general célebre y aparece aquí con su gota y su mal genio.

Hay un «Alcalde de Zalamea» anterior, atribuido a Lope de Vega, del que Calderón parte. Lo que hace con él es lo de siempre en el Siglo de Oro: coger una historia que circula y escribirla mejor.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Por qué «jornadas» y no actos?

Porque así se llamaban en el teatro español del Siglo de Oro. Lope fijó la comedia en tres jornadas y todos le siguieron.

¿Es una tragedia?

Se la suele llamar drama, no tragedia: hay muerte y deshonra, pero también comedia —don Mendo, Rebolledo, la Chispa— y un final en que la justicia se cumple. Calderón mezcla los registros a propósito.

¿Existió Pedro Crespo?

No hay constancia. Don Lope de Figueroa sí existió, y el episodio del alojamiento de tropas camino de Portugal es histórico; el alcalde y su hija son invención.

¿Por qué el rey no castiga a Crespo?

Porque le da la razón en el fondo y solo le discute la forma: un noble debía ser degollado y no muerto a garrote. Crespo contesta que, muertos, todos son iguales. El rey lo nombra alcalde perpetuo.

¿Qué relación tiene con «La vida es sueño»?

Son del mismo autor y de años cercanos, y las dos preguntan lo mismo desde sitios opuestos: qué te hace ser quien eres. Segismundo lo descubre encerrado en una torre; Crespo lo tiene claro desde el primer verso.

Guías de obras relacionadas

Si estás con esta, estas otras te van a hacer falta.