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El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina
Guía de lectura

El burlador de Sevilla: claves para leerla y comentarla

Tirso de Molina · 2 h 04 min de lectura · texto completo y gratis

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Un hombre invita a cenar a una estatua para reírse de ella. La estatua acepta, se presenta a la hora, y le devuelve la invitación.

De qué trata

Don Juan Tenorio va dejando un rastro de mujeres engañadas por cuatro escenarios —el palacio de Nápoles, la playa de Tarragona, las calles de Sevilla y una boda de aldea— con la misma técnica: hacerse pasar por otro, o jurar matrimonio y salir corriendo. Todos le avisan de que Dios cobra; él contesta siempre lo mismo, que le queda mucho plazo. Cuando mata al comendador don Gonzalo y luego, por burla, invita a cenar a su estatua, el plazo se acaba.

Estructura

Acto primero — Nápoles y TarragonaLa burla a Isabela en el palacio real, disfrazado del duque Octavio. Huye a España, naufraga y aparece en la playa de Tarragona, donde Tisbea lo salva y él se lo paga engañándola. En paralelo, en Sevilla el rey empieza a repartir bodas para tapar el escándalo napolitano.
Acto segundo — SevillaDon Juan intercepta la carta que doña Ana escribe al marqués de la Mota y suplanta a su amigo. El comendador don Gonzalo sale a defender a su hija y muere a manos de don Juan. La culpa recae sobre el marqués.
Acto tercero — Dos Hermanas y la cenaLa boda de Aminta y Batricio, deshecha por don Juan con un juramento que sabe falso. De vuelta en Sevilla se topa con el sepulcro de don Gonzalo y le invita a cenar de broma. La estatua va, come, y le cita en la capilla. Don Juan acude —porque de valiente no le falta nada— y se lo lleva el fuego. Sobre su cadáver, el rey casa por fin a las cuatro burladas.

Temas para el comentario

«Tan largo me lo fiáis»

Es la clave teológica y la frase que más se repite. Don Juan no es ateo: cree en el infierno y cuenta con arrepentirse a tiempo. El pecado que la obra castiga no es la lujuria, es la presunción de que uno elige cuándo pagar.

La burla como oficio

Lo que le mueve no es el deseo sino el gusto de engañar: lo dice él mismo al presentarse, «Sevilla a voces me llama el Burlador». Las mujeres son la ocasión; la burla es el fin.

Cuatro mujeres, cuatro clases

Duquesa, pescadora, dama noble y labradora. La comedia baja y sube por toda la escala social y demuestra que el engaño funciona igual arriba que abajo, aunque las consecuencias no sean iguales.

El honor y el rey que llega tarde

Los padres, hermanos y prometidos reclaman honor; el rey reparte bodas como quien firma facturas. La justicia humana se mueve despacio y mal, y por eso hace falta que baje la otra.

El convidado de piedra

La cena con el muerto es folclore antiguo que Tirso convierte en teatro: una estatua que cena alacranes y víboras y da la mano. Es el primer gran efecto sobrenatural del teatro español y la escena que Mozart hará inmortal.

Catalinón, la voz que no se oye

El criado avisa en cada acto de lo que va a pasar, y pasa. Su cobardía es cómica, pero es el único personaje que ve claro, y el hecho de que nadie le haga caso es parte del chiste y de la lección.

Personajes

Lengua y estilo

Es una comedia en verso de tres actos, escrita en la métrica variada del Siglo de Oro: romance para narrar, redondillas para el diálogo rápido, décimas y sonetos para los momentos altos. Se lee mucho más fácil de lo que parece — Tirso escribe para que se entienda a la primera desde un corral de comedias.

Los pasajes que hay que leer despacio son los dos grandes monólogos: el de Tisbea presumiendo de libre al principio del primer acto, y el del marqués describiendo Sevilla en el segundo.

Sobre esta edición: se moderniza la ortografía, la puntuación y el léxico que ya no significa nada, y el verso se conserva verso a verso. No se ha convertido en prosa ni se ha resumido: donde el original dice tres versos, aquí hay tres versos.

Contexto

Se imprimió en Barcelona en 1630, dentro de una colección de comedias, a nombre de Tirso de Molina —seudónimo de Gabriel Téllez, fraile mercedario—. La autoría se discute: hay quien se la atribuye a Andrés de Claramonte, y existe una versión gemela titulada Tan largo me lo fiáis. La crítica no ha cerrado el asunto.

Importa menos quién la escribió que lo que puso en marcha. Don Juan sale de aquí y no para: Molière lo lleva a Francia en 1665, Mozart y Da Ponte lo convierten en ópera en 1787, Byron le dedica un poema entero, Zorrilla lo rescata para el Romanticismo español en 1844 y lo salva. Es, con don Quijote y Carmen, uno de los tres personajes españoles que la cultura europea ha hecho suyos.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Cuántos actos tiene?

Tres, llamados también jornadas. Está entero en verso.

¿Es difícil por estar en verso?

Menos de lo que parece. El verso del Siglo de Oro está hecho para oírse y entenderse a la primera; los octosílabos avanzan solos. Esta edición además moderniza lo que ya no se entiende.

¿Don Juan se arrepiente al final?

Lo intenta: pide confesión cuando la estatua ya lo tiene agarrado. Y se le contesta que ya no hay tiempo. Ese «ya no hay tiempo» es toda la obra.

¿Qué relación tiene con el Don Giovanni de Mozart?

Directa. La ópera de 1787 desciende de esta comedia por vía italiana y francesa; la cena con el Comendador es la misma escena.

¿Y con Zorrilla?

El Don Juan Tenorio de 1844 toma el personaje y le cambia el destino: allí el amor lo redime. Aquí no hay redención posible.

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